“Lo único que me duele de morir, es que no sea de amor” GGM (1985)     

El amor en los tiempos del cólera, escrita por Gabriel García Márquez en 1985, es conocida como la obra desemejante al resto de sus creaciones: la menos política y militar, la que no narra la miseria social sino la miseria del alma, la que no pertenece al realismo mágico ni a la familia Buendía, la que está más cerca de la melancolía humana, la que más remolinos forma en el corazón de quien la lee, la que transforma la tormenta invernal de un lector en un atardecer en pleno otoño al lado de la chimenea, la que enfrenta, a través del baile de las letras, aquello que revive y  hace morir en un abrazo al ser humano, como diría Galeano; es la obra que defiende contra el tiempo y el polvo aquello que nos desvela y nos obsequia la esperanza; aquello que enferma de ilusión y que la poesía misma es capaz de curar;  aquello que sobreviviría a un cólera y a una eternidad en el agua; ese lugar en el que nacen las sonrisas y los llantos, el edén del que provienen los amaneceres y los anocheceres fundidos en un eclipse,  ese espacio sacro en el que cada humano se reencuentra con su soledad y con la  de los otros;  ese algo que eterniza la existencia, ignora la edad y nos enamora de las cartas: el amor.

El amor es el tema central de esta novela y para el desarrollo del presente texto, se  pretenderá analizar el vínculo amoroso y el relacionamiento entre Fermina Daza y Florentino Ariza, teniendo en cuenta los conceptos psicoanalíticos Tótem y tabú, publicados en 1913 por Sigmund Freud, para establecer una conclusión sobre el trato que Gabriel García Márquez le da al amor en esta obra.

Fermina Daza fue una mujer que gozó de la buena educación y de la guía de su tía para convertirse en una dama digna de la clase social a la que siempre perteneció. En su juventud, así como en su vejez, tuvo un romance con Florentino Ariza, un amante connatural de las mujeres, cuya única obsesión de vida fue casarse con ella. Cuando Fermina Daza se sabe prohibida por su familia de mantener vínculo alguno con Florentino Ariza, acepta unirse en matrimonio con el médico Juvenal Urbino, un hombre de su misma clase social, digno de ella, de su cariño y de su compañía.

Teniendo en cuenta el amor prohibido de estos dos personajes, nos introduciremos en los términos de  Freud para pensar la obra desde el psicoanálisis.

El concepto de tótem se logra entender a partir de la definición que Freud compone de tabú:

“Presenta el tabú dos significaciones opuestas: la de lo sagrado o consagrado y la de lo inquietante, peligroso, prohibido o impuro. En polinesio, lo contrario de tabú es noa, o sea lo ordinario, lo que es accesible a todo el mundo. El concepto de tabú entraña, pues, una idea de reserva, y, en efecto, el tabú se manifiesta esencialmente en prohibiciones y restricciones. Nuestra expresión «temor sagrado» presentaría en muchas ocasiones un sentido coincidente con el de tabú”.

Así pues, tótem se concibe como la primera definición de tabú mencionada anteriormente, es decir, un tótem es algo tan sagrado y tan consagrado, que está prohibido, que es inaccesible y restringido para muchos; no obstante, tótem sagrado no debe relacionarse en tanto a la religión o la moral. Bien aclara Freud unos renglones después que

“Las restricciones tabú son algo muy distinto de las prohibiciones puramente morales o religiosas. No emanan de ningún mandamiento divino, sino que extraen de sí propias su autoridad. Se distinguen especialmente de las prohibiciones morales por no pertenecer a un sistema que considere necesarias en un sentido general las abstenciones y fundamente tal necesidad. Las prohibiciones tabú carecen de todo fundamento. Su origen es desconocido. Incomprensibles para nosotros, parecen naturales a aquellos que viven bajo su imperio”.

