Un Manuel de Falla equivale a cien pesetas. Sin embargo y para hacer justicia, el compositor español representa mucho más que eso para el desarrollo de la música. Los billetes con su estampa circularon con rapidez por la península desde 1965 hasta la instauración del euro, pero nunca lograron la penetración que obtuvieron sus creaciones, en las que potencializó la esencia de su nación mezclando sus raíces gaditanas con los más exigentes cánones del arte académico. De Falla tuvo la suficiente visión para entender que las fronteras en la música son tan relativas como la descripción de los colores, pero también fue consciente de que con su talento debía reflejar el entorno. Y esa fue la principal característica de su pentagrama.

Por cuestiones caprichosas y de sonoridad, sin duda su más profunda inquietud, Manuel María de los Dolores Falla y Matheu pasó a llamarse simplemente Manuel de Falla en 1899, cuando tenía 23 años y ya había participado en la gestación de proyectos periodísticos como El Burlón y El Cascabel, con lo que agudizó su tinta y conoció la realidad social de su natal Cádiz. Algunas experiencias tempranas en la música, un ojo crítico, la sensibilidad suficiente para relatar la cotidianidad y su completa formación profesional en el conservatorio, complementaron el marco para que el compositor lograra impactar en el espectro artístico.

Faltaba, tal vez, un ingrediente y ese se lo fue dando la vida. Con el paso de los años Manuel de Falla se rodeó de talento y compartió largas jornadas de tertulias con Federico García Lorca, Pablo Picasso, Joaquín Turina, Claude Debussy, Maurice Ravel, Isaac Albéniz, Ricardo Viñes, Ígor Stravinski y Luis Buñuel, para solo mencionar algunos, y muchos de ellos le aconsejaron un diálogo interno para encontrar su propia voz. Él hizo caso y en su interior halló un legado indeleble del cante jondo y una comunicación directa con el duende del flamenco, pero también pudo establecer una inclinación sólida hacia los grandes clásicos, así que se dejó llevar y a través de su figura permitió la fusión de dos corrientes hasta ahora distantes.

Sin marchas forzadas ni intencionalidades rebuscadas, el compositor creó obras como “Siete canciones populares españolas”, “El sombrero de tres picos”, “Serenata andaluza para violín y piano”, “La Juana y la Petra”, “Cortejo de gnomos’, “Los amores de Inés”, “Limosna de amor”, sin olvidar “La vida breve” y “El amor brujo”, con las que alcanzó el mismo renglón de todos esos grandes a los que admiraba. El billete con la figura de Manuel de Falla es ahora una pieza de colección pero su música sigue circulando sin barreras, incluso después de su muerte ocurrida el 14 de noviembre de 1946. Hace 70 años Manuel de Falla se fue y su valor supera, y con intereses, las cien pesetas.

 

, Manuel de Falla, "El brujo del pentagrama", http://www.elespectador.com/noticias/cultura/manuel-de-falla-el-brujo-del-pentagrama-articulo-665402, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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