Durante 2011, cuando el resto del país aún sentía los coletazos que iba dejando el fenómeno de La Niña, en Manizales, Caldas, cinco barrios se quedaron sin agua debido al deslizamiento que se produjo en la cuenca del río Chinchiná. Un territorio extenso, que se alimenta del nevado del Ruiz hasta toparse con el departamento de Antioquia, en el valle del río Cauca, que, además de ser el corazón del recurso hídrico de la región, se fue convirtiendo en su motor de crecimiento.

Alrededor de esta gran cuenca vive la mitad de la población de Caldas, se produce más del 60 % del PIB y es la principal fuente de abastecimiento de la hidroeléctrica CHEC (Central hidroeléctrica de Caldas), de EPM. Como en una gran mayoría de las cuencas de Colombia, en este espacio confluyen distintos intereses, que van desde tener que soportar la presión de estar en una zona cafetera, hasta lidiar con el intermitente limbo jurídico que implica realizar actividades agropecuarias en páramo. Pero, a diferencia de muchas otras cuencas del país, la coordinación de estos intereses se ha podido trabajar desde una plataforma de corresponsabilidad: la de Pactos por la Cuenca del Río Chinchiná.

Igual que se haría al sumar piezas para construir un rompecabezas, esta iniciativa fue reuniendo distintos actores del sector privado, público, ONG, gremios y autoridades ambientales, para articular la recuperación y conservación de la Cuenca. Y aunque, cuando se firmaron los pactos en 2012, fueron 23 las entidades involucradas, con el tiempo se han ido agregando algunas más.

“Una de las cosas que notamos antes de firmar los Pactos es que sí había muchas acciones y recursos, pero poca coordinación. No nos estábamos comunicando”, afirma Olga Galindo, de la Secretaría técnica de Pactos.

Desde entonces, el panorama ha mejorado. Se reúnen periódicamente, crean convenios específicos entre los distintos actores y formulan proyectos que apunten todos a la misma dirección. Esto evita que se pierda esfuerzo en la gestión de territorio desde diferentes frentes, donde algunos factores quedan desprotegidos y otros son “sobretrabajados”.

Además –explica Wilford Rincón Arango, subdirector de planificación ambiental del territorio de Corpocaldas, una de las entidades que forma parte del Comité coordinador de Pactos–, esto les ha permitido que las acciones del Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (Pomca), formulado, no sean sólo responsabilidad de las autoridades ambientales sino también de “los habitantes y sectores que viven en el territorio”.

Programas de reconversión productiva, compra de predios para conservación, aislar algunas zonas para proteger humedales y procesos de educación ambiental sobre el uso del agua son solo algunas de las iniciativas en que los distintos actores de Pactos han invertido.

La CHEC, del grupo EPM, por ejemplo, al recibir el 75 % de sus recursos hídricos del río Chinchiná, es una pieza clave que aporta 80 millones de pesos anuales a la iniciativa. Una inversión que, advierte Carlos Arturo Franco, profesional de gestión ambiental de la Chec EPM, forma parte de la estrategia de sostenibilidad del negocio de generación. Idea que cobra mucho sentido si se tiene en cuenta que, del agua que proviene de los páramos de Colombia, se benefician 73 hidroeléctricas que proveen el 53 % del potencial del país, según el informe “Reporte de estado y tendencias de la biodiversidad”, cuya autoría es del Instituto Humboldt.

“La gestión de cuencas realizada por la Chec se enfoca, principalmente, a lograr la regulación de los caudales en la cuenca y la disminución del aporte de sedimentos que, finalmente, llegan a nuestros embalses”, comenta Franco.

Y es que, al igual que la Chec, son varias las entidades que han comprendido que conservar la salud de la cuenca y sus recursos naturales significa invertir en sus propios negocios. Desde el Comité Intergremial de Caldas, entidad que tiene 18 gremios afiliados y forma parte de los 23 firmantes, entienden esta articulación como una forma de “disminuir la brecha entre lo ambiental y la actividad económica”.

“Lo bonito de esto es que se están haciendo cosas no porque la ley lo dice, sino porque queremos disminuir el impacto sobre la cuenca. Es una forma de trabajar juntos sin afectar a los compañeros. Ver la cuenca no sólo desde lo ambiental, sino también desde lo social y lo económico”.

Así, de a piezas, Pactos por la Cuenca del Río Chinchiná ha logrado generar esquemas de gestión que no sólo reúnan los esfuerzos financieros, sino además los técnicos y de conocimiento. En el proceso, explica Olga Galindo, de la Secretaría técnica, también han logrado desarrollar tres grandes proyectos de cooperación internacional.

Del proyecto “Páramos: biodiversidad y recursos hídricos en los Andes del norte”, financiado por la Unión Europea (UE) y coordinado por el Instituto Alexander von Humboldt, por ejemplo, los Pactos de la Cuenca del Río Chinchiná reciben actualmente una asesoría en la estructuración de un mecanismo financiero que facilite la gestión e implementación de recursos en el territorio. Este apoyo busca garantizar la protección del páramo de los Nevados, ya que es uno de los siete páramos que interviene este proyecto con la coordinación de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Carder). Para la montaña de la que nace el agua que cae sobre la cuenca, en la actualidad, hay más de 23 entidades aliadas para velar por su salud.

, Unidos para conservar la cuenca del río Chinchiná, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/unidos-conservar-cuenca-del-rio-chinchina-articulo-662503, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza