Esta imagen es uno de los registros del performance Una cosa es una cosa (1990) de María Teresa Hincapié (Armenia, 1956-2008), pionera del trabajo con el cuerpo en el ámbito artístico. Se inició como actriz de teatro y esa experiencia resultó vital para sus posteriores apuestas performáticas. Sus acciones se destacaron por la maestría y seriedad con la que fueron ejecutadas y, sobre todo, por el discurso crítico que constituyeron. Una cosa es una cosa (1990) es un performance emblemático por la manera como destruye la delgada línea que separa el arte y la vida, y además porque fue la obra que ganó el XXXIII Salón Nacional del Artistas (1990).

En Una cosa es una cosa, Hincapié organizaba metódicamente —durante un tiempo que parecía nunca acabar— objetos cotidianos en el piso. Con el carácter de una meditación, la artista disponía sus pertenencias dando forma a una especie de espiral. El acto lentamente iba construyendo un relato visual a partir de las conexiones entre los objetos mismos. La concentración y el carácter de cada gesto entregaron al performance un sentido sagrado en el que se hacía un fuerte señalamiento del valor simbólico y afectivo que tienen las cosas en la vida rutinaria de las personas. Bien lo señaló el crítico José Hernán Aguilar en el catálogo de Ante América en 1992: “Resultaba impresionante la intensidad que proyectaba en sus presentaciones”.

, Memoria del performance “Una cosa es una cosa”, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/memoria-del-performance-una-cosa-una-cosa-articulo-661343, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental