El proceso de transformación económica que ha experimentado América Latina desde la década de 1980 hasta el siglo XXI , como resultado de la aplicación de los principios del libre mercado, ha producido profundos cambios en sus estructuras económicas, políticas, sociales, tecnológicas, jurídicas y culturales. Desde el punto de vista cultural, los países de América Latina han debido hacer frente a una serie de desafíos que los ha ido obligando a replantear los procesos de reorganización de sus escenarios culturales

Este nuevo contexto, caracterizado por la globalización de la economía, de las comunicaciones y de la cultura, está orientado hacia la creación de la sociedad de la información y el conocimiento en la que las industrias culturales desempeñan un papel fundamental. Como bien lo indica Martín Hopenhayn, lo que hace que este sector se esté convirtiendo “en el sector estratégico de la competitividad, el empleo, la construcción de consensos, el modo de hacer política y la circulación de la información y los conocimientos”.

A pesar del papel protagónico que han tenido las industrias culturales en este proceso, es relativamente reciente el reconocimiento de los gobiernos latinoamericanos al sector, que no le daban la debida importancia al momento de elaborar sus políticas culturales y comerciales, salvo el papel pionero que al respecto tienen países como Argentina y Colombia, aunque no dedican un presupuesto importante como consecuencia de esas políticas.

Ya, en esta década, se camina hacia la identificación de un sector vivo y vibrante que protagoniza la filiación, cultura/emprendimiento/innovación/creación, de la que participan activamente países como Argentina, Brasil, Colombia, Chile y México, especialmente, que cuentan con unidades especializadas y una política de internacionalización de su oferta de bienes y servicios culturales, en todos los sectores, desde los de las industrias culturales “tradicionales” (libro, cine, artes visuales y audiovisual) hasta los campos de las artes escénicas y musicales, las artes digitales y ese largo etcétera que abarca la creatividad del sector.

La irrupción de la forma mercado en los procesos de circulación de bienes y servicios asociados al teatro la música y la danza, con interesantes ejemplos en nuestros países, como la articulación de los países suramericanos en Micsur, que tuvo una exitosa segunda edición en Bogotá bajo el liderazgo del Ministerio de Cultura de Colombia, o Circulart (Medellín), que incluye las músicas de Latinoamérica, denotan una avanzada mentalidad en propuestas de intercambio y gestión de modelos avanzados para un sector necesitado de innovar sus formas de distribución, con lo que se percibe un terreno abonado para la presencia de un mercado internacional que genere nuevos espacios para la integración sur/sur, y, desde este ámbito territorial generar plataformas para el mundo.

Ahora bien. En un contexto más amplio, el mercado, en general, y este sector, en particular, han tenido como sus características relevantes el que, durante su proceso de desarrollo, los países ricos dependieron fuertemente de la protección del comercio y de los subsidios que, por lo general, no observaron las leyes de patentes ni los llamados derechos de propiedad intelectual y que sólo defendieron el libre comercio cuando les reportaban ventajas económicas. Desde este punto de vista, estos países hoy impulsan al mundo en desarrollo para que adopte las políticas que ellos evitaron.

Asimismo, las políticas de los países ricos no sólo incluyeron el proteccionismo y la intervención del Estado, sino también una política de colonización y desindustrialización deliberada del Tercer Mundo, lo que, sumado al factor globalización, generó una desigualdad pronunciada.

Todo esto derivó en el monopolio, en la creación y circulación de los contenidos culturales y la posterior defensa de los mismos en los tratados internacionales, con ventajas oprobiosas en todos los escenarios del comercio internacional (OMC; GATT; etc).

Por esto pensamos que, en lo que concierne a la política comercial ligada a las industrias culturales, la historia y “la teoría de las ventajas competitivas” indican que el procedimiento más apropiado sería el de considerar la liberalización del comercio de manera selectiva, a medida que las industrias particulares lleguen a ser suficientemente competitivas en el mercado mundial.

Este enfoque, ligado a los mercados culturales emergentes en nuestro país y en los países latinoamericanos que han generado modelos similares, es válido para un sector en que los contenidos asociados a la creatividad e innovación son muy fuertes y demandados por el mercado mundial, y que están presentes en nuestros países con altos niveles de diversidad, aun considerando las asimetrias propias de la región.

Requerirá el sector, entonces, de un gran consenso, al que se incorpore no sólo la institucionalidad cultural, sino también los ministerios de Comercio y de las TIC , además de Procolombia; que se proponga dar un impulso importante al sector, negociando reglas claras y plazos para cumplir los estándares del mercado mundial. Por supuesto, nada de esto será posible sin un cambio importante en las actuales reglas de la OMC y de las condiciones internacionales ligadas a la ayuda financiera que, aunque están presentes en la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales de la Unesco, no se han visto reflejadas en los desarrollos normativos del sector comercio en el ámbito internacional.

A esto debe sumarse el fortalecimiento del sector en el marco de la institucionalidad pública, tanto desde el punto de vista presupuestal como desde la perspectiva de la consolidación de los mercados, que son claramente liderados por el sector privado y que merecen ser apoyados con mayor decisión por el Gobierno nacional.

*Director Circulart

, Circulart, el mercado de la música latina, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/circulart-el-mercado-de-musica-latina-articulo-665004, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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