En el barrio La Soledad, de Bogotá, Jacques Toulemonde tiene su oficina: un espacio pequeño y oscuro con dos divisiones. Un balcón estrecho, con vista a la calle y a una bomba de gasolina, rodea el apartamento. Acomodamos dos sillas enfrentadas en la terraza. El cineasta —de al menos 1,90 de alto y una barba negra saturada— sacó una cajetilla de Pielroja, se acomodó en el asiento, prendió uno de sus peches y me miró intrigado.

Toulemonde nació en Bogotá (1983), donde cursó bachillerato en el Liceo Francés Louis Pasteur. Al finalizar se fue a Francia con el sueño de trabajar en cine, aunque no lo aceptaron en la escuela que esperaba y estuvo tentado a vender hamburguesas en un McDonald’s. Sin embargo, decidió estudiar literatura en París y buscar suerte. En el 2003 empezó su carrera con la preparación de unos actores naturales para Peligro, colombianos, trabajando de Brigitte Roüan. De ahí en adelante pasó por varios roles: fue asistente de dirección de Andrés Baiz, Ciro Guerra, Franco Lolli, Rubén Mendoza y Harold Trompetero, y coguionista de El abrazo de la serpiente. Paralelamente a esos proyectos trabajaba en su primera película, Anna, que estrenó en Colombia en marzo de 2016.

Anna narra la historia de una mujer colombiana que vive en París y sufre de depresiones. Tiene un hijo de 10 años, cuyo padre ya no confía en que ella pueda encargarse del niño. Anna decide escapar con su pareja, Nathan, y su hijo a Colombia. La película recibió el premio a mejor guion, mejor dirección de fotografía y mejor actriz principal en la quinta edición de los premios Macondo, en noviembre de 2016. Ahora fue seleccionada por la Academia de Cine Española para competir en la categoría de mejor película iberoamericana en la próxima edición de los premios Goya, que se llevará a cabo el 4 de febrero de 2017 en Madrid. También fue seleccionada por la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar al país en los premios Ariel 2017, entregados por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas.

Ha sido director, asistente de dirección, guionista, “gaffer” e incluso hizo “casting”. ¿Es un camino para llegar a donde quiere llegar?

La asistencia de dirección fue el puente para entrar al medio cuando empecé en Francia y me permitió conocer proyectos que me conducían a lugares a los que no llegaría solo. Por ejemplo, con La sociedad del semáforo fui al Bronx (Bogotá) y con otras películas recorrí los Llanos y la Costa en Colombia. La primera película que hice fue como asistente de dirección en Los viaje del viento. En ese entonces Anna estaba en su tercera versión. En cuanto a los guiones, al trabajar para otras personas aprendes un montón. Lo que me interesa de ser director es contar una historia, que en realidad escribes tres veces: cuando la redactas, cuando estás en el rodaje y por último en la posproducción. Eso busco: llevar una idea desde el comienzo hasta que llega al público.

¿Qué tanto reescribió “Anna”?

Más que reescribir, la fui afinando. Me demoré 10 años en esas. Lo que sí me pasó es que, como era tan personal, atacaba el problema de lado. Después descubría que había tomado unas decisiones rarísimas y que tenía que hablar de otra cosa.

¿“Anna” fue una sesión de psicoanálisis?

En parte, pero espero que no sea sólo un psicoanálisis de un millón de euros, porque hay momentos en el que uno se tiene que alejar. Tienes que ver un material dramático y externo, encontrar un equilibrio. Por eso también me gusta trabajar en otros proyectos, para pensar en nuevas cosas, entrar a otros universos.

¿Cómo es su trabajo con los actores?

Siempre son métodos distintos. En otros trabajos —con Juego de niños— había ensayado, entonces en el rodaje tenía claro cómo llegar a cada escena. En el caso de Anna, Juana Acosta no ensayó. Yo quería que se identificara con el personaje en vez de construirlo, esperaba traer la mayor frescura. Con Bruno Clairefond ya he trabajado, entonces con sólo vernos ya sabemos qué hacer.

¿Qué opina de la Ley del Actor que se planteó el año pasado?

Sé que va por buen camino, gracias a una gente muy competente que está ayudando. Pero estoy en contra del texto anterior. Uno de los puntos terribles es la exigencia de que toda película colombiana —que reciba ayuda del FDC— deba contar con 90 % de actores profesionales. Después propone un comité de acreditación que permitiría saltar esa regla.

¿De qué depende la decisión de ese comité?

No se sabe en qué se basa, y una ley tiene que ser muy técnica. Además, es un tipo de censura, porque si tengo nueve historias con actores profesionales y una con un actor no profesional y en el rodaje me doy cuenta de que en realidad mi película es sobre el actor no profesional, ¿tengo que mostrarle al comité mi película?

¿Usted tendría la misma carrera de hoy si esa carta hubiera existido?

Es ridículo, es como sacar una ley donde la gente que lleva años trabajando en cine tiene que dejar de hacerlo. Es excluyente. Esa ley también restringe la participación de actores internacionales, lo cual complica las coproducciones, una parte importante para la financiación. Por otro lado, pretende la profesionalización del actor. La actuación no es una profesión, es un oficio. En derecho, una profesión es una actividad remunerada que implica un riesgo social y debe ser controlada por el Estado, es decir, un médico que dice serlo y no lo es puede matar a alguien. En cambio, si un actor actúa mal no pasa nada.

¿Qué capacidad tiene el FDC para apoyar el cine colombiano?

