No lo dejaron entrar a Argentina. Esa vez, en medio de la cordillera de los Andes, un policía detuvo el carro en el que iban él, Delia del Carril y Víctor Pey. Cuando el agente miró los pasaportes, preguntó quién era Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto y mientras sacaba la cabeza calva por la ventana chica dijo: “Yo, Pablo Neruda”. El hombre les negó el paso porque no podía dejar que alguien con dos identidades abandonara Chile. “Todavía no llego hasta el sur —dijo Neruda con una risa que chirriaba—. No lo culpo, el comunismo no se ha tomado todo el mundo. Todavía”.

Habían pasado tres años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Los ánimos en el mundo estaban caldeados, el comunismo desde Rusia arremetía con fuerza animal y en Chile, esa apéndice de Sudamérica, se preparaba la persecución al que sería el poeta más reconocido de América. González Videla iniciaba su mandato, tras haber ganado en las urnas con el apoyo del Partido Comunista. El jefe de campaña, elegido por el PC, fue el senador Neruda. En octubre de ese año, los mineros de Chuquicamata entraron en huelga. A lo largo del país los trabajadores se enfrentaban al gobierno. Los dirigentes comunistas eran detenidos y relegados a Pisagua. Por esos días, en el diario El Nacional de Caracas (Venezuela), Neruda publicó Carta íntima para millones de hombres, donde denunciaba la política represiva de González Videla.

“Ya iré, cuando pasen estos momentos de oprobio para nuestra patria, a la pampa salitrera y les diré a los hombres y mujeres que han visto tanta explotación, tantos martirios y tantas traiciones: Aquí estoy, prometí ser leal a vuestra vida dolorosa, prometí defenderlos con mi inteligencia y con mi vida si esto fuera necesario. Decidme si he cumplido y dadme o quitadme el único fuero que necesito para vivir honradamente, el de vuestra confianza, el de vuestra esperanza y el de vuestro amor”.

En esa persecución épica se basó el director de cine chileno Pablo Larraín para hacer su película Neruda, denominada por él mismo cono una “antibiografía”. Un aparte de la vida del poeta en el que humaniza al ídolo de un continente. Muestra a Neruda como un oso enjaulado. Caminando de un lado para otro. Escribiendo poemas incendiarios. Se deja barba. Pablo Neruda está escondido en un departamento en Vicuña Mackenna, a pasos de Alameda. La policía lo busca. Quiere beber whisky; pide pero no llega. No tiene comodidades. El poeta lleva dos semanas clandestino en ese apartamento de un ambiente, con su mujer, Delia del Carril. Mientras escribe Canto general.

En la película Pablo Neruda, que es interpretado por el chileno Luis Gnecco, camina solo por las calles de Santiago esperando ser atrapado por Óscar Peluchonneau, por Gael García, un agente de policía trágico y solitario que se obsesiona por humillar al poeta con su captura. “Es el clásico fascista resentido, pero también es algo ridículo. Si lo ves desde lejos, es divertido: a él le piden que silencien a un tipo que hace poesía. ¿Cómo puede hacerlo? ¿Por qué Neruda les molesta tanto a las autoridades? Lo mandan con autos y un grupo a cargo a encontrar al poeta y él se toma el trabajo muy en serio, pero no lo logra, no sabe cómo hacerlo”, dijo Gael García en una entrevista en Cannes.

Gran parte de la película es una fábula y sólo se ha utilizado el esqueleto de los hechos reales para construir un thriller invertido, donde la presa termina siendo a veces mucho más fiera que el depredador. Peluchonneau es burlado por Neruda y ahí comienza su tragedia. La cinta logra atrapar ese momento y explotarlo con fuerza. Los diálogos son pequeños sustratos teatrales que explican al espectador lo que piensa cada personaje. Monólogos intensos y cargados de sentido. Pero tal vez lo más importante de esta pieza es el lugar donde pone a Neruda: lo acorrala frente a sí mismo y deja ver un ser que, aunque profundamente comprometido con la causa comunista, espera ser una estrella incluso en su persecutoria. “Esto tiene que ser una cacería salvaje”, dice en la película. “Lo que pasa es que usted quiere un escape grandioso. Lo único que le pido es que sea un poco más humilde”, dice uno de los hombres que le ayudan a huir.

“Una vez lanzada la orden de detención, más de 600 policías se dedicaron en Santiago a la búsqueda de Neruda”, informaba un diario de la época. Neruda y “La Hormiguita”, su esposa Delia del Carril, llegan a una casa en Los Leones. Corren peligro. Se cambian de domicilio durante la noche y se instalan en Vicuña Mackenna. En el pequeño departamento de Víctor Pey, ingeniero catalán que llegó al país en el barco Winnipeg. “Yo llegaba con el almuerzo para los tres, luego partía y en la noche volvía con la cena”, dijo Pey, de 98 años, a un diario chileno. “Neruda se enojaba cuando se terminaba el whisky, que me encargaba junto con novelas policiales de la colección El Séptimo Círculo”.

Durante el día, Neruda escribía poemas contra el presidente, el ministro del Interior, el director de Investigaciones… “Eran cartas que debía depositar en diferentes buzones de la ciudad”, agrega Pey. Y esas escenas se muestran todas en la cinta. Chile a mediados de los 50. La nieve. La soledad.

El desenlace de esa época de su vida pareció haberse preparado para un final cinematográfico. Febrero de 1949: Neruda, con identidad falsa, con el nombre de Antonio Ruiz Legarreta, de profesión ornitólogo, sale de Chile por el sur, rumbo a Argentina, a caballo, en una travesía que luego recordará en su discurso al recibir el Premio Nobel, en 1971: “Todo era a la vez una naturaleza deslumbradora y secreta y a la vez una creciente amenaza de frío, nieve, persecución”.

, Neruda fugitivo: los días tristes del poeta, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/neruda-fugitivo-los-dias-tristes-del-poeta-articulo-674824, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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