Ser zurdo, en este mundo de diestros, es casi como tener una discapacidad. Ser diestro es sinónimo de ser hábil, los zurdos somos siniestros. Por eso hay toda clase de artículos, accesorios, adaptaciones e impedimentos para nosotros. Nos paramos de la cama con el pie izquierdo, escribimos torcido, usamos mal las tijeras, nunca hay puestos para zurdo en las universidades, bailamos con dos pies izquierdos, manejaríamos divinamente en Inglaterra, pero acá no. Hace un par de días, conversando con Pablo López, lutier y coordinador académico de los Centros de Lutería e Instrumentos de Viento, una periodista le preguntó cómo diferían un violín para diestros y uno para zurdos, y si había orquestas zurdas. López sonrió y dijo que los zurdos aprenden a tocar como diestros y que no hay orquestas así. (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Pocos lo saben, pero los zurdos somos una cofradía, como los fumadores (nunca he visto que se nieguen lumbre entre sí) o los ciclistas (tampoco he visto el primero insensible ante un hermano pinchado) y nos estamos preparando para conquistar el mundo. Pero mientras llueven sapos y los zurdos nos volvemos mayoría, ya tenemos el concertino de la nuestra orquesta sinfónica futura: Martial Gauthier, jefe de segundos violines de Les Siècles, orquesta residente del Cartagena XI Festival Internacional de Música.

¿Cómo fue su época como estudiante de violín? ¿Sus profesores de adaptaron para enseñarle a tocar como zurdo o usted desarrolló una manera de adaptar sus indicaciones?

Yo empecé a tocar violín cuando ya estaba relativamente grande, tenía nueve años. La primera vez que cogí un violín fue en casa. Mi padre tenía un violín grande, de adultos, y lo cogí naturalmente con la mano derecha. Empecé a tocar pequeñas melodías que sacaba de oído. Cuando fui al conservatorio recibí un violín de mi talla, mi padre simplemente cambió el orden de las cuerdas y mi primera profesora dijo “Bueno, ¿por qué no?”. Luego de unos meses, ella llamó a su profesor, porque ella era joven y temía estar equivocándose, así que lo llamó y él le dijo “¡No deberías hacer eso! Porque si ese niño se hace profesional nunca conseguirá trabajo!” Ella se preocupó y le dijo a mi padre “Intentémoslo de la otra manera” y durante dos semanas recomencé: fue una pesadilla. Rompí mi violín y le dije a mi padre “No voy a tocar más. Dame otra cosa, pero no el violín”. Era tan sencillo como lo hacía antes que no entendía por qué tendría que hacerlo del otro modo. No era natural. Mi profesora dijo “Bueno, será una estupidez si lo deja, así que volvamos a como estábamos antes”. Y nos acostumbramos a que cuando ella dijera izquierda, para mí era derecha y cuando dijera derecha, para mí era la izquierda. (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

¿Y no se confundía?

No. De hecho creo que es más fácil para un diestro enseñarle a un zurdo a tocar violín y viceversa. Lo he experimentado también como profesor. Es más fácil porque profesor y estudiante están en espejo. Por ejemplo, si quiero corregir el arco de mi estudiante, puedo hacerlo con mayor comodidad, porque con la mano con  que yo uso el arco, queda justo frente a la mano con que lo hace él. Y, lo que es más importante para mí, es natural para un zurdo el hacer eso. Hace unos diez años llegué a un conservatorio como profesor e hice un experimento con mis colegas: les dije que dejáramos un violín sobre una mesa y le pidiéramos a cada niño nuevo que llegara que cogiera el instrumento como quisiera. Los primeros dos tomaron el violín con la mano izquierda, el arco con la derecha y luego los cambiaron de mano. ¡Los dos primeros con que hicimos el experimento eran zurdos! 

Cuénteme sobre su primer violín zurdo…

Al inicio fue fácil, porque con un violín pequeño no cambias nada grande. Simplemente le das la vuelta al puente e inviertes el orden de las cuerdas. El único problema es  tocar el primer Fa de la cuerda Mi, porque tu dedo está muy cerca a la clavija, lo que es incómodo. Pero, para un violín así, está bien. Cuando necesité uno más grande se lo encargué a un lutier en Turquía, porque mi profesora era turca, y fuimos juntos a Estambul a que comprara mi primer violín. No era muy bueno, pero sí muy barato. Lo usé durante seis o siete años. Luego compré otro, era para diestros y lo hice adaptar. El que tengo acá es muy antiguo y también me encargué de que lo arreglaran, está todo cambiado por dentro.

¿Qué diferencias hay entre su violín y uno normal?

