Los compromisos globales con el clima

La UE y sus 28 estados miembros, conscientes del desafío que implica asegurar el futuro de nuestro planeta, asumieron junto con los demás países compromisos concretos. Se trata de construir un mundo mejor, no solo como obligación moral, sino también como mayor donante mundial de ayuda al desarrollo.

Por ejemplo, en particular en Colombia, la Unión Europea y sus estados miembros apoyan iniciativas de mitigación, adaptación y reducción de la vulnerabilidad al cambio climático en ecosistemas estratégicos como los páramos andinos, las zonas costeras y la Orinoquia y la Amazonia, en esta última región, liderado por los estados miembros Alemania y el Reino Unido, y en conjunto con Noruega, mediante el proyecto “Integración de áreas protegidas amazónicas IAPA-Visión Amazonia”.

Así que diez meses después del consenso de París seguimos orgullosos del acuerdo que, una vez implementado, será un éxito para el planeta. La ratificación del acuerdo por parte de los firmantes es un paso importante, sin embargo, no reducirá por sí misma las emisiones de gases de efecto invernadero. Hay que pasar a la acción y acelerar el cumplimiento de los compromisos, empezando por actualizar sus marcos regulatorios.

La UE y sus estados miembros están tomándose muy seriamente las responsabilidades adquiridas en la COP 21: reducir al menos un 40 % las emisiones a 2030 y emprender una transición energética hacía la descarbonización completa de la economía.

Somos conscientes de la inquietud ante la posibilidad de que una acción climática decidida disminuya el crecimiento. Es justo al contrario. Desde 1990, las emisiones de los países de la Unión Europea retrocedieron 23 %, mientras el PIB crecía 46 %, a la par con la creación de empleo, de empresas y de avances tecnológicos innovadores. En este proceso, la UE está compartiendo lecciones aprendidas con el mundo y con Colombia en particular. Nuestros socios pueden contar con esta experiencia para desarrollar sus contribuciones nacionales en la lucha contra el cambio climático.

Estamos en un momento crucial para mantener el impulso. Desde la UE queremos contribuir a estimularlo a través de la Semana de la Diplomacia por el Clima (#CLIMADIPLO), del 12 al 18 de septiembre. Será el momento de ponernos al día con los avances y retos asumidos en París.

Además, en el corto plazo los países intentarán lograr, en Montreal (Canadá) y Kigali (Ruanda) acuerdos que permitan limitar las emisiones de la aviación civil y mitigar la emisión de gases provenientes del uso de refrigeradores y aires condicionados.

Todo esto servirá para concretar los acuerdos de París de cara a la cumbre COP 22 en Marrakech (Marruecos) de noviembre. Aumentar la resiliencia de los estados ante el cambio climático, concretar mecanismos de financiación a los países en desarrollo, abordar los daños asociados al cambio climático e involucrar a empresas, instituciones locales y sociedad civil son algunas de las prioridades de la cita marroquí.

La COP 21 supuso un punto de inflexión para salvaguardar el planeta para las futuras generaciones, pero del papel a la acción falta mucho. Colombia ha sido un socio estratégico con la UE en este proceso que cuenta con la voluntad política para que sea una realidad. Poco a poco iremos todos ratificando el acuerdo y asumiendo nuestros compromisos con el planeta.

Reforestando en el lugar equivocado

Rodrigo Azuero, Mateo Salazar y David Zarruk, egresados de los programas de pregrado y maestría en economía de la Universidad de los Andes, comparten la pasión por las matemáticas y las nuevas herramientas tecnológicas. Hace cinco meses se unieron y crearon La Rama Ciudadana, una plataforma web desde la que quieren “contribuir al debate de políticas públicas en Colombia” con información que generalmente se encuentra extraviada en enormes bases de datos.

Después de analizar la inasistencia de los senadores y representantes a la Cámara, y de averiguar cuáles son las universidades que más investigan en Colombia, decidieron poner el ojo en uno de los mayores desafíos del país: la deforestación y las estrategias para combatirla. El año pasado, en París, Colombia se comprometió a reducir a cero la deforestación de la Amazonia para el 2020. Sin embargo, sólo en el último año, el país perdió un total de 140.356 hectáreas de bosque. Hubo un incremento del 16 % en comparación con 2013, cuando se registraron 120.934 hectáreas deforestadas.

