Nelson Pinedo aprendió a hablar inglés por correspondencia. Era la década del 50 y él, ya con algo de reconocimiento local en el ámbito barranquillero, quería marcar la diferencia con otros cantantes de orquestas de música tropical. Pensó que el idioma podía ser un elemento especial y que podría convertirse, con el paso de los días, en algo inusual y característico.

Las clases debían, por un lado, ajustarse a los complejos horarios de ensayos y grabaciones de la agrupación; y por otro, debían ser impartidas por maestros foráneos, así que tuvo que recurrir a las lecciones a distancia y a través del medio epistolar. Cartas en inglés iban y venían con el destinatario o remitente de Napoleón Nelson Pinedo Fedullo. La disciplina aprendida durante el ejercicio musical lo ayudó a sacar ese otro ejercicio adelante.

En su natal Barranquilla se propagó la noticia de que existía un cantante con la facilidad interpretativa en más de un idioma. Ese aspecto empezó a descrestar a productores, directores y empresarios del medio artístico nacional y extranjero. Muy pronto Pinedo no solo se hizo conocer por su voz naturalmente engolada y por el sabor al asumir cualquier letra, sino por ser capaz de narrar historias en español y en inglés con una facilidad asombrosa.

Con el inglés como dominio, Nelson Pinedo asumió otros retos y se concentró en el aprendizaje de la fonética de lenguas con mayor complejidad. También superó el reto y su fama se propagó con rapidez, tanto así que una orquesta de reconocimiento internacional como Serenata Tropical de Cuba, que visitó la capital del Atlántico en 1957, lo contactó para que hiciera parte de su fila delantera.

El cantante colombiano se matriculó en ese conjunto pensando que tal vez su estadía en La Habana, uno de los ejes más importantes para el desarrollo de las sonoridades latinas, sería transitoria y que su garganta no podría entrar en competencia directa con eso que se conocía en ese entonces y que se conoce hasta nuestros días como la cubanía. Pinedo no dimensionó su talento y de la Serenata Tropical de Cuba pasó a la Sonora Matancera, orquesta con la que se inmortalizó.

La Sonora Matancera, colectivo creado en los años 20 para explorar con generosidad los aires más variados de América Latina, fue el techo seguro en el que se resguardó Nelson Pinedo, quien buscó las herramientas para no desentonar en una agrupación en las que habían hecho historia nombres muy legendarios para la música en español.

Revisar el historial del grupo es entrar en detalle en una competencia artística en la que no se puede establecer con facilidad un ganador genuino. Las estrellas de la Sonora Matancera se multiplican en varios dígitos y el talento de quienes asumieron el liderato orquestal con sus voces resulta ser una ecuación compleja de evacuar.

Cubanos y puertorriqueños, en su mayoría, marcaron la pauta en esta banda de estrellas luminosas. Sin embargo, dentro de los destellos con acentos foráneos se cuenta a un colombiano que se encargó de acercar el repertorio de su país a una agrupación de talla mundial. A cualquiera de los demás integrantes de la Sonora Matancera le hubiera costado trabajo conocer de primera mano las propuestas musicales de esta porción del continente, pero para Nelson Pinedo eran parte de un menú conocido.

Su experiencia al frente de orquestas en Barranquilla le proporcionó el bagaje suficiente para establecer cuáles eran las canciones que podían interpretarse en otras naciones sin problema. Y más allá, Pinedo tenía la claridad mental para saber qué tipo de historias eran comunes en todos los países de habla hispana. Por eso se convirtió en el embajador de Colombia dentro de ese gran país llamado Sonora Matancera.

Él llevó las letras y las partituras de muchos compositores del Caribe colombiano y del interior del país y logró que relatos locales tuvieran impacto internacional. Una de las interpretaciones más contundentes de Pinedo fue Me voy pa La Habana, original de José María Peñaranda, el mismo creador de El caimán. El tema en su primera versión tenía el título de Me voy pa Cataca, una alusión directa a Aracataca, Magdalena, población en la que el autor aprendió a desplazar sus dedos sobre los botones del acordeón. El cantante, al entender que la expresión Cataca no sería fácil de entender para el mercado foráneo, modificó la letra y la puso en sintonía con el éxito del que gozaba por ese tiempo en la capital de la mayor de las Antillas.

La canción de Peñaranda fue rebautizada entonces como Me voy pa La Habana y de esa manera se transformó en un himno para la agrupación y en uno de los temas más solicitados dentro del repertorio en vivo de la Sonora Matancera. Fue un guiño coqueto y galante que tuvo Nelson Pinedo con el público que lo aceptó sin contemplaciones y lo aplaudió con la misma intensidad con la que aprobó las actuaciones sobre las tablas de Celia Cruz, Bienvenido Granda, Daniel Santos, Celio González, Laíto Sureda, Miguelito Valdés, Bobby Capó, Leo Marini y Carlos Argentino, entre muchas otras figuras de renombre.

Con Nelson Pinedo, Colombia tuvo un representante vital dentro de la interpretación de la música en América Latina. Su garganta fue un distintivo absoluto, pero él siempre fue más allá de la puesta en escena y con su cabeza consiguió potenciar las propuestas de los compositores nacionales. El mencionado Peñaranda no fue el único que se benefició con su presencia dentro de la Sonora Matancera. Álvaro Dalmar, José Barros, Efraín Orozco y muchos otros cronistas de nuestra realidad nacional tuvieron la oportunidad de exhibir sus talentos letrísticos a través de la garganta del barranquillero.

En la madrugada de hoy, a los 88 años, falleció Nelson Pinedo en Venezuela, tras permanecer 17 días internado por cuenta de un accidente cerebrovascular. En su voz quedan para la historia célebres interpretaciones como Momposina, Señora bonita, Me voy pa La Habana y La esquina del movimiento. Permanecen también los dos sobrenombres con los que se le identificó por muchos años: El Almirante del Ritmo y El Pollo Barranquillero. Hoy toman más importancia su labor como embajador de la música colombiana y su poder para contar historias propias con repercusiones generales. Nelson Pinedo, por fortuna, sí es de por aquí y el mundo disfruta de su legado en tonos mayúsculos.

, Nelson Pinedo, la nieve del Almirante, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/nelson-pinedo-nieve-del-almirante-articulo-662578, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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