La cortina ondea levemente por la brisa de la tarde. El sonido de una película cualquiera retumba en el fondo del apartamento, pero en la habitación parece perderse a través de las paredes. No es muy tarde, tampoco es muy temprano. El afiche de R2D2 reposa estático, no lo afectan las circunstancias, no se da por enterado. El entorno parece un retrato sostenido en la nada. La luz que entra por el ventanal se ha adueñado del espacio y la oscuridad le teme relegándose a los rincones del baño y del armario. De resto, todo está desnudo, no hay oportunidad para los errores, las mentiras o los prejuicios. El tiempo se sostiene mientras ella mira fijamente el techo. Tiene los ojos abiertos de par en par. No entiende cómo malgasta su vida contemplando el silencio y sintiendo la presión abrumadora de la tranquilidad. El pecho le retumba en forma de ansiedad, sus músculos no se mueven a causa de la depresión y vuelve a respirar… y respira… a veces es la única forma que tiene para recordar que está viva… y suspira.

Los domingos son los días más extraños de la semana. Se queja a diario de su carga laboral, de los quehaceres, del corre-corre y de cómo siente que está malgastando su creatividad. Los viernes se entrega a la calle dejándose llevar por el rumor de la gente, los bares abiertos y las aventuras nocturnas. Los sábados son un déjà vu del viernes, sólo que no hay derecho al trabajo, pero… los domingos. ¿Cómo describe un domingo? Es un día difícil porque la vida parece darle paso el existencialismo, al sentir de las carencias y a los falsos distractores. La humanidad es así. El domingo es el día del amor, es el día en el que realmente ella entiende qué tan sola se encuentra, y se asusta. Extraña a la familia y le pesa no sentir el olor de un buen almuerzo, el ruido de los primitos saboteando la tranquilidad de la abuela o, incluso, una leve caricia de mamá. Cuando uno vive solo hasta el perro parece una porcelana, un adorno. Hasta el más mínimo objeto sucumbe en la inexistencia sostenida ante esta brecha de espacio y tiempo.

Es el día del amor porque ella necesita vivir esas 24 horas con algo que le llene el corazón. Está cansada de dormir sin sueño, y sin sueños, de buscar películas en la televisión por cable y de ir al cine. A veces se decide a poner alguna lista de reproducción que le recuerde su ciudad natal o los buenos lugares donde amó la vida. Quiere rodearse de cariño humano, pero no lo tiene, o lo tiene y se le escapa de las manos, o lo tiene y tambalea a ratos, o lo tuvo y ya dejó de existir, o lo tiene y no es correspondido, o no lo tiene porque está a kilómetros de distancia, o lo tiene a través de un celular, o lo tiene pero es un ser de cuatro patas y nariz fría.

La habitación la agobia, pero no es capaz de dejarla. Es su refugio y también su cárcel. Sabe que puede hacer más, que puede dar más, que puede cambiar el mundo cuando quiera, pero su propia alma le impide romper las ataduras. Sueña despierta, pero sus planes no abandonan su cabeza. Tiene miedo, siente miedo a pesar de la seguridad que tiene para realizar su vida. Ha maquinado mil excusas para postergar sus sueños y a la vez su ánimo se reduce por su falta de paciencia. Es imprudente, atrevida y tiene carácter fuerte, pero se siente atrapada. Unos días se levanta con la determinación de ir por el todo y ha soñado incluso con llegar a ser la mejor periodista, la mejor escritora de cuentos infantiles, la mejor publicista, la mejor administradora, la mejor mujer, pero su nube de fantasía se desvanece en días tan desastrosos como los domingos. Su indecisión la quema en vida, lo quiere todo, en el menor tiempo posible y, aunque sabe que va por buen camino y que ha labrado una buena parte de su futuro, su insatisfacción y su inconformismo no le permiten ser del todo feliz. Entiende que su felicidad es de momentos y busca entretenerse en el ocio o en el trabajo para no sentirse desolada. La vida es experta en desesperar a los humanos que no tienen compañía.

Ella sabe que no es normal y que hay algo roto en ella. Desde el día en que empezó a soñar dentro de sueños, en una intradiégesis melancólica, enfrentándose con sus viejas desilusiones y sus vagos anhelos, supo que no era como su vecina, ni como su compañera de trabajo. Le cuesta encontrar personas que la entiendan y que se identifiquen con su pragmatismo para construir y etiquetar el mundo. Es complicada, complicadísima, y lo sabe, pero intenta facilitarles a los otros su trato con ella. Es una loca inofensiva y no le disgusta. Hace rato que aceptó que sus pensamientos eran raros, sin embargo, se enoja cuando se siente ordinaria y sin gracia porque sabe que puede dar más y que puede cambiar el mundo en el momento que quiera.

A veces se cansa, le flaquea la existencia y se siente en el vacío de no saber a dónde pertenece. Siente amor por muchas personas y por muchas actividades. Prefiere ser optimista para no llegar a suicidarse. Sobrelleva sus inquietudes personales bastante bien. Ahoga sus penas en alcohol, en el cigarrillo y una que otra vez con el estupor de la marihuana. Es un ser humano corriente que ha aprendido a lidiar con sus pensamientos malintencionados. Se refugia en la música, en las buenas charlas, en el café, la caminata y las películas… pero su voluntad se siente derrotada y entonces se halla mirando al techo pensando en el sentido poco sensato de la vida, en cómo le pesa la existencia y en la detestable iluminación perfecta de su habitación; los rayos del sol le queman la esperanza y le alimentan la tristeza. Le abruma su rostro inexpresivo porque sabe que no siente nada. ¡Eso es! Los domingos ella contempla la nada porque se menosprecia cuando no tiene estímulos que le oculten la detestable naturaleza de sus problemas psicológicos. Odia los domingos porque son el día en el que realmente dimensiona cuánto puede odiarse a sí misma… entonces, vuelve y respira.

, Domingo, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/domingo-articulo-660704, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});