En los años sesenta y setenta la utopía de alcanzar el socialismo movilizó a buena parte de la juventud universitaria: la gesta de los barbudos en Cuba y de los sandinistas en Nicaragua llevó a la gente a pensar que la revolución estaba a la vuelta de la esquina. Soñamos que vendrían por el mar, la más reciente novela de Juan Diego Mejía, relata los momentos memorables de la militancia política y artística de Pável, un joven que conoce en carne propia la ilusión y el desencanto de los sueños izquierdistas.

¿Cuál fue el génesis de “Soñamos que vendrían por el mar”? ¿Cuál es su procedimiento de escritura narrativa?

Esta novela trata un tema que me persigue desde hace 35 años, cuando escribí mis primeros cuentos como una manera de empezar a sacarme los recuerdos frescos de una experiencia de militancia en la izquierda en los años 70. Ahí está el origen de esta obsesión. Luego escribí cuentos y dos novelas que tratan este mismo tema.

Después de darle tantas vueltas al asunto, sentí que ya estaba listo para escribir la versión final de este libro tantas veces escrito. Entonces no hice uso de ninguno de mis hábitos de escritura, no planifiqué el texto, solo sabía que tenía una idea de un grupo de muchachos que querían hacer la revolución y por muchos motivos ese plan fracasa, entonces empiezan el desamor, la desmovilización, el regreso a lo que son originalmente. Y me senté a escribir sin preámbulos. Las imágenes empezaron a salirme al paso, los personajes se alinearon y la historia fluyó. Debo decir que durante estos once meses de trabajo final estuve siempre temblando de miedo.

El narrador protagonista combina la pasión por el teatro con los sueños de izquierda de los setentas. Vistos desde la distancia del novelista, ¿qué tanto tiene la novela de ajustes de cuenta con su generación?

No creo que la expresión “ajuste de cuenta con su generación” interprete los sentimientos del protagonista Pável ni los del autor. Preferiría hablar de una aceptación de que la soñada revolución no llegaría y que los sueños de ese grupo de jóvenes quedarían sin cumplirse. Esta mirada le permite a Pável buscar refugio en el arte y tratar de encontrar en el teatro una alternativa para seguir viviendo.

La novela, además, permite reconstruir la movida cultural de Medellín en los setenta: ensayos de teatro, bares llenos de poetas. ¿Qué tanto influyó ese ambiente en su formación como escritor?

Lo que ocurría en las ciudades colombianas en los años setenta fue fundamental para el resto de mi vida. Fue una época de amigos, de novias, de noches de bares y conspiraciones, de música, de teatro, de promesas eternas, de heroísmos, ¿cómo se puede olvidar todo eso y caer en una vida gelatinosa, sin emociones? La literatura me dio la oportunidad de explorar el pasado y amañarlo para recordarlo a mi manera.

En la novela, Pável viaja a la zona bananera y se encuentra un país muy distinto al suyo. Usted también, en su juventud, viajó por el país. ¿Cómo esa experiencia ha contribuido a formar su visión del país? ¿Hasta qué punto su trabajo literario se alimenta de ese periplo?

No tengo dudas de que en esos años conocí a Colombia completa y no sólo la parte que la vida me tenía reservada como una fatalidad. Viví en pueblitos muy pobres, sin las comodidades de mi mundo original, y tuve muy cerca a quienes después serían mis personajes literarios. Desde entonces miro el mundo con esos ojos ansiosos de conocer el otro lado de las historias.

¿Qué papel han jugado las artes en su vida? ¿Qué del cine y del teatro alimenta su escritura novelística?

El cine y el teatro me han ayudado a resolver, a través de la ficción, asuntos fundamentales en mi vida. El cine fue una metáfora de la fantasía en una novela anterior que se llama El cine era mejor que la vida. Y el teatro ahora me ayuda a enfrentar el problema del arte frente a la política. En mi caso debería hablar de literatura en lugar de hablar de Teatro, pero quería alejarme un poco de mis problemas personales y tratar de mirarlos en cuerpo ajeno. Pável me presta su anhelo de hacer teatro y sus dudas frente a la militancia política. Él se mueve a sus anchas en los escenarios y titubea en las discusiones ideológicas.

, El otro lado de las historias, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-otro-lado-de-historias-articulo-663257, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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