Ecuador, como muchos espacios en el mundo, tiene sus aciertos para la complacencia de los seres humanos. Económicamente no es la mayor cosa, de hecho, ni la menor. En el 2001 el país, junto con Argentina, tiene un duro receso económico. Para esto, Argentina cambia dentro de su país, cinco veces la moneda de modo que no tengan que cambiar o vender su economía. En cambio Ecuador, para salir de esto, vende su moneda y se dolariza. Otra más para los Argentinos, eh.

Ahora lo que ves en Ecuador, son unas calles bellamente organizadas y marcadas, dos policías (la desgracia viene por punta y punta) pero para ellos no es así. Tienen uno que es “general” y otro que te cuida por espacios, el cual lo llaman guardia.  Es una maravilla, pensarán algunos. Por estas calles encontrarás un montón de niños vendiendo agua, la mayor de las bendiciones para esos calores. Desde 25 centavos puedes encontrar la que te venden estos pequeños, que como en otros países, la queja es que deberían estar estudiando. No importa, acá ellos venden para vivir, como en otros lugares. Paradójicamente, Ecuador, o por lo menos en la ciudad de Guayaquil, el comercio es de los ecuatorianos, pero la plata es de los chinos.  En esta ciudad encuentras nativos hablando en su lengua y con poco español vendiendo agua o confites, como también podes encontrar a un chino hablándole al nativo que no entiende qué le dice pero aun así le obedece.

Por todos lados encuentras a los occidentales y ya no es de sorprenderse. Ellos manejan gran parte de la economía del país y por donde preguntes te harán la observación. Un día en el malecón (el lugar más recorrido en Guayaquil) encontré a dos chicos que recorrían el espacio como yo. Uno de estos, con el pecho inflado,  Bryan, me contó que era soldado. El otro, su amigo Cristián, era mecánico. Dos profesiones que en el país, como en otros, son honorables- por lo menos se ve el dinero-. La razón de Cristián para ser mecánico es no encontrar qué más hacer, “Es eso, o vender agua, amiga” dice él. Para Bryan, la situación es igual, pero con un grano de esperanza. Cuando se fue para el ejército no sólo lo hizo para pagar servicio, sino que más adelante podría ganar un sueldo que alcanzara por lo menos el salario básico 356 dólares (hasta el momento). Después, cuando fuese siendo más profesional, podría ir ganando más, con el esfuerzo sólo de permanecer de soldado. Todo esto para tener la esperanza que a sus 30 años ya esté jubilado. “Estando en el ejército no tengo que estar por ahí buscando qué hacer, puedo permanecer en eso y me voy a pensionar, incluso joven. Algo que estando en cualquier trabajo, no lo puedo conseguir” aclara Bryan. 

De la misma manera podes hablar con varias personas de la ciudad y la queja va ser que el país se lo están vendiendo a los extranjeros, específicamente a los chinos. Pero Ecuador no podía quedar fuera de la cuantificación de la miseria como pasa en Latinoamérica…pareciese que no lo vendieran, sino que la regalaran a los asiáticos. ¿Agachar la cabeza como signo de agradecimiento o de servidumbre? Es por esto que la esperanza de un ciudadano a veces está permeada por un billete que represente poder, comodidad, o menos hambre. La tristeza no es esa, es ver que mientras se siga pensando que la guerra asegura más dinero, los humanos se acomodan a reconocer ésta como un alimento.

Terminando el malecón, hay una calle que parece resumir la espera de algo ancestral en la ciudad. Está el barrio Peña, una de las calles más coloridas y arquitectónicamente más hermosas según mis ojos, donde no es más que unas cuantas cuadras que resumen el color que Guayaquil ha perdido a través de los años en sus mil. Dicen que por aquí pasaron y se quedaron un tiempo los colonizadores, “se llevaron todo y nos dejaron nada” asegura un habitante de esta calle.  Pero los colores, como la sonrisa y la amabilidad de todas las personas, permanecen para llenarnos de complacencia a sus turistas.

Por otra parte, Algunos aseguran que el paraíso está en Ecuador a tres horas de Guayaquil que no es nombrado el cielo pero sí Montañita.  Se le dio este nombre  porque está rodeada de vegetación al pie del mar y grandes cerros. En la playa uno podría decir que fue llamado así porque  hace conocer lo grande del ser humano y lo infinito del mundo, como si estuvieses parando en la punta de la montaña.

Con un clima frío y no mayor a 20 grados está este lugar. Recibe constantemente viajeros de todo el mundo y no se queja, agradece. La cantidad de hostales que radican desde 5 dólares a 37 la noche, están disponibles para cualquier acento y costumbre. Este territorio pareciese que obligara a todo el mundo a dejar sus modales de vida moderna, a preparar  el cuerpo para grandes placeres (en todo el sentido de la palabra) y ayudara para dejarse llevar por el tiempo, la brisa, los sueños, la procrastinarían de la vida.

Sin duda alguna, Montañita tiene el sabor de la alegría, ese que se queda en la memoria de quienes lo visitan y se dejan amar mientras la cabeza permita recordar.  La nostalgia, que a veces acompaña en la mochila a sus turistas, se apacigua con el aire que emana el lugar y permanece así hasta que alberga los corazones de quienes se tienen que marchar. Iván, un comunicador de Argentina, explica que Montañita no tiene magia, sino que lo que tiene es vida… vida que no deja a un lado nada, sino que lo consagra todo. Él lo dice y ha estado en voluntariado por más de cinco semanas, lo suficiente dirían algunos para emparamarse de sensaciones en este paraíso.

La película Lugares Comunes narra lo siguiente: “Al volver de un viaje uno tiene la secreta esperanza de que algún milagro pueda haber hecho que todo sea distinto, pero basta con salir a la calle un rato para que la esperanza se rompa, sin anestesia. Como tantas otras veces empecé a preguntarme qué carajos estábamos haciendo aquí, ¿qué esperábamos? ¿Por qué no nos íbamos de una vez por todas? También como otras veces no encontré la respuesta. Y nos seguimos quedando”.  Hablando con muchos de los viajeros que llegaron a Ecuador a conocerlo y luego de hacerlo decidieron quedarse a vivir, aseguran que la dicha total está en este país y hasta ahora no desean conocer más, ahora viven la narración de la película y no se asombran de ello. Por ahora yo digo que vuelvo, seguro que vuelvo.

 

 

, Ecuador en la mochila, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/ecuador-mochila-articulo-665212, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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