Apasionado por el arte colonial empieza su afición por las antigüedades, Benjamín Angarita Hernández, un colombiano de 81 años que desde hace 40 años ejerce el oficio de anticuario. Es considerado entre los personajes de mayor experiencia en el ramo del coleccionismo en Colombia.

Cuenta Angarita que desde muy chico sentía inclinación y gusto por las antigüedades como muebles y utilería. De hecho, su pasión por el coleccionismo llegó a tal extremo que cuando sus padres fallecieron sus siete hermanas decidieron heredarle todas las antigüedades que tenían ellos porque estaban convencidas que quedaban en las mejores manos. “En principio pensé que me iba a encartar con todo eso (sonríe) pero fíjese que no, lo he aprovechado al máximo”, dijo.

Vincularse al oficio de anticuario no fue tarea fácil puesto que le tocó estudiar e investigar mucho. Mientras esa preparación sucedía,  Benjamín Angarita trabajó durante 20 años como cajero de varias entidades bancarias como en el Banco de Bogotá, Colombiana de Capitalización y Seguros Patria, hasta que un día (en los años 60’s ) tomó la decisión de independizarse y montó una boutique de ropa para hombre llamada “Tiziano”, lugar que aprovechaba para adornar las vitrinas con sus objetos antiguos y a la gente le parecía muy original ver exhibida una corbata al lado de una mesita o un espejo antiguo.

Se ríe a carcajadas de su pilatuna puesto que en más de una ocasión la gente pensó que también vendía los artículos de decoración y era tanta la insistencia de la gente que terminó por venderles también sus piezas antiguas. En realidad fue su manera de conocer el mercado. Afirma que así y sin pagar estudios de mercado, empezó su oficio de anticuario,  que luego afianzó cuando le ayudó a vender a un amigo un inventario de 300 objetos en tres días. “esa fue la acción que me impulsó a independizarme y dedicarle mi vida esta maravilloso oficio”, dijo.

Aprender más sobre la procedencia de los jarrones, floreros y otros utilitarios se convirtió en un desafío. Sostuvo varios viajes a países de Europa para conocer más sobre cómo se movía el negocio porque casi todos los objetos eran traídos de Europa y creó el anticuario El Bronzino. Allí asesora y vende todo tipo de antigüedades y piezas de colección desde hace 40 años y cada una de ellas tiene un lugar especial en su corazón. “A veces me cuesta vender una pieza preferida pero bueno, tengo que vivir y eso implica desprenderme a regañadientes de mis objetos de colección, aunque me cueste”.

Sin embargo, los objetos de mayor valor sentimental los tiene en su casa. Son 20 cuadros coloniales en formatos pequeños y grandes de la Escuela de los Figueroa y la Escuela de Vásquez Ceballos que fueron los primeros promotores de la pintura colonial del siglo XVII y dos candelabros tallados en madera dorados en hojilla comprados en Florencia, Italia.  “A mi me apasiona el arte colonial. Me parece muy interesante las tallas y pinturas sobre lienzo de los primeros artistas de la colonial y bendito Dios que he aprendido mucho sobre esto”.

Dentro de su oficio una de las grandes satisfacciones a nivel económico se la dio comercializar objetos de arte colonial ya que son de las piezas que mejor se venden en el mercado de las antigüedades. “Hace 20 años vendí un cuadro en buen estado en 80 millones de pesos y esto me dio una gran tranquilidad económica”.

En el acto de vender y comprar se vuelve para un anticuario una experiencia bien especial puesto que  en muchas ocasiones el precio no es lo importante, lo esencial es el sentimiento que ocurre al querer adquirir una pieza. ”La emoción de comprar un objeto que lo enamore a uno, es una experiencia que no se compara con nada. El precio para mí es algo secundario después de que yo le vea el verdadero valor de una pieza”.

Constantemente un anticuario está estudiando el mercado para saber bien sobre el comportamiento del precio de las cosas, sin embargo para esto hay que tener “olfato” de anticuario, dice, porque a veces uno no conoce el origen de ciertos objetos pero usar el instinto siempre ayuda y muchas veces le sale a uno muy bien la adquisición, pues eso es lo que me ha pasado a mi”.

Lo genuino de las cosas hace la diferencia en el negocio de las antigüedades, es por eso que muchas veces el anticuario tiene que hacer una inversión extra para restaurar en algunas ocasiones los objetos ya que así se pueden vender a un mejor precio. “yo soy muy honesto con mis clientes al momento de vender una pieza porque siempre les digo si la pieza ha sido restaurada o si es genuina y eso me ha funcionado porque a la gente le gusta que uno les hable con la verdad”.

En medio de candelabros, espejos, bustos, vitrolas, consolas, sillas Luis XV, entre otros elementos antiguos transcurre la vida de Benjamín  Angarita, un hombre honesto, sencillo, apasionado por el arte colonial y agradecido con la vida por permitirle a través de este oficio, conocer a muchas personas alrededor del mundo y establecer con ellas una sólida amistad que le ha dado grandes satisfacciones.

, Una vida entregada a las antigüedades, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/una-vida-entregada-antigueedades-articulo-661375, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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