La reciente concesión del Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan y los múltiples homenajes acontecidos por la muerte de Leonard Cohen nos han permitido ser testigos de la confirmación, en pleno siglo XXI, de que la poesía y la canción tienen orígenes y destinos comunes y que, sin importar el tiempo y la latitud, nos han dado una voz y un lugar en el mundo. Basta nada más mirar el papel de los rapsodas en la Grecia antigua hasta los trovadores y juglares medievales para ratificar cómo en la edad moderna las relaciones entre la palabra y la música continúan siendo vehículos de comunicación que se atraen y se alimentan en sus búsquedas de estándares estéticos. (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Por eso no resulta extraño que los grandes poetas con sus más representativos poemas hayan influenciado de manera definitiva al desarrollo y la evolución de la música y esto no fue ajeno al esplendor de la Belle Époque y su tiempo. París, por esos días, se había convertido en la capital cultural, no solo de Europa sino del mundo, a finales del siglo XIX y comienzos del XX. La efervescencia que rondaba por sus calles, cafés, galerías y grandes salones dio origen a una sensibilidad y marcó el carácter de una época luminosa para humanidad.

Poetas y músicos eran protagonistas de aquella algarabía, de aquel entusiasmo y, por supuesto de toda esa fraternidad que desembocó en la escritura de poemas que perduraron y composiciones que todavía nos acompañan. Nos dejó, igualmente, unos estrechos vasos comunicantes entre sus artistas que hoy celebramos en encuentros como Poesía y música en la canción francesa de 1900.

¿En qué medida la poesía afianza la estética de un compositor tan importante como Gabriel Fauré el cual dio forma definitiva a la composición francesa llamada mélodie? Esta composición poético musical vino a afianzarse como una de las más originales, desplazando a aquella de origen germánico que había influenciado a Europa en casi todo el siglo XIX como lo fue el lied. Tanto el lied como la mélodie toman lo mejor del romanticismo pero poco a poco esta última va tomando su camino propio desprendiéndose de esa concepción de la naturaleza como epicentro de las emociones y la intuición.  (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Esta tendencia tendría en los primeros años del siglo XX su mayor consolidación con las canciones ravelianas inspiradas en algunos poemas de Mallarmé. Poco antes Gabriel Fauré al musicalizar a Víctor Hugo, Leconte de Lisle, Charles Baudelaire y Paul Verlaine había logrado cristalizar esa indisoluble e indeleble fusión entre las palabras y los sonidos. Por eso Maurice Ravel afirma que es Fauré quien logra desterrar el lied alemán al imponer la forma francesa al repertorio universal.

Por su parte el compositor Claude Debussy, devoto lector de Stephane Mallarmé puso música a uno de los más importantes poemas de la tradición lírica francesa: La siesta del fauno. Cuando Debussy pidió al poeta Mallarmé el respectivo permiso, este sorprendido respondió: “Yo pensaba que ya tenía música”. Sin duda este compositor supo leer los signos de un tiempo donde el diálogo con la literatura era fundamental para interpretar la condición humana y la comprensión y apreciación de la cultura.

También Francis Poulenc afirmaba que su mayor deseo es que se escribiera sobre su tumba “Aquí yace el músico de Apollinaire y Eluard. Ese sería mi mayor título de gloria” Este músico, lector incansable de la poesía francesa había encontrado un gran surtidor de imágenes líricas en las obras de los, aparte de los mencionados, en los poetas Paul Claudel y Louis Aragon y André Breton. Poulenc aseguraba que “la transposición musical de un poema debía ser un acto de amor, jamás un matrimonio de conveniencia”. Una breve canción debía asimilar toda la fuerza del poema para decantarlo y ofrecerlo en comunión. Asimismo Henri Duparc, también considerado uno de los mejores melodistas franceses, se aventuró a reinventar el famoso poema de Charles Baudelaire “L’invitation au voyage” (La invitación al viaje) convirtiéndose en uno de los grandes melodistas franceses.

Ya en el siglo XX la canción francesa nos dejó figuras fulgurantes como Édith Piaf, Jacques Brel, Georges Brassens o Gilbert Becaud que supieron innovar esa tradición que habían heredado. Así esta canción ha viajado por todo el siglo XX para llegar al XXI vigorosa, novedosa y llena de nuevos ritmos y versos que nos siguen dando un lugar de dignidad en el mundo.

, Los poetas de la canción francesa, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/los-poetas-de-cancion-francesa-articulo-673742, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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