“En mi país recibimos migrantes de la guerra. Vienen desde Afganistán, Siria o África. No los tratamos bien. Somos indiferentes, somos insensibles”. Con estas palabras, la escritora Sandrine Dumas pone sobre la mesa un tema polémico que el gobierno francés no ha sabido manejar y que, por el contrario, ha respondido con más guerra, la que viene del rechazo y los prejuicios.

Migrar, según la Real Academia Española es: “trasladarse desde un lugar que se habita a otro”. Esto se puede dar por elección propia o factores externos que obliguen a tomar la decisión. En cualquiera de los dos casos, este proceso trae consigo salir de un lugar o situación conocida, manejable, tal vez tranquila, a pasar a lo incierto, inestable y doloroso.

Momentos que generan gran tensión pero que, dependiendo del terreno en que aterricen, pueden ser un factor de desarrollo para la sociedad o, en el peor de los casos, la destrucción de una vida, una idea o un sueño. Lastimosamente, en su gran mayoría, esta última es la que prevalece y fue el motor para que Sandrine Dumas, escritora y documentalista Francesa, compusiera El Dorado de Agua.

Esta obra relata la difícil situación que enfrenta un caballo al llegar a otro país en busca de alimento, ya que en su lugar natal, verde, con abundante agua y la mejor comida, sufriera la devastadora fuerza de la naturaleza. Tuvo que salir para poder vivir. Buscar un refugio y empezar una nueva vida. Pero no imaginó que en la jornada de fuga, huyendo del peligro, los protagonistas fueran el hambre, el desánimo y el abuso.

Esta realidad es la que millones de refugiados en Europa atraviesan. Atrapados. Perdidos con el idioma. Lejos de sus familias y pasando necesidades básicas. Un escenario que se hace menos amable con las actitudes de la gente, quienes rechazan a otros por sus condiciones, los alejan por pensar diferente y por el miedo de que les quiten cosas que han logrado.

Ese rechazo e indiferencia es lo que sorprende a Sandrine, quien afirma que “todos podemos ser migrantes. De la guerra, el amor o el medio ambiente”. Y si eso pasa, sería bueno encontrar un espacio más sensible, presto a ayudar, que aprenda a convivir y que entienda las diferencias. Que muchas veces esas situaciones no se escogen y son difíciles, pero que se puede ser más bondadosos y amables tanto con el ser humano como con los animales.

Sandrine narra su obra desde los animales. “Ellos son genuinos. Perfectos para que niños y adultos entiendan esta problemática y eviten ser la causa del sufrimiento para otros”. En su relato, mientras el caballo enfrenta la hostilidad de las autoridades, un elefante cuenta la historia de una cebra que tuvo que salir de su hogar y refugiarse en campos desconocidos. Fueron tantos el rechazo y el desprecio, que regresó a su hábitat y allí fue asesinada por un león, pues ella había perdido la agilidad para correr.

En ese momento de un profundo silencio, la tierra se dividió y el río desapareció. Todos los que estaban presenciando la terrible situación que vivía el caballo quedaron desconsolados. Ahora debían salir a buscar el preciado líquido. En ese instante, todos se convirtieron en migrantes. Emprendieron un largo viaje en que lideraba el caballo. Las diferentes habilidades y formas de pensar se convirtieron en una fortaleza. El trabajo en equipo, el respeto, la adaptación al cambio y la negociación finalmente los condujeron a El Dorado de Agua.

Cuando Sandrine terminó de escribir su obra, la socializó en un colegio de Marsella. Allí estaban los niños refugiados. No entendían nada de lo que estaban viviendo. “Hablamos de las dificultades, pero lo que más me gustó fue explicarles que pasara lo que pasara siempre tenían que ser fieles a sus ideas, a sus sueños, a escribir su historia y respetar el ambiente en el que vivimos. Para mí es muy importante la naturaleza, es una conexión que nos permite ser libres”.

, Sandrine Dumas: "Somos migrantes de todo", http://www.elespectador.com/noticias/cultura/sandrine-dumas-somos-migrantes-de-todo-articulo-663614, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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