Azuero, Salazar y Zarruk quisieron averiguar qué tan efectivo está siendo el Gobierno para detener el avance de la deforestación. Específicamente, la deforestación asociada a la tala ilegal de madera, pues existen otras causas, como la expansión de la frontera agropecuaria, los cultivos ilícitos, la minería y extracción de hidrocarburos, los incendios forestales y el desarrollo de infraestructuras que inciden en las elevadas cifras.

Para averiguarlo, cruzaron y analizaron las cifras de deforestación del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y las de reforestación financiadas por el Certificado de Incentivo Forestal (CIF) del año 2014 exclusivamente. El CIF, como su nombre lo indica, es un subsidio que otorga el Gobierno a los empresarios para impulsar plantaciones comerciales de árboles. Se pensó que estimulando el comercio legal de madera se lograría desestimular la tala ilegal. Pues según el Banco Mundial, el 42 % de la madera que se explota, transporta y comercializa en Colombia es ilegal.

Los autores de La Rama Ciudadana también utilizaron las imágenes satelitales de la Tierra a través de Google Earth Engine, que son enviadas por los satélites Landsat, Terra y Aqua, y las juntaron con la información procesada por Global Forest Watch para medir los indicadores de reforestación y deforestación en determinado tiempo.

El resultado sorprendió a los tres economistas. Al graficar los datos encontraron que las zonas donde más se está reforestando no tienen nada que ver con las zonas del país donde el Ideam reporta los principales focos de deforestación.

Los departamentos más impactados por la deforestación en 2014 fueron el Caquetá, Meta, Guaviare y Putumayo, en el sur del país; y en el norte, Antioquia y los Santanderes. Sin embargo, las intervenciones del CIF, en ese mismo año, se hicieron en su mayoría, y con bastante timidez, en los departamentos de Vichada, Córdoba, Magdalena y Antioquia. O sea que no se hicieron en los puntos más críticos que hay.

Por ejemplo, en Vichada, que fue el departamento donde más hectáreas deforestadas se registraron, 29.245 en total, el CIF reforestó solamente 7,4 hectáreas. Putumayo y Norte de Santander, donde se deforestaron 11.106 y 8.283 hectáreas, respectivamente, no tuvieron ni una sola hectárea reforestada dentro del CIF.

“Al cruzar ambas cifras nos damos cuenta de que si se siembra en zonas alejadas de los puntos más impactados del país, muy seguramente ahí se seguirá deforestando, entonces no ayudará a disminuir la tala de bosque natural de una manera significativa”.

Roberto León Gómez, subdirector de la Fundación Natura, no está de acuerdo con la conclusión a la que llegan los tres economistas. Dice que “el CIF no está pensado para combatir la deforestación, ni para restaurar servicios ecosistémicos, tampoco tiene un enfoque de restauración, sino de comercialización. Por esa razón no tienen que coincidir las plantaciones del CIF con las zonas más afectadas del país. En cambio, sí se tienen que tener en cuenta otros factores, como que sean áreas con facilidad de acceso y cercanas a los mercados”.

Hay que recalcar que el país ya ha puesto en marcha algunos programas contemplados en el Plan Nacional de Restauración, el Plan Nacional de Desarrollo, la Estrategia Nacional REDD+ e incluso un CIF que sí tenía un enfoque de reforestación, pero al que nunca se le invirtió un solo peso.

Para Éderson Cabrera, coordinador del sistema de monitoreo de bosques en el Ideam, la única manera de disminuir la deforestación es conservando el bosque natural, incentivando el pago por servicios ambientales y haciendo un aprovechamiento sostenible de las especies nativas con valor comercial, que además son las más costosas.

“El 70 % de las tierras tienen vocación de uso forestal, por eso más del 52 % del país está cubierto por bosques naturales. Sin embargo, la reforestación, que se hace sobre todo en la región Andina y el Caribe porque ahí se adaptan mejor las especies introducidas, se realiza con especies exóticas como eucaliptos, pinos y ciprés, y no con las nativas, porque tenemos una brecha de conocimiento muy grande”.

