La amante de los Buendía

Pilar Ternera, el arquetipo de la prostituta en Cien años de soledad, representa la búsqueda del amor esquivo. Hacía parte del éxodo que lideraron José Arcadio Buendía y su mujer, Úrsula Iguarán, en busca de una tierra en la que pudieran levantar cabeza.

De esa manera, camino a lo que sería Macondo, la familia Ternera pretendía separarla del hombre que la violó a los catorce años, la amó hasta los veintidós y nunca pudo llevarla al altar porque era casado.

Conocedora de los secretos adivinatorios de la baraja, Pilar ayudaba a Úrsula con las labores domésticas. Su estancia en la casa de los Buendía y su desparpajo feliz le permitieron ganarse la confianza de José Arcadio y Aureliano, los hijos de la pareja, que ya volantones empezaron a respirar aires apasionados.

El primero que quedó atrapado en su piel fue José Arcadio cuando Úrsula puso en conocimiento de Pilar Ternera una profunda preocupación. Lo vio desnudo y le pareció que poseía una dotación por fuera de lo normal, y así se lo hizo saber a su criada, que decidió llevar al joven al granero para leerle las cartas. La mujer lo tocó para verificar lo dicho por su madre y, sin hacerle insinuación alguna, exclamó: “¡Qué bárbaro!”.

“José Arcadio la siguió buscando toda la noche en el olor a humo que ella tenía en las axilas y que se le quedó metido debajo del pellejo”.

Días después, Pilar lo tocó con más libertad y lo invitó a buscarla por la noche. Ya en la oscuridad “se dejó llevar a un lugar sin formas donde le quitaron la ropa y lo zarandearon como un costal de papas y lo voltearon al derecho y al revés, en una oscuridad insondable en la que le sobraban los brazos”.

José Arcadio quedó prendado de ella y se lo contó a su hermano menor. Le habló del amor como “un temblor de tierra” y despertó en él una extraña forma del placer que jamás había experimentado. Pilar quedó embarazada y José Arcadio, atrapado en el terror de la paternidad, terminó saliendo del pueblo detrás de una gitana.

De nuevo la frustración del amor había tocado la puerta de Pilar Ternera. Se hizo madre soltera, tuvo otros dos de padres desconocidos y, de pronto, la vida le puso en el camino a otro Buendía.

En una borrachera por el amor difícil de Remedios Moscote, Aureliano llegó hasta su cama, alentado por la embriaguez de las palabras enamoradas de su hermano, y le dijo que había ido a dormir con ella.

“Buscó a Aureliano en la oscuridad, le puso la mano en el vientre y lo besó en el cuello con una ternura maternal”. Aureliano lloró inconsolable. “Ella esperó, rascándole la cabeza con la yema de los dedos, hasta que su cuerpo se desocupó de la materia oscura que no le dejaba vivir”. Al final, le prometió ponerle en bandeja a la niña Remedios, y así lo cumplió

Pilar Ternera fue madre otra vez de un Buendía. Con José Arcadio, por pasión, y con Aureliano, por compasión, los hijos de Pilar Ternera prolongaron la estirpe de los Buendía en Arcadio y Aureliano José.

Desde el primer embarazo, Úrsula la rechazó, la sacó de su círculo social y la alejó de la familia. Aun así, a lo largo de la novela, Pilar Ternera es una constante presencia, es una marca inevitable de los Buendía. La buscan por el olor a humo de sus axilas o por la necesidad de contarle a alguien las tribulaciones de la vida.

El hijo que tuvo con José Arcadio sintió deseos por ella. Era una “obsesión tan irresistible como lo fue primero para José Arcadio y luego para Aureliano. A pesar de que había perdido sus encantos y el esplendor de su risa, él la buscaba y la encontraba en el rastro de su olor de humo”.

Arcadio, sin conocer que se trataba de su madre, la esperó un día en su hamaca y la tomó a la fuerza por la cintura. Ella se negó y él le dijo que no se hiciera la santa. Pilar le prometió que se verían en la noche.

La mujer pagó con la mitad de los ahorros de toda su vida una muchacha virgen para su hijo y armó todo un escenario para simular que era ella. Se llamaba Santa Sofía de la Piedad. Arcadio supo que lo estaban engañando.

