Amanece con nubes bajas en el lago de Tota. El aire a los 3115 metros de altura está cargado de olor a cebolla,  el termómetro no pasa de los 9°C y una brisa suave mece la superficie del “espejo del universo” de los  indígenas muiscas. Haciendo caso omiso del frío, un grupo de investigadores de las universidades estadounidenses Indiana-Purdue, Minnesota y Cincinnati, y las colombianas Uninorte y la Pedagógica y Tecnológica de Tunja, ponen los toques finales al andamiaje de perforación de dos toneladas que llevan armando desde  hace tres días junto al muelle.

El aparato es colocado sobre una plataforma flotante y empujado por un bote de caucho hasta el centro del lago de 55 km² y 65 metros de profundidad, que no solo es el más grande de Colombia, sino el segundo lago navegable de alta montaña más grande y profundo del continente suramericano.

Son estas características las que han puesto a Tota bajo la mirada de geólogos internacionales, financiados por la National Science Foundation (NSF), que explora lagos en todo el mundo en el marco de un proyecto gigantesco que busca  estudiar, a través de los sedimentos lacustres, el pasado climático del planeta y la forma en que este respondió a los extremos del clima en el medioambiente natural —sucesos como erupciones volcánicas y variaciones en la radiación solar—; y más recientemente, aquellos generados por acciones humanas como la erosión inducida por la deforestación, la acumulación de desechos en el cuerpo de agua y la acidificación por causa de la combustión de combustibles fósiles.

La perforación tiene el objetivo de determinar si Tota es apto para formar parte del estudio global, que consiste en perforaciones a escala mayor. El proyecto se realiza gracias a la beca EAGER (Becas para conceptos tempranos de investigación exploratoria, por sus siglas en inglés), a través de la cual la NSF apoya el trabajo de campo para estudiar ideas con potencial transformativo, porque son arriesgadas.

De cualquier forma, dice el geólogo e ingeniero ambiental de Uninorte Jaime Escobar Jaramillo (foto superior), los núcleos van a aportar una información importante a nivel local sobre el impacto del clima pasado y presente en todo el altiplano cundiboyacense.

“El lago puede tener al menos unos 100 metros de sedimentos; es decir que estudiando los núcleos como si fueran las hojas de un libro, podríamos conocer su historia y la de sus alrededores desde hace aproximadamente unos 100 a 200 mil años atrás”, señala Escobar, quien hace meses llamó la atención de los investigadores estadounidenses sobre el lago de Tota para realizar este estudio en conjunto.

“Tenemos pocos datos sobre los monzones del norte de Suramérica”, interviene Broxton Bird, de Indiana-Purdue. “Por eso escogimos esta área. La idea es obtener datos del hemisferio del norte y compararlos con los resultados del hemisferio sur para tener un mejor entendimiento del cambio climático en zonas neotropicales de Suramérica a través del tiempo”. Bird, que trabaja en proyectos en el Tíbet y EE.UU., se especializa en la inter- sección entre el cambio climático y los recursos hídricos, y su impacto sobre los sistemas naturales y antropogénicos.

El libro de sedimentos

Horas después de haberse adentrado hacia el centro del lago con su equipo de extracción, los investigadores regresan a la orilla con cara de triunfo. Lograron extraer núcleos de entre dos y cuatro metros de sedimentos. La preciosa muestra permanece protegida entre tubos de plástico, y es cuidadosamente preparada para ser enviada directamente a los respectivos laboratorios. Una vez allí, los tubos se abrirán como las mitades de un largo pan, dejando expuesta la paleohistoria del lago.

Sus componentes biológicos, como las algas diatomeas, por ejemplo, guardan información sobre la temperatura, concentración de nutrientes, metales y niveles de acidez del agua en diferentes épocas del pasado. El contenido de plomo o de compuestos orgánicos, producto de fuentes como automóviles o incendios forestales, hablan de la calidad ambiental del pasado remoto, y en el pasado cercano, ayudan a reconstruir variaciones en la cantidad y disponibilidad del agua y sus consecuencias negativas en el consumo humano, la agricultura, la silvicultura, la pesca y la  manufactura. (En la imagen: A la izquierda Broxton Bird de U. Indiana Purdue y Thomas Lowell de la U. de Cincinnati). 

