I.

Se trata de ver si aún es posible encontrar arena en el desierto.

Y de explorar juntos esas pistas acrobáticas, perdiéndonos en los caminos que no conducen a Roma…

Sino a Marruecos. Más precisamente a Tánger, “la más extraordinaria y misteriosa ciudad del mundo”, como lo escribió Mohamed Chukri. Esa ciudad que, como la francesa Aix-en-Provence se inmortalizó como el refugio de los Impresionistas a finales del siglo XIX, se convirtió en el paraíso exótico de una generación de escritores, la Beat, en los años 50 del siglo XX. Marruecos, esa perla al noroccidente del África, “la patria moral que se han buscado todos aquellos que jamás podrán tener una patria”, como la describió el escritor mallorquín Eduardo Jordá, ese protectorado francés de 1912 a 1956, ese lugar bañado por las aguas del Atlántico y del Mediterráneo en el que autores como Paul Bowles o William Bourroughs decidieron perderse felizmente entre el exceso de sus calles, cafés, belleza infinita, mercados, música, narguiles, alucinógenos y cuerpos. Porque había mucho de todo ello. Mucho, al punto que Bowles decía que Tánger podía ser “una sala de espera entre conexiones, una transición de una manera de ser a otra”. Un viaje, todo un viaje.

Y allí es donde podemos situarnos para entender lo que tiene en su ADN la Compañía XY, de Lille, norte de Francia. Una tradición que sobrepasa por siglos aquello que estos escritores alcanzaron a ver. Un relato de siglos de historia. Uno, en particular, que se remonta al siglo XV, en donde un hombre que luego se volvería un santo, Sidi Ahmed Ou Moussa, de habilidades y fuerza excepcionales, crearía una cofradía cuyos miembros, los Rma, estaban entrenados en combate. Así nacía la acrobacia marroquí. Como una herramienta para la guerra; construían pirámides humanas que alcanzaban los siete metros de alto y, así, lograban espiar al enemigo, cruzando muros imposibles.

Después de la guerra, vino el arte. Por ello no es fortuito que el santo de los acróbatas sea el propio Ou Moussa. Con él se empezaron a entrenar estos hombres de caucho que le han dado a la fisonomía de los marroquíes una flexibilidad excepcional a través de los tiempos, pues la labor de la acrobacia ha sido un ejercicio de familia, una de las más emblemáticas, la Hammich. Abuelos, padres, hijos y nietos han seguido esta tradición que hace de este país una cuna de acróbatas. Familias que, generaciones después, entrenaron en las arenas de Tánger al fundador de la Compañía XY, Abdeliazide Senhadji, también creador del Grupo Acrobático de Tánger, Halka. Por eso su búsqueda incesante de reencontrar la arena en el desierto. De descubrir eso que está allí pero decidimos no ver al vivir rodeados de tantos artificios. Ellos solo usan su cuerpo, y lo disponen en círculo, para que no haya jerarquías, para que todos se vean y, de nuestro lado, el del público, todos podamos contemplar esta experiencia de pura potencia, camaradería y poesía. Porque volver a maravillarse es la invitación de este grupo.

II.

Il n´est pas encore minuit.

Todavía no es medianoche.

No todo está perdido. Aún podemos lograrlo. Pero el tiempo se acaba, cada segundo cuenta y debemos actuar.

Mientras el mundo, o algunos de sus líderes, buscan dividir, XY busca juntar. Mientras las fronteras para tantos son hoy un motivo de persecución, para XY son un puente entre culturas. Mientras para algunos aún la participación de las mujeres se limita a las cocinas sin la dignidad que merecen, para XY son uno más del equipo (¡de hecho se llaman XY!). Mientras algunos buscan uniformar, uniformizar, XY tiene como su mayor riqueza los rasgos, los colores, las edades y los apellidos disímiles de sus integrantes. Vemos, entonces, que además de la belleza y sorpresa que irradian, cargan un mensaje que bien vale la pena oír en este momento. Porque es distinto e invita a abrir la mirada.

Porque, de Francia, ya vimos la película La Haine (El odio). También La culpa la tiene Voltaire. O, más recientemente, descubrimos el universo paranoico de Michel Houellebeck con su libro Sumisión. Todos, relatos que presentan esa mirada aún no resuelta de la difícil integración de los inmigrantes en ese país. El miedo que sigue causando su llegada. Incluso aquellos que, por derecho adquirido tras décadas de colonización francesa del África, creían tener como segundo hogar a Francia, pero, por el contrario, recibieron el apelativo de “pieds noirs” (pies negros). Eso está ahí, sigue ahí, y la historia estará para juzgarlo.

Por eso resulta inspiradora la imagen que presenta XY de la relación franco-marroquí. Saca lo mejor de ambas culturas. La libertad, igualdad y fraternidad, leit motiv francés por excelencia, con la más larga tradición de la acrobacia marroquí. Su suma produce la exquisita combinación de la “halka”, esa palabra árabe que significa “un espectáculo festivo en forma de círculo”.

“Somos espíritu de fiesta, de libertad y de resistencia”, dicen estos artistas de la acrobacia. Y sus intenciones son claras: “afirmar lo colectivo, el escuchar y tenerle confianza a los cuerpos como un acto de resistencia gozoso y poético”.

Esa es la verdadera resistencia frente al sentir de una época que se sabe egoísta. Hablar en plural. Hacerlo juntos. Triunfar y fracasar, pero en equipo, sin darse la espalda, apoyándose el uno al otro. Dándose la mano para volverse a levantar. Ser generosos.

“¿Qué de más natural que entregarse en una aventura colectiva?”, se preguntan. Para ellos es natural. Es su espíritu. Quizá con eso nos debemos quedar de este espectáculo, que no tiene otra pretensión que sorprender con lo que ya casi no nos sorprendemos de tanto que nos ofrecen plataformas para sorprendernos: el ser humano, de carne hueso. Con todo lo que es. Solo eso. Y todo eso.

* Teatropedia es un proyecto educativo del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo en pro de la formación de públicos en temas culturales. Más información en www.teatromayor.org.

 

, Porque aún hay esperanza, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/porque-aun-hay-esperanza-articulo-676988, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental