Periodismo de arte llamó el escritor español Francisco Umbral a aquellas notas publicadas en los diarios que escapaban de la inmediatez y que por la factura de su prosa sobrevivían a los afanes noticiosos. En la prensa colombiana, por fortuna, no escasearon en la primera mitad del siglo pasado los cultores de ese género: Luis Tejada, Lino Gil, Adel López, Klim y Ulises son algunos de los más destacados. La profesora Mariana Serrano Zalamea se ha dedicado a estudiar este formato de escritura –a mitad de camino entre la literatura y el periodismo–. Fruto de dicho trabajo son los volúmenes Ulises en un mar de tinta, antología de columnas de Eduardo Zalamea Borda, y Crónicas de lo intangible, traducción de algunas piezas del brasilero Rubem Braga.

Usted que ha estudiado las obras de Eduardo Zalamea Borda y de Rubem Braga, ¿qué coincidencias y diferencias encuentra en las poéticas periodistas de ambos?

Al comenzar a estudiar la obra periodística de Eduardo Zalamea Borda (Bogotá 1907 – 1963) y, sobre todo, aquella que desplegó en el terreno de lo que él mismo llamó “literatura periodística” (años 30, 40 y 50 del siglo XX) en la sección “Intermedio” de su columna de El Espectador “La ciudad y el mundo” y en “Fin de semana”, columna que publicaba los sábados primero y luego los domingos, encontré la presencia de una poética periodística muy potente. Zalamea logró una voz a medio camino entre los lenguajes literario y periodístico, a partir de la exploración de un “sensualismo”: su escritura se encontraba muy inscrita en el cuerpo. Así como lo logró con su novela 4 años a bordo de mí mismo. Diario de los 5 sentidos (1934), en la expresión de una escritura anclada en los sentidos, ello mismo se evidenció en su oficio como periodista.

La indagación por un periodismo tan literario me condujo a la escritura de Rubem Braga, cronista brasileño del siglo XX, y quien también exploró una prosa muy poética desde las innumerables crónicas que escribió durante 60 años de desempeño como cronista.  Las dos poéticas, de Zalamea y de Braga, coinciden en el cuidado con el estilo, el lenguaje y las posibilidades literarias del oficio periodístico. A través de la brevedad, característica de la crónica, los dos escritores exploraron tópicos “universales” pese a ser hombres de su época y de sus contextos políticos, sociales y culturales. Asuntos de la cotidianidad poblaron sus poéticas: el amor entre una pareja, la vida en la ciudad, las geografías de cada país, los viajes, las vivencias en París. Diría que la poética de Braga es más lúdica, en el sentido de que usa más la ironía y los juegos con el lector. Zalamea despliega a mi modo de ver una memoria de su época pasada por el tamiz de las emociones; lo que él llamó la “memoria del corazón”.

Aparte de por ser el autor de 4 años a bordo de mí mismo y de ser el responsable de publicar en El Espectador el primer cuento de García Márquez, poco conoce el público de Ulises. ¿Cuál es en su opinión la importancia de Zalamea para el periodismo colombiano?

Es cierto, sólo hasta un punto, que hoy en día la gente no recuerda la presencia de Ulises en el periodismo colombiano. Sin embargo, fue durante los años en los que escribió (treintas, cuarentas y cincuentas del siglo XX) una pluma consultada por todos y asumida por los jóvenes como un norte. Gabriel García Márquez recuerda en “Vivir para contarla” cómo lo leían los escritores jóvenes y era su brújula en términos de escritura periodística y de independencia crítica. Yo creo que cumplió un papel fundamental en términos de ofrecer visiones críticas, democráticas y en la medida de lo posible independientes; por supuesto desde la orilla del liberalismo. Adicionalmente, desde la dirección del suplemento cultural de El Espectador se dio a la tarea de difundir nuevas poéticas europeas, norteamericanas y latinoamericanas. Hizo crítica literaria y artística y dialogó con sus pares escritores y periodistas de la época. Fue el primero en publicar a García Márquez y a Álvaro Mutis en un diario de circulación nacional.

En la medida en que en esos años las escuelas formales de periodismo eran prácticamente inexistentes, en las tertulias en los cafés y en los consejos de redacción de los periódicos se suplía ese necesario debate y discusión sobre el oficio. Guillermo Cano reconoció innúmeras veces el papel de maestro de Zalamea quien fue subdirector del periódico por muchos años. Cuando Cano asumió la dirección era supremamente joven, así que Zalamea fue su soporte en muchos sentidos. En suma, para los historiadores del periodismo colombiano, Eduardo Zalamea Borda sigue siendo una figura central. Con miras a difundir su obra preparé la antología Ulises en un mar de tinta. Obra periodística de Eduardo Zalamea Borda, publicada por Ediciones de la Universidad de los Andes en 2015, y salió el eBook, Un viaje intermedio por la Bogotá de Ulises. Eduardo Zalamea Borda, que fue fruto de un premio estímulo otorgado por los Ministerios de Cultura y Nuevas Tecnologías a un equipo de investigadores del Centro de Estudios en Periodismo, Ceper de la Universidad de Los Andes conmigo como investigadora y curadora principal, y que salió a circulación como aplicativo de Apple y Android también en 2015. 

Rubem Braga es quizá el cronista más importante de Brasil pero poco conocido en Colombia. ¿Cuáles son los aportes que la obra de Braga le puede hacer al diarismo colombiano? ¿Cuál es el sello personal del brasileño?

Rubem Braga (Cachoeiro de Itapemirim 1913 – Rio de Janeiro 1990), escribió más de 15 mil crónicas según sus biógrafos.  Exploró innumerables tópicos en este género que cultivó con elasticidad y creatividad inimaginadas.  Lo prefería por encima del cuento o la novela por encontrarse más próximo a los hechos de todos los días y por la brevedad en su forma. Estas características de su creación se ven acrecentadas por su propia experiencia, que Braga deja traslucir en las líneas que escribe: transmite las historias con un arte narrativo que parece retomar la tradición oral siempre tan presente en Brasil y que se expresa en frases cortas, y recuperando el ritmo de la lengua coloquial.

El consagrado escritor Carlos Drummond de Andrade se refirió a Braga como el “profesor de la lucidez”. Sobre su prosa, dijo que “sus elementos –sensualidad, ternura, anarquismo, tedio, poesía, humor–, sueltos, son manipulables por cualquiera. Reunidos, forman una composición específicamente braguiana, en la que sobra la firma”. Por su parte, otro poeta de lo cotidiano, Manuel Bandeira, decía que “cuando Braga tenía tema era magnífico; pero cuando no lo tenía era todavía mejor”. Y el mayor de los críticos literarios brasileños, António Cândido, se refirió a las crónicas de este escritor “casmurro” como “discretas candidatas a la perfección”.
 

, Poéticas del periodismo, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/poeticas-del-periodismo-articulo-665395, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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