Si uno se deja llevar por sus melodías, sus armonías y (llamémoslo así) sus efectos sonoros, las obras de Maurice Ravel sugieren mundos fantásticos. Este compositor francés, que nació en 1875 y murió en 1937, sintió una gran fascinación por los recuerdos de su propia infancia y su obra, en efecto, a menudo delata una gran sensibilidad y su pasión por la fantasía y el mundo de los sueños. Lo anterior daría a entender que se trata de un compositor que se dejó llevar por la imaginación, al que las notas y los acordes le brotaron por generación espontánea.

Sin embargo, si se observa atentamente la estructura de sus obras, en ellas los expertos siempre han visto el resultado de un trabajo riguroso, minucioso, cerebral, muy lejano del estereotipo del artista que se deja inspirar por las musas. Un rigor y una precisión de relojero suizo, como lo señaló el compositor ruso Igor Stravinski. En su obsesivo afán por encontrar la perfección, a Ravel le costaba mucho trabajo el ejercicio de la composición, lo que explicaría en parte que su catálogo de obras escritas en más de 40 años de vida activa como compositor no sea muy extenso.

Esa búsqueda de la perfección trajo consigo que algunos críticos hayan considerado su música como “vacía, fría o artificial”. Lo anterior no fue problema para Ravel, quien jamás negó su interés por los artificios y los mecanismos. A ellos les respondía con la siguiente pregunta: “¿Acaso la gente no puede hacerse con la idea de que yo sea artificial por naturaleza?”.

Artificios, mecanismos, como se les quiera llamar, que de todas maneras cuentan con una gran capacidad de emocionar, evocar, de generar atmósferas muy alejadas del mundo de los relojes y las máquinas. Tan es así, que algunos han llegado a considerar a Ravel como un compositor impresionista (calificativo del que tanto él como Claude Debussy renegaron), y no hay nada más alejado del mecanicismo, la ingeniería y las leyes de Newton que el impresionismo. En fin, críticos propietarios de verdades reveladas y juicios implacables siempre ha tenido la sacrosanta iglesia de la llamada música clásica. (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Lo cierto es que Ravel se destacó tanto en la música para piano y de cámara como para grandes orquestas. De hecho, se le considera el más grande orquestador de la historia de Francia y realizó transcripciones para orquesta de varias de sus obras para piano, así como de otros compositores, en particular su muy célebre versión orquestal de Cuadros de una exposición, de Modest Mussorgsky. 

Maurice Ravel es un compositor tan difícil de clasificar, que la mejor manera de salir del paso es citar un listado de sus innumerables influencias. Entre ellas se citan la música del País Vasco, donde nació y de donde era originaria su madre; la música española; Grecia y el Oriente; la música gitana; el jazz; su maestro Gabriel Fauré; el clasicismo francés de Francois Couperin y Jean-Philippe Rameau; clásicos y románticos de diversas latitudes como Mozart, Schubert, Liszt, Borodin… Eso hace que su música, al –supuestamente– deberle tanto a tantos, suene tan original y única. Una música escrita en un momento determinado de la historia (el comienzo del siglo XX), pero que suena como si viniera de épocas muy diferentes y de lugares muy distantes unos de otros.

Una música que, a pesar de no haberse salido casi nunca del marco de la tonalidad en tiempos de Schoenberg, Berg, Webern y el mismo Stravinski, se oye muy vanguardista, muy moderna, a pesar de su anclaje con estructuras propias de siglos anteriores.

En el Cartagena Festival Internacional de Música, dos recitales estarán dedicados a la obra de Ravel. Uno de ellos, a composiciones para piano. El otro, a su música de cámara (ver recuadro). Estos dos conciertos les permitirán a los oyentes o bien aceptar la hipótesis de que, en efecto, Ravel se comportaba como un relojero y por eso sus obras carecen de vida o, por el contrario, que estas sí dejan volar la imaginación y le dan una nueva dimensión al mundo de los sueños. O, mejor aún, concluir que la relojería siempre ha ido de la mano de la fantasía y los sueños, tal como lo demuestran esos viejos juguetes de cuerda que tanto añoramos.

, Maurice Ravel, el más grande orquestador de la historia de Francia, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/maurice-ravel-el-mas-grande-orquestador-de-historia-de-articulo-673954, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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