Arrestado en Honduras un acusado por asesinato de ambientalista Berta Cáceres

Las autoridades hondureñas arrestaron este jueves a un sexto hombre acusado de participar en el asesinato en marzo pasado de la ambientalista indígena Berta Cáceres, informó la Agencia Técnica de Investigación Criminal (ATIC).

El organismo dijo en un comunicado que en una operación se “logró la captura de Elvin Heriberto Rápalo Orellana (21), alias ‘El Comanche’, como coautor del asesinato de Berta Cáceres” y “tentativa” de asesinar al ambientalista mexicano Gustavo Castro.

Añadió que Rápalo Orellana fue arrestado en la aldea El Ocote, en el municipio noroccidental de San Pedro Zacapa.

“Se cierra el circulo de los autores materiales y la investigación continúa” para dar con los demás autores intelectuales, porque tres de los seis detenidos actuaron como “autores intelectuales intermedios”, dijo a la estación local HRN el director de la ATIC, Ricardo Castro.

El Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (Copinh), del que Cáceres era coordinadora, ha insistido en que la investigación llegue hasta los autores intelectuales, para lo cual pide una comisión internacional independiente.
Cáceres fue asesinada la madrugada del 3 de marzo pasado por pistoleros que entraron a su casa en la comunidad de La Esperanza.

Junto a ella estaba el mexicano Castro, a quien los asesinos dejaron vivo creyendo que estaba muerto de un tiro que le infirieron.

Cinco personas se encuentran detenidas por el crimen, incluyendo un ejecutivo de la empresa Desarrollos Eléctricos S.A. (DESA).

La dirigente ambientalista había denunciado a esa empresa por amenazas a muerte, por lo que recibió medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Según la denuncia, DESA amenazaba a Cáceres por impulsar manifestaciones contra la construcción de una represa hidroeléctrica sobre el río Gualcarque que cruza por territorio lenca.

El 10% de áreas silvestres del planeta desaparecieron en dos décadas

Las áreas del mundo que no han sido alteradas por humanos están desapareciendo y casi un 10% de las áreas silvestres del planeta ya no existen desde la década de 1990, dijeron científicos este jueves.

El estudio publicado en la revista Current Biology expresa preocupaciones sobre estas vitales áreas que formaban la base de los ecosistemas, particularmente en los lugares donde más se han perdido, en el Amazonas y en África Central.
“No podemos restaurar o compensar nuestra naturaleza. Una vez que se ha ido, se ha ido”, dijo el autor principal del estudio, James Watson, a la AFP.

“Es exactamente igual que en las especies en extinción”, añadió Watson, investigador de la Universidad de Queensland en Australia.

Para el estudio, los investigadores definieron “naturaleza” como “un lugar biológica y ecológicamente intacto, libre de cualquier perturbación humana significativa”.

Los investigadores hicieron un mapa actual de tales áreas y lo compararon con un mapa que usó el mismo método a comienzos de la década de 1990.

El resultado mostró que casi el 20% del área terrestre del mundo es natural, casi 30,1 millones de kilómetros cuadrados.

La mayor parte de los sitios naturales están en Australia, América del Norte, el Norte de Asia y el Norte de África.

Al comparar el viejo mapa con el nuevo, se comprobó que alrededor de 3,6 millones de kilómetros cuadrados -casi un 10% de las zonas naturales- se habían perdido en las pasadas dos décadas.

La cantidad perdida es igual a dos veces la masa terrestre de Alaska o casi la mitad de todo el Amazonas.

Las zonas más afectadas son Sudamérica, que ha perdido el 30% de sus zonas naturales, y África, que ha perdido el 14%.

Se radicó proyecto de Ley para ratificar Acuerdo de París frente al cambio climático

El Gobierno colombiano radicó ante el Congreso de la República el proyecto de Ley para ratificar el Acuerdo de París, adoptado en la Cumbre Mundial de Cambio Climático (COP21), que se llevó a cabo en diciembre pasado en París.

