“Los detalles tan cautivadores que encuentro en Gabriel García Márquez están aquí, esperando a su ángel consignador”, dice el protagonista de Cada día es del ladrón, la primera novela de Teju Cole, pero la segunda por la que es reconocido. El “aquí” es la ciudad de Lagos, en Nigeria, y el ángel es un médico que después de quince años decide pasar unas vacaciones en el país en donde nació. Cole no pretende esconder nada de la ciudad, ni la oscuridad ni la luz que tanto busca. (Lea también: Sony Labou Tansi: la rebelión de la historia)

El protagonista, sin nombre, se hospeda en casa de sus tíos, personas de dinero que intentan “mantener tensas las líneas del privilegio”. Pero él quiere mezclarse, volver a tomar un bus urbano, caminar por los mercados, recordar. Es peligroso, sí, pero a eso ha ido. Se pregunta en qué ha cambiado él: ¿la forma de vestir, algo en su acento o sus movimientos corporales? Les habla a los vendedores de la calle en yoruba para sentirse parte de ese mundo, observa e imita actitudes para no verse extraño, pero sobre todo para estar a salvo. La ciudad nunca esconde los peligros, todos están expuestos: robos a plena luz del día, sobornos y extorsiones constantes por parte de la policía o cualquiera que ofrezca un servicio, el tráfico imposible, calles de hasta por lo menos seis intersecciones sin semáforos. La gente se gana la vida sin importar el método. ¿Quién no ha recibido un correo de un príncipe heredero de Nigeria que quiere compartir su fortuna? El protagonista cuenta cómo ve a una persona escribiendo, con toda la paciencia y creatividad, una historia para aprovecharse de los incautos cibernautas. (Lea también: Chimamanda Ngozi Adichie, la feminista transgresora)

Teju Cole, escritor, fotógrafo e historiador de arte, nació en Estados Unidos (Kalamazoo, Michigan, 1975). Sus padres son nigerianos y él pasó sus primeros 17 años en ese país. A finales de 2005 viajó a Nigeria y tomó notas sobre su viaje, después decidió hacer un experimento: un mes entero y continuo de escritura sobre la ciudad, un ejercicio de ficción que al cumplirse el día 30 decidió quitar de internet. Las notas hechas para un blog se convertirían en su primer libro: Cada día es del ladrón (2007), que contiene fotografías suyas tomadas durante el viaje. Por Ciudad abierta (2011), un homenaje a Nueva York, obtuvo el Premio Pen Hemingway 2012, el New York City Book Award for Fiction y toda la aceptación de la crítica norteamericana. En español, los dos libros están publicados en Acantilado.

Cole, a través de su protagonista, va de la esperanza al desánimo al ver los contrastes en su ciudad. Vio a una mujer leyendo un libro de Michael Ondaatje en un bus y visitó el Conservatorio Muson: la esperanza. Sin embargo, también estuvo en el Museo Nacional, que en nada se parecía a lo que imaginaba, y al encontrar su librería de infancia llena de tomos de autoayuda y religiosos, salió sintiendo que nada tenía remedio. Se preguntaba sobre las consecuencias sociales de un país que no sabe qué hacer con su historia. En algunos de sus paseos en el Lagos de ese 2005 es muy fácil confundirse y pensar que Cole está hablando de Colombia. Dice, por ejemplo, que Nigeria es el país más feliz del mundo y que las personas, para saltarse la autoridad-leyes-dignidad, dicen “¿usted no sabe quién soy yo?”.

Teju Cole hace pensar en el escritor W.G. Sebald, alguien que camina y piensa sobre los lugares por donde pasa, reencuentros con él mismo, fantasmas del pasado, paseos interiores. En Ciudad abierta, Julius, un residente de psiquiatría, camina sin rumbo fijo y reflexiona sobre la ciudad, el arte, la literatura y la música. En Cada día es del ladrón, el protagonista se acaba de graduar como médico y está pensando en especializarse en psiquiatría. Los dos personajes tienen mucho en común, aunque no con el autor, quien afirma que estos son “exclusivamente funcionales” para sus libros. Él tiene sus propias experiencias, acaba de publicar un libro de ensayos: Known and Strange Things (Penguin Random House), por ahora sólo disponible en inglés.

“¿Estoy preparado para la furia que Nigeria puede causar en mí?: atracos, corrupción, ausencia de servicios sociales, cortes de luz cada noche”, se pregunta el protagonista en su viaje. La duda: “No volveré a vivir en Lagos, de ninguna manera”, y más tarde “Volveré a vivir en Lagos, debo hacerlo”. La energía de la ciudad es definida como creativa, malevolente y ambigua. Cole comentó, en una entrevista en 2014 para la revista Interview, que viaja dos veces al año a su país y que en 2005, cuando escribió Cada día es del ladrón, Nigeria estaba pasando por un momento de transición; los largos años de gobierno militar habían terminado y tenían democracia por primera vez. “Sencillamente no estábamos acostumbrados a vivir juntos”.

Cada vez que el protagonista piensa que Lagos podría ser el infierno, surge algo que le devuelve la esperanza. Todo lo bueno que desea para su país, lo desea para quienes viven allí, porque él ya pertenece a otra parte. Mientras tanto, Cole comenta, en una entrevista para El País de España, que él es alguien que, estando en Nueva York, se acuerda con nostalgia de Nigeria, sólo que estando allí su sueño es volver cuanto antes a Nueva York.

, Teju Cole: el ángel consignador, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/teju-cole-el-angel-consignador-articulo-675359, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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