El escritor contempla varios rostros de la condición humana y la realidad. Une cada retazo con paciencia y esmero a través de cada palabra elegida de forma soberana. Por eso, Sabato, cuando se refiere a los grandes escritores, dice: “La grandeza implica la totalidad. Un gran escritor como un Cervantes, un Shakespeare que ven todos los costados de la raza humana.”

Con esta firme empatía en la ciudad de Treveris, (Alemania) uno de los ocho hermanos de la Familia Marx leía de forma voraz toda la literatura que podía. Aspiraba estudiar literatura y  filosofía. Justamente, durante los primeros años que marcan el inicio de la vida adulta, tenía el profundo anhelo de escribir. Pese a ello, y por presión de su padre, Karl Marx ingresó a la carrera de Derecho en 1835, a la edad de 17 años. Durante sus ratos libres en la Universidad de Bonn escapaba al Club de Poetas. Fue una de las primera formas de aproximarse a la humanidad. Cada fragmento narrativo suponía una pista reveladora en su búsqueda por comprender la realidad.

En 1837, siendo estudiante universitario, envió una carta a su padre justificando su gusto por el arte en general, su asistencia a algunas lecciones de literatura y un sólido deseo de escribir. “Dado mi estado de espíritu de aquellos días, tenía que ser la poesía lírica, necesariamente, el primer recurso a que acudiera, o por lo menos el más agradable e inmediato”. En su escritorio, y bajo el cielo nocturno de su residencia universitaria, el joven emprendió sus aventuras creativas en los géneros del teatro, poesía y novela humorística. Y en sus desvelos literarios descubrió a Shakespeare, Goethe, Friedrich Schiller, E.T.A. Hoffman, Laurence Sterne, Heinrich Heine, sus autores predilectos.

Marx encontró su juventud escribiendo. Era una forma de nacer, buscar y rebelarse. Una especie de protesta oculta contra su padre, el abogado Heinrich Marx, convencido de que estudiar Derecho era lo más adecuado para la vida futura de su hijo. Decidido a ser escritor, le dio vida a diecinueve poemas, la novela humorística Escorpion y Félix y un drama inconcluso titulado Oulanem. También tradujo la Germania de Tácito, los Libri tristium de Ovidio. Y de forma autodidacta inició estudios de gramática, inglés e italiano.

La mayoría de sus escritos están dedicados a Jenny Von Westphalen, hermana del ministro de interior prusiano, amiga de infancia, y para entonces, su prometida. Los poemas de un Marx enamorado fueron escritos entre 1836 y 1840. “Amor es Jenny, Jenny es nombre de amor…¡Ah!, ahora estas páginas pueden volar acercándose a ti, temblando, una vez más. Mi espíritu ha descendido por tantos temores y desgarrado dolor. Me engaño a mí mismo, me extravío a lo largo de los más audaces senderos.” La selección de estos poemas se titulan, Cantos para Jenny.

Otra persona a quién destinó su ejercicio creativo fue su padre. “Querría abarcarlo todo, poseer los dones más hermosos de los dioses, penetrar en los secretos de la ciencia,disfrutar de los arcanos de las artes.No hay límites aun a mi osadía que me empuja a un cansancio interminable..No quiero vivir medrosamente soportando el temor a yugos mezquinos: se aviva cada día en mis entrañas el fuego del deseo, del afán y de la acción.”

Escribió la novela Escorpión y Félix en 1837, aunque solamente se conservan varios capítulos. Algunos críticos han sugerido que es posible rastrear en la trama narrativa ciertas discusiones frente a la filosofía de Locke, Fichte, Kant y Hegel. Por otro lado, en 1839 escribió de forma inconclusa la obra de teatro Oulanem, la historia ocurre en un pueblo italiano, allí se desarrolla un pacto entre el personaje y el diablo. 

Pese al compromiso literario de Marx, ninguno de sus escritos fueron publicados. Para el caso de Oulanem, Marx describió que fue un intento de drama fantasioso que no tuvo éxito. Él se encargó de quemar varias de sus producciones literarias. Sólo mucho tiempo después de su muerte, algunas obras fueron recuperadas y publicadas. Por ejemplo, en castellano la traducción de una parte de este material se llama Cantos para Jenny y otros poemas. 

A los 19 años, el entusiasmo de Marx por estudiar literatura se había desgastado. Cierta noche de 1837 decide escribir hasta la madrugada una carta a su padre. En ella señala una etapa crítica de su juventud y un momento vital para cambiar el rumbo. “Hay momentos en la vida que se sitúan como señales fronterizas ante una etapa recorrida, pero que al mismo tiempo señalan con determinación en una nueva dirección”.  El documento retrata a un Marx reflexivo en términos filosóficos, esboza disertaciones generales sobre diferentes temas. En general, expresa una necesidad por buscar una nueva filosofía, ya que el idealismo kantiano y fichteano no le convencían y señala su afinidad con algunos planteamientos de Hegel. Por eso, no sorprende que al final de la carta haya insinuado su deseo de abandonar el Derecho e iniciar estudios de filosofía.  La carta es un punto de quiebre entre el Marx enamorado del arte y el Marx filósofo.

“No puedo encontrar la paz, por eso la obsesión de mi alma. Nunca ha tenido objeto mitigarme; debo presionar sin descanso…No me puedo conformar con la vida, no viajaré con la corriente”. Marx citaba que el fin de su creación literaria consistió en la llegada de nuevos dioses en su camino: Hegel y Heinrich Heine. Este último fue escritor y simpatizante del socialismo utópico, considerado para Marx un exiliado romántico.

Luego del fallecimiento de Heinrich Marx en 1838, el 10 de mayo de ese año, Marx decidió inscribirse en la Universidad de Berlín. Antes de ser uno de los pensadores revolucionarios más importantes, dedicó sus horas juveniles e íntimas a la literatura. Luego, y siendo filósofo, se convertiría en el padre del materialismo histórico. Aquel hombre comprendió la explotación de los obreros y el poder del capitalista. Esbozó el peso de las relaciones y los modos de producción para comprender la realidad. Parte de su revolución consistió en develar que el capitalismo era una fase y no un fin. Entonces la humanidad podía sublevarse para construir un modo de producción más justo, equitativo y digno. 

Sin duda alguna, sus aportes contribuyeron al desarrollo del pensamiento humano. Hay quienes han hecho del marxismo una militancia, incluso una especie de dogma inamovible. Otros, los más poderosos han perseguido esta ideología, intentado extirparla hasta el último rincón del planeta. Lo común de estas dos facciones es que han convertido su devoción o aversión por el marxismo en una verdad absoluta. En cierto modo, conocer a un Marx escritor y poeta significa una pequeña tregua, más allá de cualquier intención radical.

Para 1843, Marx había contraído matrimonio con Jenny von Westphalen y para aliviar sus responsabilidades económicas nunca dejó de escribir. Fue redactor y colaborador de varios periódicos como: Die Revolution (New York), New York Daily Tribune, People”s Paper, Das Volk (Londres), Rheinische Zeitung de Colonia. Incluso inició varios proyectos para fundar algunas revistas, sin embargo tuvo que vender parte de sus muebles para financiarlos.

Quizás, leer y escribir se trataba de una búsqueda interior, la gran contemplación de sí mismo y el entorno. Una rebelión individual que trascienda al espíritu colectivo. Decía Marx, “para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita, pues, que ante todo le quede tiempo para poder crear y gozar espiritualmente.”
 

, Marx, el literato desconocido, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/marx-el-literato-desconocido-articulo-673958, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

Jose Raul Lopez Daza – protección ambiental