Para Colombia, avanzar hacia la ratificación de este Acuerdo, significa obligarse ante la comunidad internacional a cumplir los compromisos incluidos en dicho tratado, que para el país, están relacionados principalmente con: reducir en un 20% las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) frente a lo proyectado a 2030, avanzar hacia la adaptación del país a los efectos del cambio climático y dirigirse hacia una economía baja en carbono, entre otros.

“Con este instrumento legislativo lo que hacemos es reforzar la base legal para que podamos avanzar hacia una Política Nacional de Cambio Climático, fortalecer la Comisión Intersectorial de Cambio Climático y abrir la posibilidad de que los sectores puedan hacer una inversión importante en reconversión industrial para generar menos emisiones”, explicó el ministro de Ambiente Luis Gilberto Murillo, quién además destacó que “para Colombia el Acuerdo de París es una necesidad apremiante”.

El Acuerdo ya había sido firmado el pasado 22 de abril en la sede de Naciones Unidas de Nueva York por el presidente Juan Manuel Santos y ahora es necesario que sea aprobado por el Congreso y posteriormente, avalado por la Corte Constitucional para su ratificación.

Para la entrada en vigor del Acuerdo se requiere que 55 países, con el 55% de las emisiones de GEI mundiales, lo hayan ratificado. Con el reciente anuncio de que China y Estados Unidos confirmaron el Acuerdo, ya son 26 los países, con el 39% de las emisiones, que se han comprometido con este tratado global. En Sur América Perú y Guyana ya lo confirmaron.

El Acuerdo de París

El Acuerdo es un tratado internacional que fue adoptado por todos los países durante la conferencia conocida como “COP21”: la 21ª Conferencia de las Partes de la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en diciembre de 2015.

El 22 de abril de 2016 más de 170 países, con la presencia de más de 60 jefes de Estado y/o de Gobierno, firmaron el Acuerdo de París. A la fecha, esta firma ha superado la meta de acuerdos internacionales previos en un solo día. Esto habla de la importancia y del peso político que le dan los Estados a los retos frente al cambio climático.

El Acuerdo de París busca lograr que la temperatura media del planeta no supere los 2°C, eventualmente llegue a un equilibrio entre las emisiones y la capacidad para absorber esos gases y además compromete a los países para que reduzcan sus emisiones de Gases Efecto Invernadero. Aunque no establece una cifra específica, el Tratado compromete a los países desarrollos a destinar recursos para financiar acciones climáticas a nivel global.

El café, más amigable con la naturaleza

Para Aurora María Izquierdo, indígena y creadora de una empresa verde, el cuidado de la naturaleza debe estar siempre por encima de la avaricia humana. No concibe que la industria minera, por ejemplo, contamine ríos con mercurio, despoje comunidades de su territorio y desvíe cuerpos de agua; ni que la ganadería extensiva erosione suelos y miles de árboles sean talados cada año para engordar los bolsillos de unos cuantos. Tampoco entiende cómo es que el hombre, consciente de los cambios que el planeta está teniendo, desde las elevadas temperaturas hasta las incontrolables lluvias, crea que su preocupación más grande es el dinero y no su salud.

Durante mucho tiempo se creyó que las grandes industrias, necesariamente, tenían que ir en contravía de la conservación y protección del medio ambiente para generar mayores ganancias. Sin embargo, el mercado parece estar cambiando y cada vez son más las empresas que están apostando por tecnologías innovadoras que ayudan a disminuir los impactos sobre la naturaleza, mientras generan condiciones más dignas de trabajo y mayor rentabilidad en el negocio.

Aurora tiene 57 años y fue una de las primeras mujeres de la comunidad indígena arhuaca, de la Sierra Nevada de Santa Marta, en salir de su resguardo a estudiar una carrera profesional. Es agrónoma de la Universidad Nacional y gracias a ello creó uno de los proyectos cafeteros más amigables que tiene el país con el medio ambiente: Anei.

Anei, que significa “delicioso” en la lengua arhuaca, produce café orgánico, lo que significa que no utiliza agroquímicos en su producción. No hay presencia de fungicidas, herbicidas, insecticidas ni fertilizantes artificiales. En total son 538 familias campesinas e indígenas, de los pueblos arhuacos, koguis, wiwas y kankuamos, que se ven beneficiadas con el proyecto y que están exportando su café a Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón, Canadá y Europa.

