El buque Esperanza de Greenpeace partió el 24 de enero de 2017 rumbo a la desembocadura del río Amazonas sobre el mar Atlántico. El año pasado un grupo de científicos descubrió en esa zona un arrecife de coral seis veces más grande que la ciudad de Bogotá. Un verdadero tesoro marino. Esta vez querían sumergirse, explorarlo y fotografiarlo. Una amenaza flota en la superficie: las compañías petroleras Total y BP podrían comenzar a perforar en esta zona si obtienen autorización del gobierno brasileño.

“Hemos navegado el sur y el centro de los corales”, cuenta Thiago Almeida, miembro de campañas de Greenpeace Brasil, desde el buque Esperanza. Desde que comenzó la expedición los buzos se han sumergido siete veces. Un pequeño submarino les ha permitido cumplir la misión.

El Arrecife del Amazonas, un sistema de 9500 kilómetros cuadrados, les mostró su mejor cara desde la primera inmersión. Corales, esponjas y rodolitos forman la enorme ciudad marina. Los científicos están casi seguros de que algunas de las especies observadas podrían constituir los primeros registros históricos.

“Este sistema de arrecifes es importante por muchas razones, incluyendo el hecho de que tiene características únicas en cuanto a uso y disponibilidad de luz, y condiciones físico-químicas del agua: sobrevive en zonas salobres y turbias, mientras que la mayoría de los arrecifes se ubican en aguas saladas y claras. Tiene un gran potencial para nuevas especies y también es importante para el bienestar económico de las comunidades pesqueras a lo largo de la zona costera amazónica”, dijo Nils Asp, investigador de la Universidad Federal de Pará a través de un comunicado de la organización ambiental. Menos del 5% del ecosistema está mapeado.

Para los científicos y los miembros de Greenpeace es una carrera contra el tiempo. Las empresas petroleras tienen puestos sus ojos en la zona desde hace mucho tiempo. De acuerdo con Almeida, en las últimas décadas las empresas han intentado perforar 95 veces. En 27 de esas ocasiones, abandonaron los planes por accidentes mecanicos.

Por suerte las corrientes marinas y la fuerza del Amazonas los han mantenido al margen. Las compañías Total y BP mantienen su intención de explorar el área. Se estima que las reservas son de aproximadamente 15 a 20 mil millones de barriles.

Perforar en esta zona significa un riesgo constante de derrame. El Parque Nacional de Cabo Orange alberga el mayor ecosistema de manglares del mundo y no se conoce tecnología capaz de limpiar petróleo en un lugar de estas características. Además, los riesgos en esta área son mayores debido a las fuertes corrientes y sedimentos que acarrea el Río Amazonas.

La cuenca del Amazonas también es hábitat del manatí americano, la tortuga amarilla del río Amazonas, jaguares, delfines, y las nutrias de río que ya están en peligro de extinción según la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de 2014. Thiago Almeida recordó que en las zonas continentales aledañas habitan cerca de 80 comunidades Quilombolas (descendientes de esclavos africanos que llegaron en el siglo XVI y XVII) así como ribereñas que dependen económicamente de la pesca. Un derrame de petróleo en la región provocaría una crisis de seguridad alimentaria. 
 

, Greenpeace captura las primeras imágenes submarinas del coral del Amazonas, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/greenpeace-captura-primeras-imagenes-submarinas-del-cor-articulo-677689, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza