Así se refiere el músico a los poco más de cuatro años de amistad con una de sus mayores influencias sonoras. Corría 1986 cuando recibió en el camerino, después de un concierto, a su colega, que quería felicitarlo, y de quien tenía algunas referencias como un arriscado artista que cambió para siempre la historia de la música de los dos costados del Río de la Plata.

La aparición de Piazzolla en la vida de Galliano determinó, en lo sucesivo, una camaradería que se tradujo en ratos de solaz, en audiciones compartidas, pero sobre todo en colaboraciones creativas como la participación del propio Galliano como bandoneonista del montaje teatral tanguero de “Sueño de una noche de verano”, del director Jorge Lavelli en la Comedie Francaise, y posteriormente en la elección del acordeonista como director musical de una nueva aventura del argentino en los terrenos teatrales con “Famille d’artistes”, última incursión del marplatense en terrenos de la música para la escena, de 1988.

Más allá de lo inolvidable que resultaría para Galliano que Piazzolla lo hubiera elegido como su amigo en el otoño de su vida resulta el hecho de que, movido por lo que el argentino había hecho para renovar el tango, el ejecutante de acordeón resolviera que se podía hacer lo mismo con la música popular de su país, en especial con aquel género tan proclive a las preconcepciones como lo era (y es) el valse musette. Así nació la llamada Nueva Musette, exploración personal de Galliano en torno a un sonido que, hasta su aparición, no dejaba de emparentarse con el estereotipo del francés de boina, bigote puntiagudo, camiseta ceñida a rayas y baguette bajo el brazo.

Que en Brasil el acordeón diatónico haya sido conocido tradicionalmente como “gaita” pareciera ser un rezago del origen de la musette. Aquel bautizo para una música popular urbana (de acuerdo con la Enciclopedia Salvat de la Música, “baile popular que es ejecutado por una orquesta de la que forma parte obligatoriamente un acordeón”), tuvo su origen en el siglo XVII como denominación de una gaita de fabricación esmerada y fina que amenizó las fiestas del llamado Rey Sol, Luis XIV. Si bien hoy sigue siendo el nombre de cierto tipo de oboe, a partir del siglo XVII la palabra musette también se empleó para llamar a una danza de carácter aristocrático, al igual que a otra manifestación coreográfica rural empleada en composiciones de Couperin, Rameau, Haendel y Bach.

En la década del 70, cuando la musette parecía relegada a establecimientos nocturnos para turistas en el Pigalle parisino o a ser simplemente un repertorio avejentado para acordeonistas que pasaban la gorra en el metro de la ciudad, Richard Galliano ya se había granjeado un prestigio como sesionista de jazz, con algunos coqueteos particulares con la música electrónica. Una vez llegó Piazzolla a su vida, el resto de su carrera obedeció a la pregunta que alguna vez le soltó al rompe: “yo inventé el Nuevo Tango… ¿Por qué no inventas tú la Nueva Musette?”

Con la aparición del llamado New Musette Quartet de Richard Galliano en 1993, surgió casi inmediatamente un apogeo de jóvenes acordeonistas franceses que vieron un vehículo comunicativo y estético en la renovación de esa tradición. De repente la musette dejaba de ser mal vista para recuperar su lugar en el campo del jazz y la world music.

Un año antes de aquella epifanía, en 1992 Galliano lanzó su trabajo “Coloriage”, que supuso el debut del joven clarinetista italiano Gabriele Mirabassi. Dicha grabación está compuesta en su mayoría por temas del acordeonista, con la presencia adicional del vals “Chiquilín de Bachín” para mantener el aura paternal que siempre le prodigó su autor, Astor Piazzolla. La dupla no ha abandonado ese repertorio, al que le han sumado otras piezas hasta redondear un espectáculo que se ha paseado por grandes escenarios europeos y que hoy llega hasta el proscenio del Cartagena XI Festival Internacional de Música bajo el título La musette y la música francesa de principios de 1900. Los acompaña en esta oportunidad el talento nacional de Mario Criales en el contrabajo, en el concierto que abre la llamada Serie del Nuevo Mundo, vitrina para los sonidos populares dentro del homenaje que el Festival rinde este año a los sonidos galos.

* Director musical Radio Nacional de Colombia

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