Hace más de cuarenta años Delia Zapata Olivella (1926-2001) abría una gran brecha hacia el conocimiento de las culturas colombianas populares y dentro de ese mismo espacio, cabía una relación inmensa con la hibridación que daba como resultado cantos, músicas, danzas y rituales que serían parte de nuestras raíces colombianas. “Cuando la gente no conoce la historia de las cosas no puede quererlas”, decía Olivella durante sus años de vida, dedicándose placenteramente a representar el folclor colombiano no solamente en el país, sino que también de manera internacional, siendo considerada como la pionera en la promoción y difusión de la cultura popular.

“Delia siempre estuvo presente en aquellas manifestaciones relacionadas con el rescate de las tradiciones populares, de manera especial en el campo de la danza (…) Tuve el privilegio de verla en distintos escenarios nacionales e internacionales, de verla en teatros europeos y percibir la fascinación que diversos públicos sentían ante esas manifestaciones vivenciales de la más profunda filosofía plástica”. Aseguraba el también difunto expresidente de Colombia Belisario Betancur sobre la magia que aportaba Delia en el escenario, artista que en alguna ocasión se dedicó a la escultura, pero que las danzas y el descubrimiento por esa riqueza cultural, la llevó a desarrollar ciertas investigaciones, inmersa en los pueblos y llevando hacia el interior lo aprendido.

Así nace todo un cuerpo dedicado a la tradición oral del pacífico y es en 1970, cuando crean un espacio dedicado a la realización de montajes de la tradición pacífica ubicado en la Candelaria de la ciudad de Bogotá. “En esa época ella montó un restaurante que se llamaba “El palenque de Delia” y es por eso que a la casa le dicen el Palenque”, cuenta la Maestra Edelmira Massa Zapata, hija de la fallecida Delia Zapata y la actual directora del espacio El Palenque Delia Zapata.

La tradición prevalece, y es por eso que este grupo de adoradores a las tradiciones orales del pacífico, retoman aquella investigación que, Edelmira junto con su madre Delia Zapata, realizaron respecto a las fiestas de fin de año, el nacimiento del Niño Dios y el sincretismo encontrado durante una exploración en la costa pacífica colombiana.

Como aseguraba el escritor mexicano Néstor García Canclini en su libro “Culturas Híbridas”, El folclor que surgió en Europa y en América como reacción frente a una ceguera aristocrática hacia lo popular y como réplica a la primera industrialización de la cultura, es casi un intento melancólico de sustraer lo popular a la reorganización masiva. Es esa misma reorganización la que dio en su momento ciertas mezclas que finalizan como el componente de lo que hoy se consideran las tradiciones orales de nuestro país. “Es retomar otra vez lo que es ser colombiano, eso en la época de la Colonia se llamaba “Bailes y danzas de ida y vuelta”. Como los españoles que bailan fandango y cumbia que lo aprendieron acá en América, ahora lo hacen allá y es propio de ellos”. Dice la Maestra sobre aquellos bailes que se sustraen y que conforman esta interpretación que se presenta en el Teatro Quimera titulada La Natividad Negra considerados como bailes que representan la tradición oral del pacífico.

Esta obra atravesada por la música, los cantos, las danzas y lo teatral, reconstruye un pasado tal vez algo borroso para quienes celebran tradicionalmente la llegada del Niño Dios. Se trata entonces de una reconstrucción de tradiciones que hacen parte de esta celebración de tintes religiosos y que en ocasiones, se olvida que también hace parte de las creencias de la costa pacífica colombiana, una hibridación con las creencias españolas que adoptaron los nativos del país.

La Natividad Negra, investigación realizada en el año 1963 con el Instituto de Cultura de Cali y de la mano de expertos en el tema, se desarrolló en el municipio de Guapi, en el departamento del Cauca, un pueblo rivereño en donde indígenas y negros, adoptaron la cultura católica desarrollando una serie de rituales con la llegada del Niño Dios en la Plaza Mayor del municipio. 

“No solamente los nativos del pueblo, sino que también los habitantes de las veredas llegaban en Balsadas, en unas canoas que unen con tablones y arman como una casita o un enramado, ahí se mete la chirimía, con los cantadores, con los bailarines y el Niño Dios, todo adornado con flores y velas. Ellos llegan al pueblo con las ofrendas para entregarlas en la iglesia y esto, se realiza a base de cantos, bailes y poemas para el Niño Dios”. Cuenta Massa.

Aquella adaptación realizada por el Palenque Delia Zapata, se basa en estas Balsadas del río, esta vez haciendo un recorrido extenso por cada uno de los ríos de Colombia, haciendo participe de esta tradición a todos los pueblos por los que se atraviesa y dejando una reflexión sobre el desplazamiento forzado durante la realización de la obra. “Estas danzas si bien tienen una influencia española, es el pueblo quien coge esa influencia española, la adapta a su situación social, a sus movimientos indígenas y sus movimientos negros, se apersonan de esas danzas y las crea.” Dice Felipe Guerra, uno de los miembros del montaje.

La obra se divide en tres partes. La primera es la representación religiosa que se conoce, una manifestación del teatro tradicional de corte europeo y los actos sacramentales españoles. La segunda parte se relaciona con los cantos al Niño Dios, en esta parte la tradición sale a relucir en creaciones nativas fijadas en los ritmos básicos de la costa pacífica:  EL BUNDE y LA JUGA. Por último, se encuentran las danzas profanas donde el pueblo se recrea libre, realizando la danza chocoana, la Contradanza, la Jota chocoana, y el Torbellino vallecaucano. Cabe resaltar que esta tradición está acomañada de tambores que en su momento fueron utilizados por los esclavos mineros que organizaban sus propias adoraciones, utilizando también estos ritmos en otros cultos como la santería cubana y el Vudú.

Durante la realización, asegura Edelmira Massa que para hacer parte de este grupo dedicado a la cultura colombiana, se debe tener una disposición que involucre algo que va más allá de unacto de entretención, se trata de adherir aquellas tradiciones como si le pertenecieran. Un trabajo dispendioso que llevó a los integrantes a tener ciertas discusiones filosóficas sobre el tema religioso y como dice la maestra, se convirtió en un hito para encontrar espíritus afines que lograron integrarse para hacer este montaje.

“Lo que nos llama a todos es poder conocer esas tradiciones populares, y no solamente conocerlas y contemplarlas desde el conocimiento académico, sino más bien vivirlo, de ahí la gran importancia de que sea música, danza, canto y teatro tradicional, porque así se puede vivir”. Explica Guerra. 

La pertenencia hacia las tradiciones colombianas, hacen parte del legado que deja Delia Zapata, retomado por su hija Adelina Massa y a su vez, interpretado por quienes no dejan apagarlas. La Natividad Negra presenta una historia que acerca a los colombianos a sus raíces, exaltando la creación a través del mestizaje y una hibridación cultural.

, La Natividad negra, un mestizaje oral y cultural sobre las fiestas navideñas, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/natividad-negra-un-mestizaje-oral-y-cultural-sobre-fies-articulo-670924, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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