“Entonces comprendió que no era esa la mujer que esperaba, porque no olía a humo sino a brillantina de florecitas, y tenía los senos inflados y ciegos con pezones de hombre, y el sexo pétreo y redondo como una nuez, y la ternura caótica de la inexperiencia exaltada”.

Pilar Ternera terminó de matrona de prostíbulo y hasta allí llegó Aureliano Babilonia, el último de los Buendía, a llorar su amor por Amaranta Úrsula. Vivió más de 140 años y aunque había sido una pasión pasajera, fue, después de Melquíades, el personaje que más conocía los secretos de los Buendía.

El poder seductor de Petra Cotes

Aureliano Segundo y Petra Cotes protagonizaron el más feliz concubinato del que se tuvo noticia en Macondo. Vivieron una historia de amor como no hay ninguna otra en Cien años de soledad. Él, y su hermano gemelo, José Arcadio Segundo, se acostaron con ella, pero al final Aureliano Segundo habría de disfrutar hasta la vejez de su compañía delirante.

Se convirtió en un hombre muy rico porque al lado de Petra se multiplicaban de tal modo los animales que, cuando menos se dio cuenta, era dueño y señor de los más grandes hatos y las más productivas granjas de la región.

“… y más se convencía él de que su buena estrella no era cosa de su conducta sino influencia de Petra Cotes, su concubina, cuyo amor tenía la virtud de exasperar a la naturaleza”.

La llegada al pueblo de una reina intrusa llamada Fernanda del Carpio, que pretendía arrebatarle la corona a Remedios, la hermano de Aureliano Segundo, surgió como un escollo en el amorío con Petra Cotes. El reinado terminó en balacera y Aureliano Segundo rescató a la intrusa. Meses después se casó con ella.

A Petra la golpeó esa decisión, pero le decía a la gente que a ella las reinas le hacían los mandados. Aureliano Segundo nunca la dejó. La buscaba cada que podía. Le hacía falta esa entrega sin aspavientos, sin regaños, ese amor comprensivo de la amante que su esposa perdió cuando se creyó propietaria del otro por el peso de los papeles matrimoniales.

Fernanda vivía llena de remilgos, creencias y convicciones heredadas. Hasta poseía “un calendario con llavecitas doradas en el que su director espiritual había marcado con tinta morada las fechas de abstinencia venérea”. Por esa razón dormían en camas separadas, mientras pasaban las fechas peligrosas.
Aureliano Segundo vivía con Petra Cotes la felicidad del amor, la entrega sin condiciones, el calor del beso, la plenitud de la intimidad y el acompañamiento sincero. Petra no necesitaba ser reina ni esposa para ser la reina y verdadera mujer de Aureliano Segundo.

Fernanda supo de la infidelidad. Él le dijo que no estaba dispuesto a dejarla porque con Petra se multiplicaban los animales. Ella aceptó la decisión, pero nunca paró en la cantaleta, hasta que terminó agotando la paciencia de su marido. Aureliano Segundo permanecía casi todo el tiempo con Petra Cotes, hasta que su mujer le mandó las maletas. En lugar de entristecerse con la decisión, celebró con una fiesta de tres días.

“Aureliano Segundo volvió a entregarse a ella con la fogosidad de la adolescencia (…) Era tan apremiante la pasión restaurada, que en más de una ocasión se miraron a los ojos cuando se disponían a comer, y sin decirse nada taparon los platos y se fueron a morirse de hambre y de amor en el dormitorio”.

Ese amor habría de durar hasta la vejez. “Locamente enamorados al cabo de tantos años de complicidad estéril, gozaban con el milagro de quererse tanto en la mesa como en la cama, y llegaron a ser tan felices, que todavía cuando era dos ancianos agotados seguían retozando como conejitos y peleándose como perros”.

Petra Cotes y Aureliano Segundo simbolizan la infidelidad y ponen en entredicho la institución matrimonial. Para los dos, la pasión y las ganas del otro están por encima de los formalismos. Petra sabe que la ceremonia del amor se vive en los ardores de la cama, en los sabores de la mesa y en las luchas comunes de la cotidianidad de la vida. No le importa ser la concubina, porque se sabe dueña y señora de las explosiones más profundas de Aureliano Segundo.

*Subdirector de Noticias del Canal Caracol.

 , Macondo, a través de dos mujeres, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/macondo-traves-de-dos-mujeres-articulo-677957, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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