En palabras de Peña: “La instalación consiste en una cabeza robótica que proyecta un haz de luz que se desplaza lentamente por el espacio expositivo. La imagen proyectada es la del rosetón de la iglesia de La Porciúncula, ubicada cerca de la galería. El efecto simula el paso de luz a través de los cristales”. La pieza se montó en el primer piso y su presencia entregó un halo de misticismo que resultó un previo acierto para la serie de pinturas “Coronas de luces”, que estaban colgadas en la segunda planta.

“La proyección se mueve a través del espacio, al igual que lo haría el sol en su movimiento por el firmamento. Cada ciclo tiene una duración de cuarenta minutos, lo que para el espectador puede resultar como si la proyección no tuviera movimiento”, explica el artista. Esteban Peña reta al espectador en su experiencia estética, insinúa una serie de asuntos cultuales al montar una imagen que encarna lo sacro en una galería de arte. De otro lado, están el tiempo –sugerido en el título de la obra–, el enfrentarse con el silencio y observar el paso de los segundos, quedarse en la imagen, dejar ser al acto contemplativo.

, “Un día es toda la vida”, una experiencia con la inmaterialidad de la luz, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/un-dia-toda-vida-una-experiencia-inmaterialidad-de-luz-articulo-664807, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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