Desde que Fermina Daza rompió toda comunicación con Florentino Ariza, pasando por el momento en el que él reconoció que ella se casaba y hasta que volvieron a entablar una conversación un poco más de medio siglo después, Florentino Ariza la percibió como tótem, pero, del mismo modo, ella le era prohibida cual tabú, siendo así un personaje tótem y tabú a la vez, pues era inconcebible, casi como un delito inherente a su ser, que él se le acercara a esa mujer hecha tótem.

Antes de que Fermina Daza se volviera un tótem para Florentino Ariza, dícese antes de que ella le fuese prohibida del todo, su familia la trataba de tal modo que sus posibles pretendientes la encontrarían como un tabú, como alguien inaccesible e inalcanzable.

La primera vez que Florentino Ariza quiso entregarle una carta a Fermina Daza, ella le respondió “No puedo recibirla sin el permiso de mi padre” ; luego de eso, con un poco de la complicidad de la tía, Fermina Daza y Florentino Ariza inician un romance mediado por la sinceridad de las letras y la esperanza de las promesas, hasta que, a costa de su padre, se ve prohibida para Florentino Ariza, mismo estado al que sus hijos la someterían varias décadas después, tras la muerte de su esposo Juvenal Urbino: “Hace un siglo me cagaron la vida con ese pobre hombre porque éramos demasiado jóvenes, y ahora nos la quieren repetir porque somos demasiado viejos”.

En esta novela, García Márquez narra a la mujer como una pertenencia del padre y  luego del esposo, como un tesoro que no puede ser tocado ni mirado por quien no aparezca en la auténtica firma de propiedad. Sin embargo, en el caso de Fermina y Florentino, el autor la narra como la diosa coronada cuyo único devoto es un poeta atormentado por la insuficiencia de las palabras para describir en sus escritos el amor que guardó para ella durante una vida entera, pero que su coraje y su alma de soñador le permitieron caminar medio siglo después hasta su casa a proponerle un viaje de amor, sin baúles ni compromisos sociales, tan solo llevársela a un barco para que en medio del agua le advirtiese que se amarían toda la vida que les resta, entre sonrisas y pasiones, escapando del cólera y el pasado que mantenía sus cuerpos en la distancia.

El amor en los tiempos del cólera cuenta la vida de dos personajes símbolo del psicoanálisis freudeano, un tótem que hizo caso a los consejos de la sociedad y a cambio obtuvo una vida estable y no una vida rodeada de culpas, razón misma por la que no dejó de ser tótem, y un hombre enamorado cuyo amor y deseo se encontraron una barrera al frente, demarcada por el tabú y la prohibición de acercarse a dicho tótem. En términos de Freud:

“A causa de la constitución psíquica primitiva del niño no consiguió la prohibición suprimir la tendencia. Su resultado fue tan sólo el de reprimirla y confiar el placer táctil en lo inconsciente. Pero tanto la prohibición como las tendencias continuaron subsistiendo: la tendencia, por no haber sido suprimida, sino tan sólo reprimida, y la prohibición, porque sin ella hubiera penetrado la tendencia en la consciencia y habría impuesto su realización”.

Esto quiere decir que la prohibición de Florentino Ariza hacia Fermina Daza es precisamente lo que le hizo desearla durante toda su existencia y lo que después le trajo paz en la vejez cuando su mente corroboró que ella ya era suya y que no sería de nadie más.

Y en términos de Gabo la novela cuenta la vida de una diosa coronada y de un poeta que nacieron para amarse y no para otra cosa, quienes sin sospecharlo eternizaron su vínculo en las letras, para que luego de una vida llena de vientos, mareas y amor en silencio, pudieran terminar de envejecer juntos, juntos tal y como una vez sus almas jóvenes lo soñaron y lo pactaron para siempre en la memoria de sus cartas.

 

, El amor en los tiempos de García Márquez, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/el-amor-los-tiempos-de-garcia-marquez-articulo-675521, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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