Gigante ambiental

Más allá de su valor geológico y origen sagrado ancestral, el lago de Tota alberga una biodiversidad  única en flora y fauna. De hecho, la sociedad civil busca que se le declare como sitio Ramsar (un nivel de protección internacional para los humedales importantes), dado que se han registrado más de 100 especies distintas de aves, entre las cuales se encuentran algunas endémicas, según la Asociación Ornitológica de Boyacá.

La importancia ambiental del lago de Tota es imposible de subestimar: ubicado en el costado oriental de la cordillera oriental de los Andes, está enmarcado por una cuenca de páramos, albergando cerca de dos millones de metros cúbicos de agua; en otras palabras, Tota abarca el 44% del  agua que existe en los 20 lagos y lagunas más grandes de Colombia.

Que su supervivencia depende del lago es algo que no escapa al campesino Emiliano Piragua, quien nació en sus orillas hace 60 años. En  el  transcurso  de ese tiempo Piragua ha sido testigo, sin entender la causa, de todas las transformaciones que ha tenido el clima. “Antes la temporada del verano, diciembre y enero, era lo más duro; ahorita ha cambiado, hay veces que llueve harto en esa época. Los meses de invierno, de junio hasta agosto, también han cambiado, porque primero llovía bastante y el frío era fuerte, ahora llueve muy poco”, dice arrebujándose bajo su ruana de lana de oveja negra. “También ha mermado el agua, ha bajado muchísimo, por lo menos tenía unos dos metros más de altura”, añade con cierta nostalgia.

Para los pobladores de las zonas vecinas, el lago los mantiene, los alimenta, y hasta sustituyó las funciones del acueducto cuando este no existía. Como para reforzar el punto, una caminata por los campos trae un fuerte olor a cebolla: aquí se cultiva el 90% de la cebolla larga que se consume en el país.

“Toda actividad agrícola altera la cobertura de los suelos, y altera los ciclos de calor y el intercambio de humedad entre el suelo y la atmósfera”, explica Paul Filmer, director de programa de la NSF y uno de los investigadores del gobierno estadounidense que dio el aval para esta investigación. “Los lagos extensos y profundos de alta montaña en Suramérica son muy escasos. Por eso, investigar a Tota es muy importante. Nunca se ha hecho un sondeo de este tipo”.

Según Filmer, es de interés saber cuáles son  los extremos climáticos que se podrían generar en un futuro en estas  regiones. “Hay posibilidad de que dentro  de esos sedimentos haya un registro de sequía o de tiempos mucho más húmedos. Es importante saber cómo cambió la región en respuesta a esos cambios. Esa información sirve para hacer planeación a mediano y largo plazo, para tomar decisiones acerca  de lo que pasa con la cubierta de suelo, para crear políticas de manejo de aguas, y ese tipo de cosas”. (En la imagen el investigador Nigel Wattrus).

El objetivo final de la NSF es hacer un mapa de relaciones climáticas entre las regiones del mundo, donde se puedan incluir estudios de  las zonas neotropicales del hemisferio norte de Suramérica, datos que en este momento no tienen y que el proyecto en Tota espera proporcionar. Pero esa es una investigación de largo aliento; los resultados, luego de los análisis en los laboratorios, pueden demorar entre dos y tres años.

La primera expedición científica realizada en el lago de Tota fue de la Comisión Corográfica de Agustín Codazzi entre 1850 y 1859. Desde entonces se presume que el lago podría haber tenido 25 metros más de profundidad que la actual, y que tendría un origen glacial de cerca de 14 mil años; pero esa información no está científicamente comprobada.

Sean cuales sean los datos producto de las perforaciones recientes, los expertos internacionales esperan que ayuden a prepararnos para un futuro incierto bajo las nuevas reglas del cambio climático. Seguramente los dioses muiscas aprobarían el plan.

*Este reportaje fue publicado en el primer número de la revista Intellecta. Un proyecto de divulgación científica impulsado por la Universidad del Norte, en Barranquilla. 

, En el fondo del lago de Tota hay un tesoro… de datos, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/el-fondo-del-lago-de-tota-hay-un-tesoro-de-datos-articulo-662928, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza