“Para el próximo concursante, el mundo del espectáculo parece estar a miles de kilómetros de distancia”. La sentencia viene de un hombre que nadie ve, pero de una voz que ya es familiar para los seguidores de Britain’s Got Talent, la versión británica de un reality internacional que busca bailarines, comediantes, músicos, cantantes, poetas, acróbatas. Gente con talento en más de cincuenta países. “Es Paul, un vendedor de celulares del sur de Gales”. Un hombre blanco y pasado de kilos, con vestido y sin corbata. Que se aprieta las manos, se acomoda el número 31829 en la solapa derecha y recorre de un extremo al otro el backstage de un estudio de televisión. Una vez. Dos. Todas las que caben en la espera de su turno.

– ¡Paul! ¿Qué vas a hacer hoy, Paul? – le pregunta Amanda Holden, una de las jurados del programa, cuando pisa el escenario.

– A cantar ópera – contesta él-.

Amanda convierte una mueca irónica en un gesto de aprobación y asiente con la cabeza. Piers Morgan y Simon Cowell, también jurados, se miran entre divertidos e irritados. Están seguros de que lo que viene es un contundente ridículo. Ópera entre perros que hablan, hombres musculosos que se quitan la ropa, magos que hacen aparecer palomas, gimnastas sin articulaciones y bailarinas de cabaret tan viejas que usan caminador. Ópera en un reality show. Ópera mientras las familias cenan frente al televisor. Ópera por un vendedor de celulares.

– Está bien. Estamos listos cuando tu estés – le dice Cowell mientras se escurre en la silla para ver más cómodo al desafortunado que hará el rating del día-.

Nessun dorma! Nessun dorma! (¡Qué nadie duerma! ¡Qué nadie duerma). La voz de Paul resuena tras el micrófono. Simon Cowell fija la mirada y, en un movimiento reflejo, Amanda Holden alza las cejas.  Ma il mio misterio è chiuso in me (El misterio está encerrado en mi). Al público se le escapan los primeros aplausos. Amanda traga saliva y su pecho se levanta en un suspiro. Il nome mio nessun saprà! No, no (Mi nombre nadie sabrá! No, no).  Piers Morgan aprieta los labios. Simon Cowell se rasca la cabeza. Nadie está seguro de lo que pasa. Paul está cantando Nessun Dorma de la ópera Turandot y la está cantando bien. Dilegua, o notte! Tramontate, stelle! Tramontate, stelle! (¡Disípate, oh noche! ¡Ocúltense, estrellas! ¡Ocúltense, estrellas!). Los aplausos son ahora una lluvia de granizo. Los gritos del público se hacen oír por encima de todo. All’alba vincerò! Vincerò! Vinceró! (¡Al alba venceré! ¡Venceré! ¡Venceré!). Paul estalla en una nota precisa, en ese “Si” agudo que ha hecho famosos a tantos tenores. Amanda tiene la nariz y los ojos enrojecidos. Piers Morgan sonríe y asiente. El público se pone de pie y los aplausos ahogan la música.

– Fue un respiro de aire fresco. Creo que estuviste absolutamente fantástico – Dice Simon Cowell-.

En el escenario, Paul sonríe. Le falta un diente.

Paul Robert Potts es hijo de un conductor de bus y una cajera de supermercado. Tiene 45 años y aunque en el 2007 trabajaba con celulares, no era solo un vendedor. Era el gerente de la compañía Carphone Warehouse en Bridgend, un pueblo de Wales. Tampoco es tan cierto que sea un autodidacta. Antes de Britain’s Got Talent, cantó en compañías de ópera no profesionales. Fue El Príncipe de Persia en Turandot, Chevalier en Manon Lescaut, Don Basilio en Las Bodas de Fígaro, Don Ottavio en Don Giovanni y otro par de “Dones” en óperas de Giaccomo Puccini. Tomó una clase con el tenor Luciano Pavarotti y cantó con uno de los ensambles pequeños de la Orquesta Filarmónica Real del Reino Unido. Lo que sí es cierto es que fue el primer participante en cantar ópera en un reality show. Y también el primero en ganar.

– Escogí ópera porque es lo que mejor hago – dice Potts -. Hubiera preferido cantar Che Gelida Manina, que es mi aria favorita de Puccini, pero Nessun Dorma es más conocida. Haber elegido un aria o una canción que la gente no conociera significaba tener que venderles la canción también. El riesgo era mucho más grande.

La primera información que arroja Wikipedia sobre Paul Potts es “tenor británico”. Ya no participante de Britain’s Got Talent, ya no vendedor de celulares. Potts es ahora un cantante profesional y su información puede leerse en veintidós idiomas que van desde inglés hasta tailandés, pasando por esperanto. Ha grabado tres discos –One chance, Cinema Paradiso y Home-, ya no le faltan dientes y con su vida han escrito un libro y filmado una película.

– Yo no tenía una carrera antes de Britain’s Got Talent, el programa me dio una que amo y en la que llevo ya nueve años – dice Paul-.

La historia de Potts se repitió dos años más tarde en el mismo concurso. Susan Boyle, una escocesa de 47 años con Síndrome Asperger, cantó I Dream a Dream del musical Les Miserables  y quedó en segundo lugar. Hoy, entre arias de ópera y arias de Broadway, tiene ya seis discos grabados y siete premios que incluyen un People’s Choice a Mejor artista nuevo, un World Music a Mejor artista femenina y un Grammy a Mejor Albúm Vocal.

, La ópera se volvió mainstream I, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/opera-se-volvio-mainstream-i-articulo-678198, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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