El FDC es una institución pública sólida y honesta. Gracias a eso se han hecho muchas películas desde el 2003 hasta hoy. La plata de ese fondo proviene de un impuesto que se aplica a las distribuidoras de cine en Colombia. Entonces, no depende del presupuesto de la Nación, no lo puede tumbar la administración del momento y no está sujeto a cambios presupuestales. El FDC fue el que hizo que existiera El abrazo de la serpiente y que estuviéramos cerca al Óscar. Creo que sí falta financiación en Colombia. En Francia —el paraíso del cine— tienes el equivalente del FDC, las regiones también ayudan y los canales televisivos aportan dinero y compran películas.

¿Cuál es la falla que provoca poca acogida para el cine colombiano?

Rápido y furioso 7 reunió cuatro millones de espectadores. No estoy en contra de las películas comerciales, pero con esa no entiendo qué pasa. Cuatro millones de espectadores es casi el 10 % de la población. El abrazo de la serpiente es una película histórica para el cine colombiano —sea buena o mala— y tuvo 500.000 espectadores. Eso es un jonrón, pero es el 1 % de la población. También hace falta una reflexión sobre qué cine le gustaría ver al colombiano. Aunque las respuestas no son las más emocionantes, es importante pensarlo. Otro problema es el tema de distribución: Capitán América tiene un presupuesto en Colombia de $1.200 millones, que es el mismo para muchas películas colombianas. Con Anna estábamos bien financiados y teníamos alrededor de $100 millones. ¿Cómo compites con eso? Yo sólo veía mi pendón al lado de un muro forrado en Capitán América. Mi película no es así de comercial, pero si tuviera ese dinero, más gente la vería. Estamos en una lucha desigual. La salida de Anna fue una experiencia algo frustrante, porque le fue bien con el público y la prensa, pero estuvo muy poco en salas. Cine Colombia me apoyó, me puso durante una semana. No les puedo pedir financiación con la mitad de sus salas vacías. Tal vez la solución está en buscar un circuito alterno que pueda realmente distribuir. De nuevo, copiando el modelo francés, deberíamos tener unas salas estimuladas a proyectar cine colombiano durante más tiempo.

¿Cree que un espacio como Cine Tonalá hace esa labor?

Sí, lo que hay que hacer es multiplicarlo por treinta y asociarlo con el cine colombiano. Por supuesto, dentro de una ley de mercado. Pero, por ejemplo, Las tetas de mi madre estuvo más de ocho meses en Tonalá y la gente iba a verla.

¿También podría ayudar un cambio de horarios en las grandes distribuidoras?

Sí, durante la segunda semana de Anna nos guardaron en centro comercial Andino, Avenida Chile y Calle 100, que en principio uno pensaría que son muy buenas salas. Sólo que las proyecciones eran algo como 12:00 m., 2:00 p.m. y 11:00 p.m.

¿Por qué sería importante que los colombianos apoyaran más su cine?

El cine es importante en Colombia porque despierta nuevos pensamientos, crea una identidad y cultura. Estoy convencido de que uno de los problemas en este país es que no nos conocemos. A El abrazo de la serpiente en parte le fue bien porque mostraba el patio trasero de la casa, que es el Amazonas y muchos desconocen. Pero sí conocemos Miami. El cine permite ponernos en la posición de otras personas, sentirlo de manera visceral; es una herramienta fuerte para entender al otro. Ahora más, en esta etapa de posconflicto.

¿Usted cree que a los medios les falta rigor para ayudar a que la gente se interese más en el cine colombiano?

La prensa ayuda al cine colombiano. Con Anna nos ayudaron. Pero claro, también llegué a entrevistas donde me preguntaba “¡Qué estoy haciendo aquí!”. Un periodista me dijo un día: “No me he visto su película y uno no debería hablar de lo que no sabe”. Muchos periodistas no se habían visto la película. Aunque igual aquí los críticos y la prensa no convocan público. Tienen buena voluntad, pero no el suficiente alcance, y sí les falta rigor.

¿Cuáles son sus aspiraciones? ¿Sería algo así como González Iñárritu?

Mi sueño no es vivir en los Hollywood Hills e ir a los Óscar cada año. Yo estaría satisfecho con hacer una o dos películas al año. Mejor dicho, escribir y poder financiar mis proyectos sin tantas dificultades. Por supuesto, que sean más ambiciosos y que los vea el mayor número de personas, lo cual no está necesariamente ligado a Hollywood. Con Ciro Guerra he aprendido lo que es mantener la cabeza sobre los hombros. Él hace las películas que quiere hacer y muchas veces están ligadas a Colombia. Pero no es dejar todo para seguir a los norteamericanos, que tienen cosas interesantes pero también es una industria viciosa.

¿Cómo ha sido el reconocimiento de “Anna”?

Anna tiene un problema porque es una película francesa y colombiana y a la vez ninguna de las dos. Está siempre en dos aguas. Desde un punto de vista de marketing es difícil de vender. En Francia va a tener una salida tipo comedia. Tampoco es una película de festival. Igual creo que estamos en un momento de crisis y oportunidad al tiempo. Hay nuevas ventanas de distribución, de financiación, pero ¿qué películas son las que realmente coronan?

* Comunicadora social y periodista. Escribe y trabaja en proyectos culturales en asuntos de gestión e investigación.

, Jacques Toulemonde y el arte de hacer cine, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/jacques-toulemonde-y-el-arte-de-hacer-cine-articulo-676153, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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