Al compositor brasileño Heitor Villa-Lobos le gustaba criar (como se diría en portugués) mitos. Quizá porque los mitos tienen mayor facilidad que el cuerpo para sobrevivir al tiempo. Por ejemplo, contó que en uno de sus primeros viajes explorando música folclórica del país había conocido tribus caníbales en el noroeste. Con esa misma creatividad compuso cerca de 2.000 obras para orquesta, cámara y trabajos vocales, y se convirtió en uno de los mayores talentos de la música erudita de Brasil. (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música).

Eso, lo erudito, cruzado con lo popular fue tal vez una de sus propuestas más míticas. Esa filosofía se impregnó en varios músicos de mediados del siglo XX, como Celso Woltzenlogel, Paolo Nardi, Wilfried Berk, Carlos Gomes de Oliveira y Airton Lima Barbosa. Hace 55 años se reunieron con Mindinha, la esposa de Villa-Lobos y promotora de talleres y festivales con maestros ilustres y jóvenes músicos, y se dejaron bautizar por ella como el Quinteto Villa-Lobos. (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música).

La filosofía, nada común en aquella época, con la que surgió este grupo fue la de llevar la música de cámara a otros escenarios, como espacios públicos, escuelas y favelas. Además, tenían una propuesta original que sigue vibrando hoy día: rendirle un homenaje a la música popular brasilera con sus instrumentos de viento como protagonistas.

Rubem Schuenck (flauta), Luís Carlos Justi (oboe), Paulo Sérgio Santos (clarinete), Philip Doyle (trompa) y Aloysio Fagerlande (fagote) son los actuales integrantes del Quinteto VillaLobos y siguen difundiendo estas ideas y melodías por el mundo, principalmente en su Brasil natal.

Por fuera de los escenarios ‘formales’ sus presentaciones se convierten en una historia, como esas que el maestro VillaLobos le gustaba contar. Un día, durante la visita a una escuela, explicaron conceptos básicos de física y geometría presentando la relación de la ‘altura’ de los sonidos con la longitud de los tubos de los instrumentos que forman un quinteto de viento. También tocaron para los estudiantes modelos de flautas de bambú, como los pífaros brasileiros, presentes en varias culturas de Latinoamérica.

No solo en inglés, sino es español, podríamos decir que ellos ‘juegan’ con la música y que no solo la tocan. Sus piezas son innovadoras y tienen el gusto de estar más cerca del ciudadano de a pie, para que este también disfrute de los sonidos y las historias de compositores de música popular brasilera como Bebeto, Guinga, Milton Nascimento, Pixinguinha, Ernesto Nazareth y Hermeto Pascoal.

Estos dos últimos estarán, de hecho, en su repertorio en el Cartagena XI Festival de Música junto con las famosas “Bachianas Brasileiras” de Heitor VillaLobos. Ellos, por supuesto, también son míticos.

Ernesto de Nazareth se llamaba a sí mismo ‘pianero’ y tocaba en salas de cine, bailes y reuniones sociales. Darius Milhaud, compositor francés, dijo de él que “su toque fluido, desconcertante y triste me ayudó a comprender mejor el alma brasilera”. Nazareth también fijó en la cultura de su tiempo ritmos como el choro y el tango brasilero. En Cartagena el Quinteto VillaLobos va a tocar de este compositor las obras Odeon, Eponina y Fonfon.

El prolífico de Hermeto Pascoal no solo ha grabado cerca de 3.000 temas, sino que es multi instrumentalista y una de las figuras más importantes de la música popular brasilera, a la que quiere volver universal. No en vano hará parte del repertorio del Quinteto con temas como Suite norte, sur, este, oeste. Sus comienzos en la música son épicos. Aprendió a tocar el bandoneón de su padre en medio del aburrimiento de no poder salir cuanto quería a la luz del sol por el hecho de ser albino.

En este camino que va desde la composición original hasta la que finalmente presenta el Quinteto en el escenario hay arreglos de los integrantes que algunos expertos han asemejado al ‘deshojamiento’ (para conservar la gracia de la palabra desfolhamento): toman las melodías tradicionales y las abren en cinco voces que serán sus cinco instrumentos. Una inteligente polifonía. Dicho en otras palabras, se deshoja hasta el esqueleto de la obra y se puede ver la complejidad de su belleza (¿qué es belleza, sino complejidad?).

La melodía es disecada para que de la exuberancia se regrese a lo esencial. Como el soplo creador. Un bom ar. Un musicólogo, al referirse a los instrumentos de viento, lo diría mejor: “producir sonido usando el aire en sí mismo es hacer música a partir del arquetipo de la vida”.

, Quinteto Villa-Lobos: difundir la música popular, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/quinteto-villa-lobos-difundir-musica-popular-articulo-673964, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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