Parada al frente, un gran letrero fundido en hierro que dice Casa Tafur me detiene por una calle: es el nombre que se le ha asignado hace ya varios años a esta casa en el norte de Bogotá. Entre las rejas, un amigable amigo de cuatro patas menea su cola simpatizando con esta nueva visitante. En un primer momento el ingreso termina en un gran vacío que se sostiene en los muros de esta casa cultural dedicada a las exposiciones. Sigo por las escaleras, manteniendo el rastro de obras artísticas que me llevan al segundo piso. Alicia Tafur sale a recibirme con una euforia de reencuentro.

“Aquí en mi sala están los ángeles que yo hice. Los amo. Los llamo los caballeros de la noche porque son como apariciones de cada quien. Mira, tengo ese que es en arcilla, pero la mayoría son en bronce”. Entre diferentes materiales artísticos, Alicia Tafur estudió cerámica y escultura en barro en el Colegio Mayor de Cundinamarca. Durante su proceso de creación decidió explorar los metales, empezando por el cobre, el bronce y la plata: “Alberto Arboleda fue mi profesor de cerámica, pero yo insistía mucho en la forma escultórica. Ahí empecé a pelear con la materia, por eso me decidí por los metales y la investigación ha sido muy larga, de muchos años y de muchas exposiciones”.

Con varias exposiciones, se refiere a un sinfín de espacios en donde se puede ver su obra. Entre esculturas públicas y de exhibición, Alicia Tafur deja huella en cada espacio que está dispuesta a intervenir. En 1954 comenzó sus exposiciones individuales y colectivas en el país. En 1958, sus piezas fueron llevadas a Perú, Venezuela, Francia, entre otros. Actualmente, en la Alonso Garcés Galería de la ciudad de Bogotá se lleva a cabo, hasta enero del 2017, la exposición Migratorias, un homenaje a tan recorrida trayectoria dentro del arte colombiano.

Alicia relata paso a paso el proceso de fundición para llegar a realizar una pieza tan majestuosa como la Recolectora de café, realizada en 1994 en Pereira por ella misma, o la reconocida escultura de Cali Tauro hacia el infinito, hecha en bronce en 1969: “En la fundición hay 14 pasos que la gente no sabe. Primero está el modelado de la pieza original, después viene el molde del modelado que es en yeso, se le pone la silicona y después se le pone la cera. Por eso se llama cera perdida, por su fundición. Entonces la cera se somete obligatoriamente a un horno muy especial que es el que la quita y queda el original en una escayola con un yeso especial. Cuando ya se logra hacer ese proceso, empezamos a meter el bronce líquido a altas temperaturas que está preparado en grandes crisoles, ya cuando se abre y el bronce se enfría, se empieza a hacer el pulido del bronce. Queda la pieza completamente dorada, entonces después se vuelve a calentar la pieza para poder llegar al color, este proceso es a base de ácidos, se tiene que tener la pieza muy caliente para que penetre el ácido. Cuando ya esté el ácido y se ha pulido la pieza, podemos decir que la obra está lista”.

La emoción en sus palabras acrecienta la dicha por enseñarme uno de sus tesoros más preciados: su biblioteca con cientos de libros dedicados al arte, cintas con grabaciones de procesos de sus obras y un extenso portafolio en donde organiza los catálogos de cada una de las exposiciones que ha realizado hasta el momento. En carpetas están archivados cada uno de los artículos de prensa y en otras carpetas meticulosamente organizados, están los reconocimientos en donde se destaca la Mención de honor del XIII Salón de artistas colombianos otorgada en 1961 por su obra A contraviento y otras distinciones que ha conseguido internacionalmente.

“Estos son premios. Yo tengo una historia muy extensa… ¿Qué no he hecho? ¿Qué dice aquí?”, me pregunta sobre el texto que acompaña la imagen de su escultura, que dice: Alicia Tafur frente a su obra Germinación, Segundo Premio Nacional, XVI Salón de Artistas colombianos en el año 1964. “Leer estos artículos es simpatiquísimo. Yo era una apolineísta terrible. Me fascinaba la polémica, me gustaba meterle polémica a todo lo que no me gustaba que dijeran”. Pasando hojas nos encontramos varias fotos. En una de ellas aparece con León de Greiff en 1964. Más adelante en la imagen está con sus dos hermanas, la reconocida soprano Marina Tafur y Nieves Tafur, ganadora del Primer Premio en Cerámica. “Mira, aquí están Negret, Eduardo Ramírez Villamizar y Alicia Tafur. ¡Hágame el favor la época!”. Termina con gran emoción la página de recuerdos con sus maestros y sus amigos que ya no se encuentran con ella. A la artista se le viene a la cabeza una anécdota que guarda con recelo de cuando estudiaba cerámica y escultura con su profesor Alberto Arboleda, quien se ausentó en alguna época para hacer un viaje a Europa. Él le dejaba el cargo a alguien que lo necesitara. En esos momentos el estudiante de arquitectura Eduardo Ramírez Villamizar necesitaba el puesto, pero no tenía idea de moldear con cerámica, así que Nieves, su hermana, y ella, Alicia Tafur, al terminar clases, se escondían para enseñarle a este maestro de la escultura la técnica con cerámica.

“La obra de Alicia Tafur es una bella invención abstracta, que frente a los graves y depurados conceptos escultóricos de Negret, significa una utilización distinta –aérea, desordenada y graciosa, de la lámina de metal–”, decía Martha Traba en el catálogo sobre las piezas de Alicia Tafur titulada Aves del paraíso en el año 2002. Algunas de sus piezas se perciben en la actual exposición en Alonso Garcés Galería.

“Las aves del paraíso son las últimas obras que he realizado… ¿y sabes por qué? Porque sentí que la obra en bronce estaba amarrada y como yo soy tan libre, me fascina la libertad y las aves me la transmiten, siempre he sentido eso desde muy niña (…) Para mí el ave y yo somos la misma cosa porque ambas volamos y, ¿qué detiene a un ave?”.

Actualmente realiza dibujos en un gran cuadernillo en el que plasma la migración de las aves, su inspiración es observar detenidamente el aterrizaje de aquellas especies en un atardecer junto al mar que, según ella, le quita el aliento. Es así que su actual exposición, un homenaje de la galería junto a sus hijos Diego Villegas Tafur y Ricardo Villegas Tafur, titulada Migratorias, es aquel recorrido y viaje que ha tenido esta ave que muy bien conoce los vientos. “Podría decirse que es una exposición oportuna, primero, en el sentido de que nos retrotrae a toda una época del arte, a la escena artística de la segunda mitad del siglo XX, cuando el arte hablaba, en primer lugar, de arte; cuando la pasión era el argumento más contundente para reconocer o descalificar a las obras, y cuando la estética era una de las principales consideraciones del o de la artista en la ejecución de sus pinturas, esculturas o grabados”, se explica en el texto curatorial de la exposición realizado por el curador colombiano Eduardo Serrano.

Alicia Tafur, con múltiples facetas y apasionada por el arte, maestra, artista, gestora cultural, madre y abuela, entre el barro, el hierro y el metal, moldeó sus sueños protagonizados desde los años sesenta, una caleña feliz y orgullosa de sus logros en el arte y dedicada actualmente a Casa Tafur, un taller y sala de exposición para sacar la creatividad de sus alumnos más devotos.

, Un ave artística, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/un-ave-artistica-articulo-669139, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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