Desde su fundación, Carlos Gutiérrez Márquez ha dirigido este periódico abriéndole espacios en sus páginas a voces ajenas al discurso oficial.

¿Cuáles son las motivaciones y la coyuntura que llevaron a la fundación del periódico desde abajo?

Iniciaba su tránsito la década de los años 90. El país presenciaba la desmovilización de la que podríamos denominar como insurgencia de espectro urbano, así como la aprobación de una nueva Constitución. El Presidente de entonces saludaba el futuro, aunque aprobada un conjunto de normas que años después arrinconarían al país en una escandalosa desigualdad social, es decir, en el pasado.

Desde Urabá avanzaba hacia todo el país el paramilitarismo. Miles de miles, de los más pobres del campo, eran despojados de sus parcelas, parientes y vecinos eran asesinados ante sus ojos; la guerra se recrudecía bajo el amparo de una estrategia “integral” que años después harían de Colombia el país con el mayor número de desplazados del mundo. Más allá de las fronteras latinas, el mal llamado “socialismo real” arriaba sus banderas. Ilusiones y utopías caían con él.

No era raro entonces que la desazón y la confusión corrieran entre activistas y diversidad de liderazgos sociales. ¿Cómo contribuir para superar tal estado de ánimo? ¿Cómo aportar para recuperar los atomizados tejidos sociales, y continuar el esfuerzo por una Colombia de otro tinte?

Este era parte del ambiente de aquella época, y esas fueron algunas de las premisas que llevaron a un núcleo variopinto en ideología y sueños a darle cuerpo a un periódico bautizado como desde abajo, expresión de un sueño que identifica como sujetos del cambio a quienes allí habitan y sobreviven. Realidad aún más urgente de concretar ya que quienes se reunieron bajo las banderas de la AD-M19 estaban hipnotizados por el imán del poder, deseosos de ascender a las oficinas de los ministerios y de los institutos descentralizados, sin interés por el debate de ideas y la acción territorial urbana.

¿Cuál es la importancia de un medio informativo de izquierda para la opinión pública?

Más que un medio de izquierda –pues tal mote no es garantía de nada–, es importante un medio con vocación social, con vocación territorial, en procura de reconstruir tejidos sociales, es decir, en potenciar el reencuentro de liderazgos y la reelaboración de luces para la vida. Un medio –en realidad todos los posibles– dispuestos a brindarle voz a quienes ven ahogadas sus palabras por las dinámicas del poder, siempre repetitivas del rito de la exclusión y la negación.

Si antes era importante un medio escrito que intentara tal encuentro, hoy es importante la construcción de un sistema nacional de comunicación alternativa, que valiéndose de la versatilidad abierta por las transformaciones tecnológicas busque, propicie y logre la acción colectiva por dibujar el país de las mayorías, dinámica y esfuerzo en medio de una intensa disputa de la opinión pública. ¿Cuándo será noticia –como dijo alguien por ahí– que al “pueblo nunca le toca”?

Es importante, entonces, un medio, muchos medios, interrelacionados, que con tinta, imagen y sonidos, transmitan a diario, en todo momento, que las mayorías continúan viviendo al borde de la existencia, que el déficit de vivienda es de millones, que el desempleo hace perder la alegría y los sueños a los jóvenes –y a los viejos, y no tanto–, que la contaminación atmosférica es insoportable, que el modelo urbano colapsó, que los políticos siguen montando empresas para “vender” fantasías desechas día a día, que los derechos –sociales y de todo tipo– quedan como registro de la Constitución Nacional.

En fin, la importancia de un medio, de muchos, independientes del poder económico y del poder político, es indispensable para construir un país de todos/as, soportado en la más amplia democracia posible (no sólo política sino mucho más que ella), donde el llanto de uno sólo de sus integrantes debe ser motivo de preocupación para todos/as.

Luego de estos años de ejercicio periodístico y editorial, ¿cuáles son las diferencias prácticas entre el periodismo independiente y el de los medios masivos?

Unos son acólitos del poder, los otros no. Los medios oficiosos responden a una agenda impuesta desde la Casa de Gobierno, y a ella se deben, así como a los grupos económicos que los financian. Los medios masivos ocultan su agenda tras la objetivad, inexistente en la práctica. Estos medios temen el cambio, al cual siempre tildan de negativo, soldando a la sociedad en el conformismo o la pasividad. Los medios masivos reproducen una cultura de utilización y destrucción de la naturaleza que no se compadece de ella, a la que continúan viendo como externa al ser humano. Su propósito es el lucro, el medio es otro objeto, otra inversión; lo importante es que rente, de ahí que guarden silencio cuando aquel por denunciar es quien les pauta o quien defiende sus intereses en el Congreso o en la Casa de Gobierno.

Los medios masivos en sus análisis no van al núcleo de la problemática social, la cual pueden registrar pero sin señalar ni estimular la reflexión social para que en cada caso se identifique el por qué, el cómo, el quiénes… No les interesa ni procuran que los actores sociales se apropien del medio y lo enruten por donde ellos quieran y necesitan. Aunque en ocasiones les brinden espacio, solo es como recurso para incrementar un registro de clientes, nunca para ayudar a su transformación hacia sujetos sociales.

En su opinión, ¿qué papel deben jugar los periodistas en el postconflicto?

Los periodistas deben revisar los acuerdos, analizar sus contenidos, auscultar sus proyecciones, identificar posibles contradicciones, establecer agendas repetidas o ya integradas en la Constitución Nacional. Además, hacerle seguimiento a los acuerdos y su cumplimiento. También lograr que sus medios establezcan como agenda prioritaria el cubrimiento de los territorios donde tendrán más desarrollo los acuerdos para establecer los efectos de su aplicación. Hacer seguimiento de la agenda legislativa, precisando si complementa los acuerdos o los contradice. Efectuar seguimiento a las Farc como actor político, acompañando su transformación en sujeto opositor, evaluando en cada momento las condiciones reales que tienen en el escenario local, regional y nacional para actuar con sentido de cambio.

Los periodistas no pueden perderle la pista al accionar paramilitar y su accionar sobre los líderes y base de las Farc, pero también sobre el conjunto del movimiento social. En fin, las posibilidades y los retos abiertos para el periodismo en un escenario de posacuerdo (más que de posconflicto, pues este no cesará pese a los acuerdos) son muchos, y como constante fundamental de su acción informativa debería estar llamado a la sociedad de que un acuerdo -como también lo es la Constitución Nacional- lo puede todo pero lo fundamental son los factores y los intereses del poder realmente existente, en nuestro caso el interés que este tenga realmente por desinflar las causas que dieron origen al conflicto y que lo han conservado vivo.
 

, Una alternativa ‘desde abajo’, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/una-alternativa-abajo-articulo-655893, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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