La Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia calienta mientras espera a que el director Gérard Korsten entre al foso y dé inicio al ensayo. Se para frente a su atril y hacen silencio. “No es fácil ver al tiempo lo que pasa en el foso y en el escenario. Si en el momento de su entrada alguno de ustedes no me ve, por favor dígamelo. Estoy haciendo mi mejor esfuerzo por hacer de payaso para ustedes”, dice Korsten con media cabeza por fuera del foso, señalando con una mano hacia el escenario y con la otra hacia la orquesta. La orquesta sonríe y empieza el ensayo. (Lea también: “Las bodas de Fígaro”: una historia de amores y engaños)

Oír Las bodas de Fígaro desde el foso es un raro privilegio que jamás pensé que tendría. La potencia del sonido me emociona y cuando termina la obertura tengo ganas de aplaudir, pero de todos los momentos inoportunos en que uno podría aplaudir en una ópera, este es el peor.

Aparecen los cantantes y en el foso se siente algo similar a estar en una casa muy antigua, de las que vienen con fantasma incluido: se oyen voces lejanas que no alcanzamos a entender, pasos sobre nuestras cabezas, un estruendo súbito causado sabrá Dios a son de qué.  (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Korsten es el médium entre el menos acá y el más allá del escenario, los ojos y oídos de una orquesta que no alcanza a ver ni oír para quiénes toca, porque la ópera en la actualidad está hecha para el público y no para los cantantes ni la orquesta. El director lo sabe, asume toda la responsabilidad que le toca y se despeina un poco en el esfuerzo por estar acá y allá y contener las ansias de tocar con toda la potencia de una orquesta que está habituada a estar sobre el escenario y no en el foso. Korsten les pide que toquen más piano, se agacha hasta quedar a la altura de sus músicos y los guía hasta el siguiente crescendo. Cuando terminan el primer acto, mientras esperan a que arriba muevan toda la escenografía y utilería del siguiente, se dirige a las cuerdas y les explica que para el segundo acto busca un sonido más dolce. Por la manera en que anticipa las acciones, se hace evidente que los días de ensayos han sido bien aprovechados. Entonces entra alguien del staff del Festival y ajusta el retorno en el foso, brotan las voces de los cantantes: mejora la vida acá en el submundo.  (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Gérard Korsten supo desde niño que quería ser director de orquesta, como lo mencionó en una entrevista para la Chamber Orchestra of Europe, por eso al verlo “haciendo de payaso” no es difícil imaginarlo de pequeño jugando a ser artista, probablemente con movimientos tan frenéticos como los de Bugs Bunny, inspirado en los directores de ópera que viera al acompañar a su padre, el tenor Gé Korsten, a ensayos y presentaciones. En todo caso, fue como violinista que se hizo músico. Al acabar su formación en el Instituto Curtis, con Ivan Galamian, y en Salzburgo, con Sándor Végh, empezó a vivir como un gitano, presentándose en numerosos países con las orquestas con que tocaba. Fue por medio del violín y observando a otros directores durante su época como concertino, primero en la Camerata Salzburg y luego en la Chamber Orchestra of Europe, que aprendió a dirigir. Hasta que tuvo que elegir entre sus dos amores, el violín y la dirección, y ganó la segunda.

Desde entonces ha sido director principal de entidades como el Teatro Estatal de Pretoria y la Orquesta de Cámara de Upsala, y director musical de la Orquesta del Teatro Lírico de Cagliari. Actualmente es el director musical designado de los London Mozart Player y director principal de la Orquesta Sinfónica de Voralberg. Desde que decidió dedicarse por completo a la dirección ha estado a la cabeza de diversas óperas: La sonámbula, de Vincenzo Bellini; Don Pascuale y La hija del regimiento, de Gaetano Donizetti; Sigfrido, de Richard Wagner; La traviata y Aïda, de Giuseppe Verdi; Albert Herring, de Benjamin Britten; La abubilla y el triunfo del amor filial, del contemporáneo Hans Werner Henze y, de W. Amadeus Mozart, Don Giovanni y Las bodas de Fígaro. Con esta última se presentará junto con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia los días 13 y 15 de enero en el teatro Adolfo Mejía.

, Gérard Korsten, entre el escenario y el foso, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/gerard-korsten-entre-el-escenario-y-el-foso-articulo-674361, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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