“Yo llegaba sin saber a un lugar, sin conocer a nadie”, dice Cuestas, una nómada que se sale de cualquier zona de confort. Su paso alrededor de cinco años por varios países en Sudamérica se convirtió en una experiencia gratificante que daría como resultado la creación de redes que se relacionaban por aquel gusto a la comida, cierto placer por intercambiar cultura, formar, reflexionar y empezar una idea en contra del consumismo desmesurado que se apodera del mundo.

Artista visual graduada de la Javeriana, su vista siempre dirigida hacia un arte crítico, desde lo político, lo social, lo poético y lo económico, Ingrid Cuestas comenzó enfocada en el videoarte y la instalación para después aventurarse a fusionar dentro de su arte la amplitud de la gastronomía y desde allí, manifestar ciertos desacuerdos con la manera en que se está llevando el mundo por el capitalismo.

“Yo descubrí que la cocina finalmente es la única de las artes, que aparte de ser la más cotidiana y básica, es la que alcanza todos los sentidos. Me pareció que era bastante potente para poder traer varias cuestiones y como mi obra es tan política, finalmente como que todo este sistema de consumo y de capitalismo ejerce un control mediante la alimentación, entonces eso fue muy importante. La cocina también es un lugar de encuentro, eso me parece que es un foco de resistencia porque en esa lógica de la propiedad privada y del individualismo, en la cocina se rompe eso, entonces es el acto que siempre nos congrega, la idea es que se comparta y que se tiren un montón de cosas y de perjuicios”.

Realizar aquellos platos tan exquisitos combinando culturas, no se remite a un simple aroma y sabor delicioso, sus cuestiones van más allá de su aspecto. El contenido de aquellas creaciones son el punto de partida para evidenciar la cantidad de comida desperdiciada y que con ella, se puede llegar a preparar grandes recetas. “Todo esto va alrededor del consumo porque de ahí parte toda mi obra. Parte también del hecho de ser nómada, de lanzarme y de salirme de cualquier zona de confort, hacer de la deriva mi método de creación, de investigación, de aprendizaje y una forma de resistencia”.

Es entonces cuando el arte se fusiona con la cocina desde el concepto de la Gastrosofía, aspecto creado por el alemán Eugen Von Vaerst que determinaba el placer alrededor de la comida desde el paladar, pero que la artista visual lo complementa con un proceso de pensamiento a través de lo que se consume. Algo que va más allá del acto de comer y de adquirir dentro de un sistema económico determinado actualmente.

Así como dice el manifiesto gastrosófico que se encuentra en el portal web de Ingrid Cuestas: “Comer es una acción análoga al ejercicio del pensamiento, cocinar es un acto poético, político y artístico. En cada trozo saboreado devoramos bocados de realidad o fantasía, amor o violencia, sueños o resignaciones, abuso o justicia, cada alimento tiene una historia, un planteamiento social, económico y antropológico”.

Su plan de resistencia empieza en el año 2011 con la vuelta a toda Sudamérica, poniendo en práctica aquella filosofía que fue tomando forma al transcurrir los años y teniendo como nombre “Sol de Noite”, término extraído de una situación particular por la que vivió durante su estadía en Brasil (país en el que actualmente vive). Durante un tiempo, la artista vivió en una casa en la zona de Jericoacoara, en donde no había la posibilidad de luz eléctrica. Algunos argentinos con los que se hospedaba llamaban a las lámparas que se utilizaban para alumbrar como ‘luz de noche’. De ahí, Cuestas decidió poner este término en portugués para así bautizar su proyecto, que nace en Brasil, cargando en sus viajes aquella lámpara como nómada y dejando más de 30 happenings, intervenciones urbanas con cenas clandestinas en donde sin conocerse mutuamente, se crea una especie de red vinculando a personas con unos mismos intereses a través de la cocina.

“Esta lámpara es Sol de Noche que viaja conmigo por todo Sudamérica. Es como mi Alter Ego. Es la luz, la idea, la creación (…) Yo suelo viajar a todo lado con esta lamparita en la mano y me pasan muchas situaciones peculiares, la gente se me acerca y me cuenta historias que les recuerda este tipo de lámparas convirtiéndose entonces en un dispositivo de intervención. Con este sol de noche pasan un montón de cosas que no te imaginas. Cuando salgo a pasear con él, es un generador de historias increíble”.

Aquella mente resistente a lo impuesto en un sistema que deja en cero las expectativas de Ingrid Cuestas, ella empieza a vincularse a varios movimientos que se relacionan con el desperdicio de alimentos y la reutilización de elementos reciclables. Como una forma de vida, sus instalaciones y happenings hacen parte de eventos organizados por movimientos como ‘Disco Xepa’ de Brasil, donde se realizan una serie de intervenciones urbanas, banquetes que se preparan con comida de descarte, alimentos que terminan en la basura pero que se encuentran en buen estado, acto generado por un control del mismo sistema de consumo.

“Cuando empezamos con todo esto del desperdicio de alimentos, es darse cuenta de toda esta gran magnitud. Solamente en Colombia un tercio de lo que se produce se va para la basura y mundialmente es así la proporción. Entonces, si tú te pones a ver nadie en el mundo debería pasar hambre, pero todo esto favorece a las lógicas de comercio,  y que también la gente está acostumbrada a consumir y a consumir. Es cuestionar esto y volver a sacar esa belleza de las cosas por su mismo valor”.

En el año 2016, en el Parque Explora de Medellín, Ingrid Cuestas hico parte del Exploratorio, un laboratorio público de experimentación en donde la artista creó un dispositivo de intervención hecho con material de descarte, una cocina pirata móvil en forma de cubo que al abrirse contiene dos lavaplatos, un espacio para estufas y mesón en donde podrán trabajar quienes hagan parte de la intervención. Para la artista, la colaboración es una parte importante durante el happening, aquí se pone a prueba aquella filosofía horizontal que determina la generación de nuevas ideas y de creatividad. 

“Fue todo un laboratorio de creación colectivo. Cada proceso es romper un montón de cosas, la gente empieza a entender que yo no soy la que llega a dar órdenes, sino que yo vengo proponiendo y que de igual manera aprendamos mutuamente y crear juntos”.

Con su Sol de Noche en la mano, Ingrid Cuestas, una nómada, alquimista, gastrósofa, cazadora de experiencias, creadora de situaciones y dibujante de corazón, autodenominada “pirata de cielo, mar y tierra” como dice en su descripción, lleva su proyecto novedoso y con todo el interés por un mundo que se puede salvar hacia varios espacios itinerantes que reciben su obra como parte de un aprendizaje empírico. Actualmente desarrolla una serie de recetas ilustradas de toda Latinoamérica y el 20 de enero presentará una de sus instalaciones y happenings en KB – Espacio para la cultura en Bogotá, una muestra con el gran sabor del arte contemporáneo.

 

, Sol de noche, la luz de una nómada artista, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/sol-de-noche-luz-de-una-nomada-artista-articulo-675594, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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