Café Anei trabaja con campesinos e indígenas Arhuacos, Koguis, Wiwas y Kankuamos./ Foto: Cortesía

Están trabajando en 64 veredas de la Sierra donde la producción del café va siempre de la mano con la cosmovisión indígena. Hacen rituales, pagamentos y bailes como el zamuyuna para que la cosecha sea de buena calidad; siempre protegiendo a la madre tierra, seynekun, y guiados por los mamos, líderes espirituales que envían su energía a la tierra.

“Nuestro pensamiento está reafirmado en la producción del café. Apoyamos a las veredas para que tengan plantas solares, para potencializar ideas, para unir a las comunidades, para que los jóvenes se empoderen y se apropien de diferentes procesos, para que generen conocimientos nuevos. Apoyamos a nuestras autoridades y líderes para vivir de forma más digna, rescatamos nuestra esencia, reforzamos nuestra identidad y hacemos gimnasia espiritual, tan escasa pero necesaria”, explica Aurora.

La industria cafetalera es tal vez una de las más robustas del país; por eso la importancia de que sea amigable con el medio ambiente y se adapte mejor a las nuevas tecnologías. Según la Federación Nacional de Cafeteros (FNC), más de 500.000 familias, distribuidas en 22 de los 32 departamentos, dependen directamente del cultivo. Solo el año pasado, Colombia cerró con una producción de 14,2 millones de sacos de café que son exportados a 44 países en todo el mundo, la mayoría a Estados Unidos.

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En la vereda de San Pedro de la Sierra, en la Sierra Nevada de Santa Marta, 48 pequeños finqueros se unieron para darle vida a Montesierra, una empresa que desde 2008 produce café certificado como Orgánico, UTZ y Raintforest Alliance, uno de los sellos más importantes en el mercado.

Esta última categoría busca transformar la agricultura en una actividad sostenible que ayude a conservar la biodiversidad, proteger los recursos naturales, incrementar la productividad y rentabilidad de las fincas y mejorar la vida de los productores, trabajadores y sus familias.

Las empresas certificadas como Rainforest, Orgánico, Comercio Justo y UTZ garantizan el cuidado de la naturaleza. /Foto: Cortesía Montesierra

¿Cómo lo hace? La organización internacional Raintforest Alliance centra todos sus esfuerzos en capacitar a los caficultores en temas como conservación de ecosistemas, protección de la vida silvestre, conservación del agua, buenas condiciones laborales para los trabajadores y manejo integrado de desechos.

Con este sello verde, más de 1,2 millones de fincas en 42 países, donde se producen 101 cultivos diferentes, están protegiendo el medio ambiente, generando condiciones más dignas de trabajo y aumentando sus ganancias gracias a que su producto ofrece un valor agregado dentro de toda la oferta que existe.

“No utilizamos ningún compuesto que pueda contaminar el cultivo, porque cuando se usan fertilizantes, la tierra se erosiona, se cuartea y con el tiempo se vuelve menos rentable. También porque es más económico utilizar la propia pulpa del café de nuestros cultivos como fertilizante natural, que un bulto de fertilizante químico que puede costar entre 65.000 y 80.000 pesos”, explica Carlos Torres, gerente general de Montesierra.

Un estudio realizado por Rainforest a finales de 2014 revela que, comparadas con las fincas que no están certificadas en Colombia, las que sí lo están cuentan con más árboles, especies nativas y macroinvertebrados acuáticos; además de una mejor calidad del agua y riberas cubiertas por más vegetación que ayudan a controlar la erosión y disminuir los riesgos de incendios.

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Cuando Sandra Palacios tenía 18 años, guerrilleros de las Farc entraron a su finca, asesinaron a su padre, luego a su hermano y quemaron su única casa, ubicada en la vereda Transjordania, en el Magdalena. Con el tiempo, irónicamente ella y su familia se dedicaron al cultivo ilícito de coca y marihuana, porque el café y el cacao ya no les parecían tan rentables como antes.

