“Somos la voz de un pueblo que ha sido asesinado, golpeado y de sus tierras despojado. Somos la semilla que se siembra en el dolor y, que a  pesar de todo, va creciendo con amor. No soñamos con matar al que a nuestra gente mató pues buscamos la verdad estando lejos del rencor”.

Así empieza una de las canciones del grupo musical Cuerpos Gramaticales, conformado por jóvenes de la Comuna 13 de Medellín que se resisten a olvidar los escenarios violentos de los que fueron víctimas y, que en el arte, encontraron una manera pacífica de exteriorizar las heridas imborrables de la guerra.

Cada estrofa que componen es un grito que clama justicia, un llamado a la reconciliación y al perdón. Un jalón de orejas al Estado por su ausencia. Una voz de esperanza para las futuras generaciones que no deben olvidar, sino transformar su discurso. De eso se trata todo: de sembrar vida en donde alguna vez sólo hubo zozobra y desaliento, familias quebradas y lágrimas cargadas de rencor.

El grupo hace parte del proyecto AgroArte, una iniciativa que nació hace 14 años cuando tuvo cabida la operación militar urbana más grande de la historia del país: Orión.  Para ese entonces AKA, fundador de la iniciativa, creyó conveniente mezclar el arte con la siembra para hacerle catarsis al dolor que habían dejado las balas y los cuerpos desaparecidos durante aquellos cuatro días, entre el 16 y el 19 de octubre de 2002, que partieron la historia de Antioquia.

El momento exigía un despertar, una motivación que le permitiera a los sobrevivientes empoderarse y seguir luchando por los que ya no tenían voz. Así fue como AKA logró conformar una gran familia de grafiteros, músicos, bailarines y escritores que se reúnen a sembrar acelga, brócoli, maíz, albahaca, repollo, apio, plantas aromáticas, lechugas y yuca, mientras comparten emociones e historias. Mientras fortalecen el tejido social y se apropian de su territorio y la historia que les tocó vivir.

“El hip hop es el reportero del barrio. Al oler o saborear una planta pueden llegar recuerdos del viejo o la vieja que ya no están, de la medicina tradicional de la abuela, de los días de campo. Ahí, en la tierra, están las memorias y luchas, como también está el desplazamiento y los horrores de la violencia”, dice AKA.

Aunque esta iniciativa tiene un componente social muy fuerte, también tiene uno ambiental basado en una agricultura sostenible, libre de agroquímicos, que es utilizada para el autoconsumo de la misma comunidad. Fue así como todo empezó: ocho personas que sembraban y producían el 60% de su alimentación para ayudar a cuidar el medio ambiente y empezar a consumir responsablemente.

Por eso fueron invitados al Primer Foro Mundial de Ciudades Bajas en Carbono, organizado por ciudadanos, donde líderes nacionales e internacionales se reúnen para discutir el futuro de las urbes en temas como urbanismo, movilidad, hábitat,  arquitectura, agricultura y espacio público para hacerle frente al cambio climático.

La capital antioqueña fue elegida como sede del foro por su liderazgo en temas de tecnología, innovación y ciencia, pero también porque es la novena ciudad con más polución de América Latina y la más contaminada de Colombia, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). De ahí la importancia de apoyar las iniciativas sociales, de escuchar a los expertos internacionales y de construir una hoja de ruta para enfrentar los desafíos ambientales que se avecinan.

, Los raperos que siembran hortalizas en la Comuna 13 de Medellín, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/los-raperos-siembran-hortalizas-comuna-13-de-medellin-articulo-659847, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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