Recientemente, una de las noticias más celebradas en el mundo de la conservación fue la ampliación del Monumento Nacional de Papahānaumokuākea, Hawai, Estados Unidos, como la reserva marina más grande del mundo. Un santuario natural que cuadriplicó su tamaño para pasar a tener tres veces el área de España y proteger alrededor de 7.000 especies marinas, de las cuales una cuarta parte es endémica de la zona.

Pero, más allá de ser la isla natal del presidente Obama, el escenario de una de las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial y resguardar una de las especies más antiguas del planeta, los corales negros, el “alboroto” por la declaración de la reserva marina más grande del mundo puso de nuevo un tema sobre la agenda: la importancia de los ecosistemas marinos para el bienestar humano.

Si fueran un país, los océanos serian la séptima economía del mundo. Según el informe “Reviviendo la economía del océano: la necesidad de actuar en 2015”, de WWF, el valor activo de los ecosistemas marinos es de US$24 billones y su Producto Bruto Anual –equivalente al Producto Interno Bruto de un país– es de US$2,5 billones al año. Cifras que, además, dejan por fuera algunas funciones, como la regulación del clima o mercados potenciales como la energía eólica, por lo que su valor monetario puede ser más alto.

El gran problema es que ese “fondo monetario” que es el mar, no deja de ser una economía en amenaza: más de 2/3 del producto marino bruto dependen del equilibrio y la salud de estos ecosistemas. Un panorama desalentador si se tienen en cuenta los distintos frentes que están deteriorando los océanos.

El aumento de la temperatura global promedio ha generado un incremento en la temperatura de los mares entre 0.37°C y 0.65°C. Esto es problemático, ya que podría tener consecuencias graves e irreversibles en los ecosistemas marinos. Según el último reporte “Explicar el calentamiento del océano: Causas, escala, efectos y consecuencias”, presentado la semana pasada por 80 científicos de 12 países, debido al aumento de la temperatura especies como el plancton y las medusas han migrado hasta 10 grados de latitud hacia los polos. Lo anterior genera una reacción en cadena, ya que otros animales, como las tortugas y aves marinas pierden el lugar donde suelen adquirir su alimento y se estropea el delgado equilibrio en el que funcionan estos ecosistemas.

Esto sin contar que otras actividades humanas, como la pesca indiscriminada, la contaminación y las miles de toneladas de plástico que se escupen constantemente a los océanos, ponen en vilo no sólo a las especies que los habitan, sino a la creciente economía que se ha formado a su alrededor. Según la Universidad de Georgia, Estados Unidos, sólo en 2010 se vertieron al mar 8.000 toneladas de plástico. Se teme que para 2050 la cifra alcance los 155 millones de toneladas.

¿Cuál es el valor monetario de los mares en Colombia?

Tratar de estimar el valor monetario de los océanos no deja de ser un ejercicio arriesgado, sobre todo en un país como Colombia, donde a pesar de que la superficie marítima corresponde al 44,8 % de la extensión nacional del territorio, la investigación de la vida marina es escasa.

Sin embargo, hay algunos intentos muy valiosos por alcanzar esta cifra. Uno de ellos, realizado por la Comisión Colombiana del Océano (CCO) en el año 2013, llegó a la conclusión de que el valor solo del mar Caribe colombiano es de 495.547 millones de dólares anuales. Esto teniendo en cuenta 37 municipios y el hecho de que el 99,6 % de las áreas coralinas, el 100 % de los pastos marinos y el 25 % de los manglares quedan en esta zona. Sólo en el archipiélago, concluye el estudio “La aproximación a la valoración económica de la zona marina y costera del Caribe colombiano”, alcanza una cifra de 331.810 millones de dólares anuales.

Por su parte, Fedesarrollo, en su informe “Beneficios de una red de reservas marinas para Colombia”, estima que el valor del mar colombiano para el 2012, sólo teniendo en cuenta los servicios ecosistémicos de la pesca, la recreación y la captura de carbono, varía entre 960 millones y 1.546 millones de dólares.

Ahora, para tratar de atrapar la importancia de los ecosistemas marinos en cifras, también puede resultar útil ver las cifras de la pesca, la actividad económica “más popular” del océano. Según el último reporte realizado por el Sistema del Servicio Estadístico Pesquero Colombiano (Sepec), que recolectó información en 57 municipios y en 195 sitios de desembarco, el valor monetario de la pesca artesanal en Colombia, alcanzó 107.125 millones de pesos durante el período abril-diciembre de 2015.

Pero, como sucede a nivel internacional, los retos para mantener la salud de los mares colombianos son muchos. Para Luis Alonso Zapata, coordinador del Programa Marino Costero de WWF Colombia, uno de los mayores problemas que tiene el país es la contaminación marina que viene de la desembocadura de ríos sin plantas de tratamiento, los hidrocarburos que se riegan en las aguas y ciertos procesos de infraestructura que se están construyendo a nivel de la costa, que interrumpen “el flujo energético y la migración de las especies”.

A esto, explica, se suma la erosión costera por corrientes marinas y los vientos que modifican la línea de costa.

Tanto a WWF como a muchos organismos internacionales les preocupan, además, los efectos que estos procesos podrían tener sobre unos ecosistemas que resultan claves para el mar: los arrecifes de coral y los manglares.

Una pérdida de 4.200 millones de dólares al año

Según el informe de WWF, los manglares, el único ecosistema que soporta el cambio abrupto entre el agua dulce y la salada, están en declive. En el mundo su deforestación, de tres a cinco veces mayor que la de los bosques, le ha costado al mundo una pérdida 4.200 millones de dólares anuales.

En la costa Pacífica colombiana, según la CCO, los manglares cubren cerca de 292.000 hectáreas, su mayoría concentrada en Nariño. Costas donde precisamente se extraen, en promedio, 2’974.741 docenas de pianguas que aportan a la economía del departamento un valor de 7’563.955 dólares.

Pero si en la costa estos sistemas están amenazados, en el fondo del mar hay otro potencial económico enorme que pide ayuda: los arrecifes de coral. Sólo la Gran Barrera de Coral en Australia ha sido valorada en 5.700 millones de dólares anuales.

Al igual que en el mundo, los arrecifes coralinos de Colombia, que tienen una extensión total de 2.900 km², según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, se están blanqueando como consecuencia del incremento de la temperatura del mar y la acidificación de los océanos.

En palabras de Zapata, esto quiere decir que debido al incremento de la temperatura del mar, las algas asociadas al coral se mueren y como mecanismo de supervivencia, los corales sueltan los pólipos para tratar de encontrar otro refugio y darle continuidad a la especie, dejando solo lo blanco, “el esqueleto” de su estructura. Debido a este proceso ya se ha perdido el 50 % de los corales del mundo.

Aunque los 1,5 millones de kilómetros cuadrados de mar que quedaron protegidos en Hawai son un paso gigante para que la vida submarina no muera, sólo el 2 % de los océanos del mundo está protegido. Una pequeña cifra que pone en riesgo las especies marinas, las comunidades costeras, el comercio, el transporte marítimo y a la séptima economía más fuerte del mundo.

, Los mares, la séptima economía del mundo, están amenazados, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/los-mares-septima-economia-delmundo-estan-amenazados-articulo-654769, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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