La primera diferencia es el clavijero, lo cambiamos para que las clavijas se intercalen en otro orden y siempre sea cómodo digitar. El puente lo rotamos, pasamos la barra armónica al otro lado de la tapa del violín y el alma pasó al lado contrario. Y, finalmente, la mentonera también cambió de posición.

Volviendo al comentario del maestro de su profesora, ¿alguna vez ha tenido dificultades consiguiendo trabajo en una orquesta por la manera en que toca?

De hecho, la primera vez que tuve una dificultad fue al aplicar al Conservatorio de París. Fui a ver a una profesora y me dijo “No quiero enseñarte”, yo tenía 18 años y fue terrible para mí. Realmente quería estar en su clase porque ella era una buena profesora. Pero fui a ver a otro profesor y dijo que no tenía problema. Luego, ser zurdo fue incluso mejor para mí. Porque cuando estás en un examen, concurso, lo que sea, todo el mundo te recuerda. Si tocas bien es bueno, si tocas mal, es malo. Ahora mucha gente me conoce por la manera en que toco y es la razón por la que me recuerdan. Durante diez años toqué en un cuarteto de cuerdas, después de graduarme, y yo era el único segundo violín que tocaba de esta manera. Así que en todos los concursos siempre me recordaban. “¡Ah! ¡El cuarteto Castagneri! ¡Es el cuarteto con el violinista zurdo!”. Como estuve todo ese tiempo tocando en un cuarteto, realmente nunca intenté entrar a una orquesta, nunca audicioné para una.  Lo que pasó con Les Siècles fue que François–Xavier Roth me llamó y me invitó a participar. Hace dos años me pasó algo curioso: un amigo mío, que es el concertino actual de la ópera de París, me llamó y me dijo “¿No te gustaría tocar con la ópera en un concierto sinfónico?“ Le pregunté si estaba seguro y me respondió que sí.  Le dije, “Recuerda, soy zurdo”, “No me importa. Nadie va a decir nada”. Era un concierto sinfónico, televisado y todo. Así que hace dos años yo fui el único violinista zurdo en la ópera de París. Esa vez toqué como primer violín, perdido entre las últimas filas, pero fue muy divertido porque todos fueron muy gentiles conmigo y hace veinte años habría sido imposible hacer eso.

¿Alguna vez ha tenido dificultades acomodándose en el espacio con los otros músicos?

A veces, pero con Les Siècles eso no es problema  porque siempre tocamos afuera del foso y estoy al frente. Para mí es mejor incluso, porque por la manera en que acomodo mi violín, el sonido se proyecta directamente al público, mientras que el de los otros segundos violines sale hacia el pasillo.

Una de las razones por las que Les Siècles es conocida es por usar instrumentos acordes a la época del repertorio que están interpretando. ¿Ha adaptado violines de diferentes épocas para tocar con la orquesta?

Sí, la mayoría de nosotros tenemos dos violines y dos o tres arcos (barroco, clásico y moderno). Algunos tienen tres violines, pero eso es muy costoso. Yo tengo dos: uno para repertorio de los siglos XIX y XX, simplemente cambio la cuerda Mi, y para el repertorio clásico y barroco tengo otro violín que siempre tiene buen encordado. Ese violín tiene las mismas adaptaciones que el moderno.

¿Tiene alguna anécdota curiosa que le haya pasado por tocar como zurdo?

¡Sí! En Francia, para enseñar, necesitas un diploma que se llama Certificado de Aptitud. Y cuando yo toqué para los estudiantes y les hablé, el jurado estaba ahí y nadie me preguntó sobre cómo toco. Lo que me pareció muy extraño. Porque, como profesor, el jurado ha debido preguntarme “¿Por qué tocas así? ¿Qué deberías hacer si tuvieras un estudiante zurdo?” Y fue  chistoso porque estaba seguro de que me iban a preguntar algo y ni siquiera sé si lo notaron. Otra anécdota es que cuando tocaba con el cuarteto de cuerdas fuimos a una competición, el Concurso de Cuartetos de Cuerda de Londres y el Cuarteto Castagneri tuvo el segundo lugar. Yehudi Menuhin era el presidente del jurado por ese entonces, y quería que obtuviéramos el primer puesto, así que estaba muy molesto con los otros jurados. Al final, durante los resultados, dijo “En mi opinión, el cuarteto del segundo lugar ha debido tener el primer puesto. Y todos los segundos violines deberían tocar de la manera en que Martial Gauthier lo hace”.  ¡Fue un honor para mí!

, Martial Gauthier, el violinista que es zurdo, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/martial-gauthier-el-violinista-zurdo-articulo-674186, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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