La sala está casi llena, hay espectadores ansiosos, que hablan y ríen; algunos caminan de un lado a otro. Este es quizá el público más exigente al que un grupo de teatro se pueda enfrentar: público infantil. Estos pequeños no temen en demostrar su disgusto con una obra. Su transparencia es algo que a muchos incomoda, pero hay algunos valientes que se atreven, una y otra vez, a salir al escenario y ofrecerles todo, aun cuando existe la posibilidad de que los rechacen.

En Bogotá, la oferta cultural para niños es variada. Existen diversos lugares que se dedican, principalmente, a los más pequeños. Entre estos espacios sobresale el Teatro Hilos Mágicos. Desde su fundación, en la década de 1970, este espacio les ha ofrecido a los niños de la capital historias maravillosas. La especialidad de este teatro se ha convertido en ofrecer y compartir un espacio con los más pequeños. El Teatro Hilos Mágicos ha presentado más de 150 montajes, cuyos responsables han preparado con constancia y tesón.

La exploración en el teatro de títeres ha sido su fuente para renovar y crecer en el mundo artístico. Actualmente la obra Historias del mar muestra el excepcional trabajo del grupo del Teatro Hilos Mágicos. Esta obra, escrita y dirigida por Ciro Gómez y Diana Hernández, narra una tarde de aventuras de dos niños que se encuentran un mágico libro en la playa. Esta obra combina los títeres de varillas y el teatro negro. En este caso, la técnica está al servicio de la historia; pues el escenario está dividido en dos partes: la playa y el fondo del mar. Este último es representado en el espacio negro del teatro, lo que da la sensación de sumergirse no sólo en el océano, sino también en la historia.

Otra virtud que ofrece la oscuridad del lugar es la forma de captar la atención de los niños. En medio de la oscuridad, aparecen personajes llenos de colores brillantes que irradian luz propia y le dan vitalidad al entorno. Estos personajes no son ajenos a los espectadores: se parecen a Nemo, hablan con acentos muy locales e incluso bailan al ritmo de La sinfonía inconclusa en la mar, de Piero. Es una obra que reta a los niños a hurgar en su memoria y reconocer los guiños que ocurren durante la función. Esta obra no subestima a su público, pues el grupo sabe bien que incurrir en esa falta sería imperdonable por sus jóvenes espectadores.

 

, Sobre el Público difícil, Teatro Hilos Mágicos, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/sobre-el-publico-dificil-teatro-hilos-magicos-articulo-660239, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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