En su experiencia, ¿cómo escribir sobre la realidad de Medellín, una ciudad tan azotada por la violencia, sin caer en los extremos de la crónica roja o la crónica rosa?

La verdad es que yo sí he caído en los extremos de la crónica roja. Fue esencial en mi trabajo como periodista desde cuando empecé en este oficio a mediados de los años 80. Fue mucha la crónica roja que escribí en el diario El Mundo, donde por cuatro años tuve a mi cargo la página de sucesos de policía y orden público; crónicas en las que por lo menos había un muerto, sangre en todo caso. Y tenía mucho por hacer, trabajo no faltaba, porque Medellín realmente ha sido como usted dice: una ciudad azotada por la violencia. Y la violencia es sangre, es crónica roja. No es un tema que yo haya tenido que buscar, es el tema el que ha salido a buscarme. Claro que en buena parte ha sido también decisión propia. Me gusta el género de la crónica roja, que entre otras cosas ha tenido excelentes cultores, empezando por Truman Capote. Y eso es porque en el trasfondo de la escena de un crimen o un hecho de sangre siempre hay una o varias historias esperando al cronista; historias en las que hay una trama y están involucrados los sentimientos y las pasiones humanas, el destino de las personas, la realidad política incluso, que son realmente los temas de la buena crónica roja. Los crímenes y la sangre son apenas el pretexto.
Me pregunta también por la crónica rosa, entendida como aquella que aborda las muchas cosas bellas y destacables que tiene Medellín, la crónica que no habla de sangre y esconde la basura bajo la alfombra. Bueno, este tipo de crónica es válida, necesaria para mantener la dinámica de la ciudad, pero a mí no me interesa. Prefiero asomarme a la anomalía, meterme por los vericuetos para ver el lado oculto de la luna. Salvo una vez, que me contrataron para hacer los textos de la guía turística de Medellín. Ahí si no me podía meter en los vericuetos sino hablar de las cosas destacables y bellas.

En líneas generales, ¿qué opinión tiene sobre la literatura y el periodismo que versa sobre la vida y la muerte en Medellín? ¿Se cayó en el cliché de verla como el nido del narcotráfico?

Los clichés son funcionales al mercado editorial y periodístico, porque son los productos más fáciles de hacer y de vender, no necesitan explicación ni contexto sino simplemente alimentar un imaginario, una idea preconcebida, que en el caso de Medellín es el de ciudad de narcos y traquetos, la ciudad donde germinó y creció el mito Pablo Escobar, y donde las mujeres son felices poniéndose tetas de plástico, casi siempre pagadas por un traqueto. Lo cual es cierto, obviamente, y justo por eso es que el tema tiene tanto gancho. Pero no han sido el periodismo y la literatura los que más y mejor han alimentado esos imaginarios, incluso en no pocos casos han abordado el tema en toda su complejidad y seriedad, más allá de los clichés. Son las producciones audiovisuales, las películas y series de televisión las que en los últimos veinte años más provecho han sacado de los clichés de la violencia, el narcotráfico y las tetas de plástico, salvo muy contadas excepciones.

En las crónicas de Medellín es así se percibe el amor que usted siente por esa ciudad. ¿Cuáles han sido sus relaciones vitales con esa urbe? ¿Qué elementos hacen parte del alma de la ciudad, en su opinión?

Yo he pasado casi toda mi vida en Medellín, pero no soy de Medellín. Yo soy de Riosucio, Caldas, donde pasé ni adolescencia e hice mi bachillerato, y uno es de dónde hizo el bachillerato. Y esto lo menciono porque lo considero un elemento importante en mi relación vital con esta urbe. Como no nací acá, no me he asumido del todo como parte de la ciudad, no me identifico con ninguno de sus barrios. Como otros pueden decir: soy de Manrique, de Belén, de El Poblado, yo no puedo hacerlo. Tal vez por eso siempre he tratado de vivir lo más cerca del centro. Ni siquiera me siento un hincha genuino del Independiente Medellín, me siento como un hincha prestado. Y creo que esa relación marca también la naturaleza de las crónicas que he escrito, en las que mi mirada de la ciudad es desde afuera, siempre ha habido una distancia, que sin duda ha sido provechosa para mis crónicas, viéndolo por el lado positivo.
Sobre la pregunta por el alma de Medellín, realmente es una pregunta sobre cómo veo y siento a la gente de esta ciudad, porque el alma de una ciudad es su gente. Me parece una gente admirable, por lo general alegre, despierta, extrovertida, de buen humor, físicamente bonita; gente cariñosa, madrugadora, echada para adelante, que aprecia el dinero más de la cuenta y se aferra mucho a sus valores regionales, y muy especialmente a la propiedad privada. Tal vez esta última cualidad, sumada al regionalismo endémico que padece, la ha hecho también gente capaz de tensar los extremos y no medirse para lograr sus propósitos. “Vamos pa´ las que sean”, es un dicho de mucho uso en el vocabulario paisa, y que seguramente está en el origen de los dos fenómenos más significativos en la historia de la crónica roja del país: el narcotráfico y el paramilitarismo, que tuvieron en Medellín su nicho fundacional. Hace poco un amigo me dijo, medio en chiste y medio en serio, que en Medellín no hay mediocres: o son muy buenos o son muy malos. Lo dio en relación con la muerte y a propósito del bello homenaje póstumo que la ciudad le rindió al equipo Chapecoense en el estadio Atanasio Girardot, donde la gente mostró sus mejores sentimientos y su capacidad de solidaridad con las familias de los futbolistas fallecidos. Pero otras veces, muchísimas, también ha mostrado lo contrario: los mayores exabruptos contra la vida. El número de víctimas de las balas y las bombas del narcotráfico es alarmante, alcanzaría para conformar más de 500 equipos de fútbol con suplentes y todo. Pero esos muertos no han llenado estadios, los llora cada familia y luego se diluyen en las aguas del imaginario colectivo. La excepción fue el crimen contra Andrés Escobar, el futbolista del Atlético Nacional, le cobraron un autogol que metió en el mundial. Esa víctima también llenó el estadio. Así es Medellín. 

, Medellín es así, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/medellin-asi-articulo-672194, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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