Sin embargo, en 2007 decidió dejarlo todo y creó, junto con otras 21 familias campesinas, la Cooperativa de Caficultores y Agricultores de la Sierra Nevada de Santa Marta (Cooagronevada), que hoy en día está certificada con Comercio Justo, Orgánico y Women, exportando la mayoría de su producción a Estados Unidos y la Unión Europea.

El certificado de Women tiene como objetivo promover el empoderamiento de las mujeres que trabajan en la industria cafetalera, mejorando sus condiciones de vida y las de sus familias. Además, busca asegurar la participación absoluta de ellas en la toma de decisiones y brindarles iguales oportunidades de liderazgo.

“Es muy importante reconocer el papel de las mujeres, que antes ni siquiera se atrevían a opinar. Ahora son líderes, empoderadas, capacitadas, seguras, independientes y conocedoras de sus derechos y el negocio”, dice Sandra.

Por su parte, el sello de Comercio Justo valora el trabajo de los productores, la seguridad social, la salubridad, las leyes laborales y, por supuesto, el cuidado y la conservación de los recursos naturales con que se produce el café.

La comunidad en Cundinamarca que ya se está preparando para La Niña

El nivel de incertidumbre sobre si en los próximos meses Colombia se enfrentará o no al fenómeno de La Niña es cada vez menor, pues recientemente el Ideam anunció que la probabilidad se ha elevado de un 60 a un 76%. Es por esto que algunas comunidades ya se están preparando para afrontar  un evento que la última vez que pasó por el país, según el Departamento de Planeación Nacional, dejó $11,2 billones de pérdidas sólo entre el 2010 y el 2011.

Este es el caso de la comunidad que rodea la cuenca del río Teusacá. Un grupo de actores que desde hace algunos años vienen batallando para que su recurso hídrico no se agote. Liderados por el acueducto Progresar E.S.P- que cubre los municipios de Sopo, Chía, La Calera y Guasca – han creado una alianza en la que monitorean el agua de sus ríos, tienen vigías ambientales y estudian las dinámicas que se dan alrededor de este ecosistema.

En esta ocasión, dando un paso adelante, la comunidad de la Gran Cuenca del Río Teusacá, como decidieron llamarse, se reunió para conocer cómo prepararse ante una variabilidad climática que ya empezó a susurrarles. En el conversatorio ¡Con “La Niña” no se juega!: entérese, prepárese y prevenga riesgos, dos expertos dieron unas claves para entender en qué consiste este fenómeno.

Para empezar, Ricardo Lozano, director de la Fundación People and Earth y ex director del Ideam, afirmó una frase que se repitió y convirtió en la columna vertebral del conversatorio; “los efectos de La Niña se pueden prevenir, pero con información y conociendo su dinámica”. Insumos que no necesariamente deben venir de las entidades ambientales o científicas, sino de las mismas personas que habitan cerca de la cuenca, pues cada uno es “una pieza del rompecabezas”.

Además, el geólogo dio una formula muy sencilla para empezar a conocer ante qué nos podríamos enfrentar. “La amenaza por la vulnerabilidad da igual el riesgo (R=AxV). Es decir, para saber cuál es mi riesgo, debo conocer el agente amenazante y cómo estoy expuesto ante esto”, concluyó.

Pero, entonces, ¿qué es esa amenazada conocida como La Niña? Según explicó Lozano, lo que se conoce como el fenómeno de El Niño y La Niña, son sólo uno de los 15 factores de la variabilidad climática y dependen, principalmente, del comportamiento de la atmosfera y los océanos. De hecho, a partir de la temperatura de este último se determina si se declara un fenómeno o no.

“Cuando los vientos dejan de soplar, las aguas cálidas de Indonesia se devuelven y buscan las costas de Tumaco en el pacifico colombiano. Esto genera que las aguas frías se escondan y  empiece a madurar el fenómeno de El Niño. Con La Niña, es al revés: los vientos se fortalecen, mandan de nuevo las aguas cálidas a Indonesia y llegan las frías a Tumaco, aumentando las lluvias”.

