Luciano Pavarotti pensaba que una vida dedicada a la música es una vida bellamente empleada. Y es que este arte tiene la facilidad de entrar por los oídos y hablarle al alma, de generar toda clase de sentimientos y hasta de sanar. Motivos suficientes para que cientos de personas en todo el mundo quieran consagrarse a un instrumento. Sin embargo, muchos desisten por falta de apoyo o porque, como dirían los abuelos, “de eso no se vive”. Organizaciones como la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed) se han encargado de demostrar que sí existen oportunidades para hacer de la música una forma de vida. Con más de 30 años de historia y 180 músicos, entre profesionales y estudiantes, esta entidad es considerada una de las más activas y sólidas de la ciudad de la eterna primavera, debido al respaldo que le ha brindado la empresa privada, que aporta cerca del 80% del presupuesto con el que funciona.Ejemplo de ello es la alianza que tienen con Bancolombia desde 2012. Ana Cristina Abad,directora ejecutiva de la entidad, explica que el aporte del banco les ha permitido “ser competitivos y convertir a la Orquesta Filarmónica de Medellín en una orquesta de talla internacional”, por medio de la inversión para fortalecer diferentes actividades y líneas de trabajo como la orquesta profesional, la Academia Filarmónica, los conciertos didácticos y los programas pedagógicos musicales para la formación de audiencias, con los que se busca cultivar el gusto por la música sinfónica entre los más jóvenes. La iniciativa que más destaca es la de la Academia Filarmónica que, desde 2008, les brinda a jóvenes con talento y compromiso una formación rigurosa, enfocada en el desarrollo profesional de este oficio, de manera gratuita. El objetivo es que se conviertan en el relevo generacional de los músicos profesionales en las orquestas nacionales e internacionales. Este año, señala Abad, son 117 beneficiarios provenientes de barrios de todos los estratos socioeconómicos de Medellín e incluso de otras partes del país como Sincelejo, Pereira y Bogotá. Entre ellos se encuentra Sasha Sánchez, quien desde una edad muy temprana decidió que quería dedicarle su vida a la música. Se enamoró del clarinete y en 2001, con apenas nueve años, comenzó a ensayar con la Red de Escuelas de Música de Medellín. Para 2009 ya estaba iniciando sus estudios de música en la Universidad de Antioquia y en 2014 fue aceptada en la Academia Filarmónica de Medellín, donde perfecciona sus habilidades. “La Academia me ha dado la oportunidad de estar por fuera del país y conocer excelentes músicos, estar aquí está transformando mi vida como clarinetista y sobre todo como persona”, dice Sánchez, quien agrega que la música la llena de felicidad.  A su voz se unen las de las hermanas Ana María y Clara Inés Rojas Gallego, quienes además de ser docentes en la academia, forman parte de la Orquesta Filarmónica de Medellín, una experiencia que, dicen, les ha permitido proyectarse a futuro, así como salir a aprender a otros países para luego “venir a aplicar ese conocimiento en nuestra ciudad”. Este tipo de iniciativas son vitales en las ciudades. Abad asegura que “Medellín ha reconocido el importante poder de transformación social de la música y ha invertido en programas que aprovechan este arte con fines sociales y de desarrollo”, pues tocar un instrumento ayuda a interiorizar valores como la disciplina, el respeto por la diferencia, la escucha activa, el trabajo en equipo y la solidaridad., Notas musicales para transformar la sociedad, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/notas-musicales-transformar-sociedad-articulo-654332, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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