El estudio de las matemáticas le aportó a Hilary Griffiths el terreno firme para entender la música desde otra dimensión. La que para el director inglés es la manifestación resumida de todas las artes humanas requería, según su concepto, de una mirada a partir de la visión exacta de los números y en la práctica, enfrente de varias orquestas de los cinco continentes, encontraría las razones de esa urgencia tan particular.

Hoy, después de varios años de experiencia musical y con un lapso importante manejando la precisión de las matemáticas, ha conseguido que en su cabeza se den cita estos dos saberes y en la actualidad, matemáticas y música celebran su unificación en Griffiths. La primera siendo la perfección absoluta y la segunda como la exactitud en pleno movimiento.

“Creo que mi educación matemática me hace agarrar las estructuras abstractas de la música más fácilmente, pero el lado emocional y expresivo del arte me parece que viene de un lugar muy diferente”, aclara Hilary Griffiths, quien se formó como director de orquesta en su país pero después continuó sus estudios musicales en escuelas de Italia y Alemania. Él, al ver que la mayoría de los compositores que encabezaban sus partituras eran de esos países, pensó que lo mejor era conocer más de cerca el entorno de los autores.

Una de las ventajas que encontró Hilary Griffiths al llegar a Italia y Alemania para complementar su etapa académica, fue que al aproximarse a la mayoría de las piezas ya había tenido la oportunidad de dirigirlas en formatos reducidos o con agrupaciones de corte aficionado, lo que no pasaba con sus compañeros de clase alemanes o italianos. “La riqueza de tradición que pude experimentar en estos dos países fue asombrosa. Yo decidí que si quería dirigir ópera, era obligatorio para mí ir y vivir en Italia y en Alemania, aprender sus lenguas y absorber sus culturas”.

Desde sus años de aprendizaje, la aproximación a las obras sinfónicas u operáticas siempre ha sido igual para Griffiths. El punto de partida siempre es el conocimiento radical de lo que quería manifestar el autor con su obra, así que realiza un examen minucioso que se acerca muchas veces a una investigación policiaca y hasta judicial. No deja escapar detalle y cuando tiene el marco general, comienza a hacerle aportes a la interpretación, que es el escenario en el que se marcan las diferencias entre un director y otro. La partitura es la misma, lo que cambia es la visión de quien tiene la suficiente seguridad de pararse enfrente de un colectivo integrado por músicos.

Lo que más le gusta a Hilary Griffiths es estrenar obras y marcar desde la primera nota el futuro de la pieza. Ha tenido esa responsabilidad varias veces y, con la experiencia y los años en escena, las preocupaciones se multiplican, así como las inquietudes de los músicos. “Siempre es un gran privilegio conducir una primera interpretación. Por suerte, uno tiene la oportunidad de hablar con el compositor y averiguar todas las cosas que no están escritas en la partitura. La obligación es la de crear un trabajo sintonizado con las intenciones del autor”.

La primera vez que el director inglés estuvo en Colombia fue en 1986, cuando lo invitaron a asumir, por pura casualidad, Fidelio, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), la misma partitura que lo convoca en esta oportunidad pero con las posibilidades de elaborar un montaje mucho más ambicioso y de mayor impacto. En ese momento también se plantó enfrente de La Cenicienta, de Gioachino Rossini (1792-1868), y de otras piezas más cortas.

Desde entonces su presencia en el país ha sido constante y ha dirigido en varias oportunidades a la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, con la que se ha presentado en Bogotá y Cali. “Ahora he conducido varios conciertos y producciones de ópera con esta orquesta, y realmente puedo decir que esto es un enorme placer de trabajar con los músicos colombianos. La orquesta parece estar muy bien técnicamente”, dice Hilary Griffiths, quien tiene a su cargo la interpretación de la denominada Ópera de la esperanza y la paz.

Para él, con todo y su origen lejano a la realidad social y política de Colombia, implica una responsabilidad especial liderar esta interpretación en un momento tan importante para su historia. Es la Ópera de la paz y debe pasar por sus manos.

Septiembre 20, 22 y 24, a partir de las 7:30 p.m. Teatro Colón en Bogotá. Información y boletería: www.tuboleta.com.

, En sus manos está “La ópera de la paz”, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/sus-manos-esta-opera-de-paz-articulo-655657, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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