En terminó de cifras declarar un fenómeno de El Niño o la Niña en Colombia funciona así: la temperatura del mar en Tumaco es de 23 ºC en promedio. Si está variable se ubica sobre un rango de -0.5 o 0.5 ya hay una especie de “alerta” de que, en el primer caso, llegue una Niña o, en el segundo, un Niño. Sin embargo, para que se declare el fenómeno, el aumento o decrecimiento de la temperatura debe estar por arriba o por debajo de este rango durante cinco meses seguidos.

Por esto, para sentir sus efectos y prepararse, no hay que esperar a que el fenómeno madure. “Ya sabemos que la temperatura de nuestro océano pacífico está por debajo del rango, lo que quiere decir que, por lo menos, tendremos un poquito más de agua”, afirmó Lozano. Lo que implica que, tomar medidas, como lo está haciendo la comunidad del río de Teusacá, no es un esfuerzo en vano. “Estamos en -0.3, entonces puede que tengamos Niña, pero eso no nos debería importar porque sí hay un enfriamiento del mar y podrá aumentar en los meses de octubre, noviembre y diciembre”.

Con cerca de 81.593 damnificados sólo en Cundinamarca, costos de emergencia mayores a 11.105 millones de pesos y un total de 296.372 millones de pesos que se fueron en reparaciones e infraestructura, según Colombia Humanitaria, La Niña del 2010-2011 puso en vilo a la nación. Incluyendo a la comunidad de Teusacá que, por ejemplo, a la altura del condominio La Pradera, vio cómo se inundaron todas sus casas.

Sergio Arturo Piñeres, Ingeniero Civil de la Universidad Javeriana y ex director de Distritos de Riesgo, se enfocó en explicar cuáles son las particularidades de la subcuenca del río Teusacá. Es decir, la segunda parte de la fórmula que había planteado Lozano, “cómo estoy expuesto ante el fenómeno”.

“La cuenca del río Teusacá es una subcuenca del río Bogotá y está dividida en dos condiciones geomorfológicas: una pendiente y otra plana”, explicó. Aspecto que es importante conocer ya que dependiendo de la inclinación de la cuenca el tipo de “catástrofe” cambia. Cuando es pendiente, como sucede con el 40% de la cuenca, se es susceptible a una venida torrencial que crea una emergencia rápida, pero agresiva. En cambio, cuando está en un territorio plano, como sucede con el otro 60% que es el Valle de Teusacá, se va generando una inundación lenta y prolongada, por lo que a pesar de tener menos riesgos para las personas, sí representa mayor impacto económico negativo.

Para prepararse, entonces, el ingeniero sugirió pensar en un ordenamiento ambiental donde el eje central sea la visión de cuenca. El problema, sin embargo, es que esto representa un reto administrativo. La cuenca atraviesa distintos municipios y habría que articular a sus líderes para lograr un trabajo real. De hecho, explica, 33% pertenece a La Calera, 27% a Sopo y Guasca e, incluso, un 7% está en Bogotá. Esto sin contar con que Chía, Ubaque, Choachí y Tocancipa tienen un área en la desembocadura.

A partir de la experiencia del mes de abril de 2011, donde las lluvias en la región estuvieron 405% por encima del promedio y el ingeniero estuvo al frente de la CAR (Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca), Piñeros sugirió a la comunidad tener en cuenta estas recomendaciones: crear un comité de gestión del riesgo de la cuenca con una finalidad preventiva, valorar la incorporación de la gestión de riesgo en los POT, identificar los actores institucionales y la sociedad civil, analizar la creación de una asociación de municipios de la cuenca del Teusacá, delimitar las rondas del río y fijar los nuevos escenario de inundación hidráulica.

Unas primeras recomendaciones que no solo serían útiles para esta comunidad, sino para todas aquellas que quieran empezar a tomar acciones. Porque, si algo quedó claro, es que no hay que esperar a que madure La Niña para prepararse.

 

De las chimeneas directo al cerebro

Desde hace más de 25 años, cuando se descubrió que estaba presente en el tejido nervioso, los científicos le han seguido la pista y han tratado de entender hasta qué punto su presencia era natural o producto de esa contaminación.

