En esa cocina nace y crece Tita, la menor de las hijas de Mamá Elena, condenada a la virginidad por una tradición familiar de la que tuvo noticia cuando le contó a su madre que Pedro Muzquiz quería pedir su mano.

Mamá Elena les dijo que por ser la menor debía cuidar a su madre hasta la muerte, pero ofreció a su hija Rosaura y el joven aceptó. Nacha, la cocinera, escuchó cuando el muchacho le explicó a su padre en voz baja que lo hacía para estar cerca de la mujer amada.

Y así se lo contó a Tita. Durante una invitación a comer en casa, la mirada de Pedro se le cruzó a Tita en el camino. Sintió una sensación de calor por todo el cuerpo cuyo explicación estaba en un sartén. “En ese momento comprendió perfectamente lo que debe sentir la masa de un buñuelo al entrar en contacto con el aceite hirviendo”.

Rosaura y Pedro se casaron y Mamá Elena inició una estrecha vigilancia sobre Tita. Sin embargo, pudo más el amor porque se las arreglaban para mirarse.

En una ocasión, Pedro le obsequió flores y Tita le respondió con un suculento plato de codornices en pétalos de rosas. Cierto día, cuando Tita molía de rodillas almendras con ajonjolí, Pedro entró a la cocina y quedó extasiado en sus senos. “Tita supo en carne propia por qué el contacto con el fuego altera los elementos, por qué un pedazo de masa se convierte en tortilla, por qué un pecho sin haber pasado por el fuego del amor es un pecho inerte (…) Pedro había transformado los senos de Tita, de castos a voluptuosos, sin necesidad de tocarlos”. Pasaron muchas cosas, incluida la muerte de Mamá Elena, antes de que Pedro la llevara a un oscuro cuarto de la casa donde se amaron hasta importarles un bledo que el mundo lo supiera, así la muerte los rondara muy cerca.

A lo largo de la obra, cuyo escenario es una finca de Piedras Negras, cerca de la frontera con Estados Unidos, se oye el eco de los disparos de la Revolución mexicana. En ese espacio físico y temporal, la historia de amor de Tita y Pedro no es única. Cada personaje lucha contra la represión y las costumbres por conquistar el espacio de la libertad para el amor. A Tita le toca dar la lucha desde la cocina.

“Para usted, ¿qué significa cocinar?”, le preguntaron hace algunos años a Laura Esquivel. “Es una ceremonia de unión con el universo”, dijo. Su respuesta es, sin duda, lo más parecido a la intimidad del amor.

, En el aceite hirviente de la pasión, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-aceite-hirviente-de-pasion-articulo-659148, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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