Jaime Galarza fue consciente de la necesidad de crear un periódico cultural universitario, por ende, en 1991, a escasos días de su posesión como rector de la Universidad del Valle, buscó asesoría en tres escritores de la región. Dos de ellos pertenecían a la universidad; el tercero era un periodista externo.

Los escritores poseían visiones encontradas en torno a la orientación del boletín a germinar. La interrogante de Galarza era clara: “¿Ustedes son capaces de hacer un periódico en el sentido estricto de la palabra?”.

Al transcurrir las semanas y las constantes reuniones de aquel grupo, fue concretado un proyecto que desembocó en la resolución que dio vida a La Palabra. Sin embargo, aún existían innumerables vacíos en el planteamiento y funcionamiento del periódico. Las diferencias entre los académicos y aquel hombre de la calle eran cada vez más grandes y al finalizar la jornada la experiencia del tercero primó sobre la formación intelectual del dúo profesoral. Jaime Galarza explica este fenómeno con las siguientes palabras.

“Tenía demasiado rodaje. El periódico necesitaba ese dinamismo y con el tiempo desbancó a los de la academia, porque los reflejos de la academia son lentos, el periodista de la calle es un peleador. Los dos académicos renunciaron y Valverde se quedó al frente del periódico que inicialmente no tenía un cuerpo de redacción y terminó haciéndose con estudiantes, porque no costaban nada o muy poco, ya que eran monitores o becarios”.

Han pasado veinticinco años desde aquellos días, cinco presidentes han ocupado la Casa de Nariño, Chávez fue a la cárcel a causa de un fallido golpe de Estado, las Torres Gemelas fueron destruidas tras múltiples ataques suicidas, dos equipos colombianos consiguieron ganar la Copa Libertadores, nuestro país ha firmado diversos tratados de libre comercio, ha nacido Facebook y García Márquez ha muerto.

Hoy, en su regreso al periódico La Palabra, Jaime Galarza, quien conserva el vigor que poseía un cuarto de siglo atrás, no obstante el blanco de sus cabellos, revela el flujo de los años, observa las portadas de los periódicos, las cuales se encuentran enmarcadas y exhibidas en los estantes de una oficina muy diferente a la que él delegó años atrás para el funcionamiento del periódico. Partiendo de los altibajos que ha sufrido, los cuales nunca han impedido su circulación mes a mes en los últimos veinticinco años, Galarza reflexiona respecto a la esencia que ha permitido el éxito de este proyecto.

“Este no podía ser un periódico que optara por publicar los ensayos y escritos investigativos de los profesores, porque pasaría lo que pasó posteriormente en la Universidad Nacional y la de Antioquia: periódicos muy buenos, sí, pero para una comunidad restringida a la que se le legaba un mamotreto que no leía nadie. Es por eso que existen las revistas especializadas. La Palabra se inició con un periodismo ágil, que informa, analiza, debate, crea e interviene en la coyuntura”.

Por las calles de Colombia y otros países hispanohablantes transitan a diario antiguos “palabrunos”, quienes ocupan diversos puestos en medios y deben gran parte de su formación al tránsito por dicha publicación mensual. Este es, quizás, el mérito más grande del periódico y en ello se encuentran de acuerdo los directores y editores que han hecho parte de él.

, “La Palabra”: veinticinco años de periodismo, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/palabra-veinticinco-anos-de-periodismo-articulo-674356, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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