Una pequeña Colombia se ha instalado en un costado de la Plaza de Bolívar. Más de cien personas provenientes de diferentes regiones y de formaciones y edades diversas, han estado de manera permanente en 85 carpas, aunque unas cuatrocientas han pasado allí algunos días y noches enteras en el transcurso de el último mes, apoyando esta causa que enarbola una única bandera, la de la paz.

Dentro del campamento no hay ninguna bandera que apoye algún movimiento o partido político específico, nos se recibe ni se pide dinero. Son un grupo de colombianos en que el que víctimas del conflicto de diversos grupos armados  como estudiantes de universidades públicas y privadas, jóvenes, adultos mayores, profesionales con posgrados o personas con cero escolaridad, han hecho sin pretenderlo, todo un laboratorio de paz y de convivencia resistiendo juntos en medio del frío y las inclementes lluvias; de largas jornadas, de ir sobrellevando los compromisos laborales o académicos, o de haber viajado a pie o en bus, desde regiones como el Sur de Bolívar, Antioquia, Putumayo, Cúcuta o Buenaventura.

Todo se conversa y se decide colectivamente mediante asambleas y se encuentran organizados por comités de logística, de alimentación, de seguridad, de cultura, de comunicaciones. Muchos sienten que han conformado una nueva familia. Como réplica al campamento de Bogotá, ya se han instalado varios en diferentes lugares del pís: Arauca, Cali, Montería, Cartagena, Manizales y Armenia.

Durante este mes de resistencia pacífica, no han estado solos. Han recibido apoyo de muchos ciudadanos que sin estar acampando allí han llevado víveres, agua, elementos de aseo, cobijas, mientras agradecen y admiran su valentía y determinación. Lujosos restaurantes de Bogotá han llevado varias veces comida para todos, preparada y servida por ellos; colegios, universidades, diversos artistas y escritores, han estado allí dando talleres, haciendo actos simbólicos, meditando, haciendo recitales de música; hasta Piero, el cantautor argentino, los visitó hace unos días.  Conversó y cantó para todos.
El mismo presidente Santos hizo presencia una noche, hace un par de semanas,  sin mayores protocolos, validando tácitamente esta manifestación civil a favor de la paz. Y como lo afirma Katherine Miranda, quien lideró la idea y fue la primera que acampó desde la noche del cinco de octubre con seis personas más, el mandatario les aseguró que haría todo lo posible para que a fin de noviembre ya los acuerdos estén firmados y que Colombia pueda pasar esta navidad en paz.

Después de haber ganado el no en el plebiscito, con un margen cerrado: 50,21% frente a un 49,78 % que votaron por el sí, el pasado 2 de octubre,  medio país quedó desconcertado con los resultados y salió a las calles de manera multitudinaria en una marcha por la paz que atiborró las calles de la principales ciudades del país y que en Bogotá, llegó hasta la Plaza de Bolívar que se llenó a reventar.

Hacia la media noche de ese cinco de octubre, mientras ya se vaciaba la plaza, siete jóvenes que participaron de la marcha iban ya con dos carpas al hombro con un propósito claro acampar allí como un acto simbólico. No eran víctimas, ni de regiones apartadas, eran ciudadanos que como los centenares que se han unido a estos campamentos por la paz en el país, quieren manifestar que la paz la necesitamos todos y que la patria, es el otro.

 

, Un mes acampando por la paz, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/un-mes-acampando-paz-articulo-664268, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental