Belén Rincón es el barrio de Medellín donde creció Juan Diego Arteaga. De su infancia recuerda haber tenido compañeros de curso cuyos padres estaban en prisión o, incluso ellos, siendo niños, ya habían cometido algunos delitos. Su entorno, en el que muchos parecen crecer con un sino de desesperanza, cambió gracias a la música. “Algunos amigos nos hablaban de la escuela de música como un lugar muy ‘bacano’ en el que se entretenían e iban para no quedarse todo el día en la casa. Fui un ser nuevo cuando conocí la musica, y me enamoré de ella, porque me cambió la vida”, recuerda. Entonces, se dejó convencer y se acercó a la Red de Escuelas de Música de Medellín en el 2004, cuando conoció a ese amigo inseparable con el que ya suma once años de ceranía: el trombón bajo.  Estudiando en la Universidad de Antioquia, Juan Diego conoció el programa de la Academia Filarmónica de Medellín, creado para apoyar a jóvenes, especialmente de comunidades en condiciones de vulnerabilidad y respaldado por Bancolombia, que creen en la música y la eligen como su proyecto de vida. Además de hacer parte de este programa, que les ofrece capacitación con maestros nacionales e internacionales, le ofrecieron una beca para cursar su pregado en música en la universidad Eafit.  Allí, Juan Diego ingresó en el 2012. Gracias a estas experiencias y su preparación, viajó a representar a Medellín en la recién creada Harmonia Symphony Orquesta en Ginebra, Suiza, con ocasión del aniversario del Día de los Derechos Humanos de la ONU. Participó en el Lätzsch Trombone Festival 2014 en Heek Alemania y Enchede Holanda y, en el mismo año fue ganador del concurso Jóvenes Talentos con la Orquesta sinfónica EAFIT en donde tocó como solista. Para Gabriel Betancur, músico de corno, miembro de la Filarmónica de Medellín y maestro de la academia, “este proyecto les permite a los chicos tener una experiencia profesional, más allá del aprendizaje en las aulas que músicos como yo no tuvimos. Yo participo en la preparación para los conciertos de temporada. Esta experiencia les permite acercarse a la exigencia de una orquesta, pues los formamos con miras a su desarrollo profesional. Muchos de los muchachos tienen a la mano un mundo de drogas, la cercanía con la violencia, incluso intrafamiliar, y la academia hace parte de una transformación social para ellos”. Esta formación en la academia tiene el propósito de que sus estudiantes sean el relevo generacional de la Orquesta Filarmónica de Medellín o de prepararlos para internacionalizarse. Ese es uno de los sueños de Juan Diego. “Cuando termine mis estudios en Eafit quiero irme para Holanda, con uno de los maestros que fue mi inspiración cuando viajé por primera vez, pues me abrió el mundo. Quiero hacer mi maestría y regresar a Colombia a enseñar lo aprendido, pues de nada me sirve aprender para mí solo, yo quiero compartir el conocimiento”.Sin duda, es un objetivo que ya está logrando, porque Juan Diego se ha convertido en ejemplo para los jóvenes del barrio e, incluso, para su familia, pues sus primos quieren seguirle los pasos de profesionalizarse y salir a conocer el mundo.  , "La música me hizo un ser nuevo", http://www.elespectador.com/noticias/cultura/musica-me-hizo-un-ser-nuevo-articulo-654751, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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