Un grupo de científicos británicos, de la Universidad de Lancaster, acaban de demostrar que, en efecto, en las personas expuestas al aire de ciudades contaminadas, existe un mayor nivel de magnetita depositada en sus cerebros. También nanopartículas de platino, níquel y cobalto. Los investigadores estudiaron 37 cerebros de personas que habían vivido en Ciudad de México, una de las más contaminadas del mundo, o Manchester. Los resultados del trabajo fueron publicados en la revista Procedeedings of the National Academy of Sciences.

El problema con la magnetita es que es tóxica. Una vez dentro de las neuronas causa estrés oxidativo, afecta el funcionamiento normal de la célula, crea partículas inestables que terminan provocando más daño celular.

“Fue muy impactante”, le dijo la profesora Barbara Maher, principal autora del estudio, a la BBC, “cuando estudiamos el tejido vimos las partículas distribuidas entre las células y cuando hicimos una extracción de la magnetita había millones de partículas, millones en un solo gramo de tejido cerebral. Esas son millones de oportunidades para causar daños”.

Pero el verdadero temor entre los expertos es que contaminantes como la magnetita resulten asociados a la epidemia de alzhéimer. “Debido a una mayor producción de radicales libres, está causalmente vinculada a las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. La exposición a este tipo de nanopartículas de magnetita, derivadas de material particulado en el aire, podría necesitar ser examinado como un posible peligro para la salud humana”, concluyeron los investigadores.

Trabajos previos han indicado un vínculo de altos niveles de magnetita en el cerebro con alzhéimer. Pero ese debate apenas comienza. Jennifer Pocock, neuróloga del University College London, señaló en un comunicado del Science Media Centre que la evidencia sobre magnetita por contaminación en el cerebro es fuerte, pero aún falta mucho trabajo antes de conectarla directamente con el alzhéimer.

“Debido a que la magnetita es tan tóxica para el cerebro, me ha hecho ver la atmósfera que respiro de forma diferente”, le dijo la investigadora a la revista New Scientist. La certeza de que la magnetita y otros contaminantes del smog en las ciudades son un problema silencioso la han llevado a caminar lejos del borde del andén en las calles muy transitadas, a no detener su auto justo detrás de otro para evitar el chorro de los tubos de escape, tomar rutas menos transitadas, así como usar aire acondicionado cuando el tráfico se pone pesado.

Partículas de contaminación del aire alcanzan el cerebro y podrían dañarlo

Nanopartículas resultantes de la contaminación ambiental alcanzan el cerebro donde podrían causar enfermedades como el Alzheimer, según un estudio británico de casos registrados en Ciudad de México.

Aunque el vínculo con esa enfermedad neurológica cuya causa exacta se desconoce queda por demostrarse, el estudio de la Universidad Lancaster de Gran Bretaña pone en evidencia “la presencia de nanopartículas de magnetita en el tejido cerebral humano”.

Los resultados publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de Estados Unidos sugieren que “partículas menores a 200 nanómetros son lo suficientemente pequeñas como para entrar al cerebro a través del nervio olfativo”.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores de Lancaster dirigidos por Barbara Maher analizaron muestras de tejido cerebral de 37 personas fallecidas.

Entre ellas, 29 eran habitantes de entre 3 y 85 años de la capital mexicana, donde existen notorios índices de contaminación elevada y las otras 8 ancianos en la ciudad inglesa de Manchester, con distintos niveles de enfermedades neurodegenerativas.

Según los autores, las partículas halladas son similares a las “nanoesferas” de óxido de hierro -sensible al campo magnético- abundantes en el aire contaminado urbano resultante de combustiones o fricción.

Su presencia en el cerebro sería particularmente tóxica, aunque todavía queda mucho por examinar antes de poder concluir que desempeñan un papel en el Alzheimer.

“No existen aún conocimientos suficientes para determinar si esta fuente externa de magnetita procedente de la contaminación ambiental constituye un factor en la enfermedad”, advirtió Joanna Collingwood, de la Universidad de Warwick.

Según Peter Dobson, de la misma institución y que tampoco participó en la investigación, “otros estudios apuntan a un origen externo de la magnetita hallada en el cerebro, pero aún no podemos estar absolutamente seguros”.