En la ciudad nigeriana de Nsukka, una niña de siete años escribe e ilustra cuentos de personajes rubios, altos y blancos, que beben cerveza de jengibre, juegan en la nieve y bajan manzanas de los árboles, aunque en su ciudad no nevara, y los árboles dieran mangos y no manzanas, y a pesar de salir a la calle y estar rodeada de hombres y mujeres negros, que no bebían cerveza de jengibre, esta precoz escritora consideraba que la literatura debía hablar de ese mundo desconocido para ella, que quizás el sentido de escribir estaba en narrar a los blancos y sus historias, pues casi toda la literatura que la rodeaba estaba hecha por ingleses o estadounidenses.  (Lea también: Chinua Achebe: todo el poder negro)

Años después llegaría el llamado; múltiples preguntas acerca de su realidad como nigeriana, la literatura del escritor Chinua Achebe o del Guineano Camara Laye, la conciencia del colonialismo y sus implicaciones en la historia de Nigeria. ¿Por qué es pobre el chico que nos ayuda en casa? ¿Las personas pobres en Nigeria son solo pobres? o ¿Son pobres y trabajadoras? ¿Qué es lo auténticamente africano? (Lea también: Paulina Chiziane: un corazón roto que sangra por todas)

Desde entonces Chimamanda Ngozi Adichie cuenta historias. Había crecido en medio de una familia acomodada, su padre era profesor y su mamá era secretaria de la universidad de Nigeria. Supo que en la casa que habitaba, alguna vez vivió Chinua Achebe, de quien aprendió que el mundo necesitaba algo que él llamaba “un equilibrio de historias”. Comprendió entonces que las historias inglesas la habían enriquecido y le habían regalado el don de la imaginación y la creatividad para rehacer un mundo completamente distinto al suyo, pero que también necesitaba ver a su alrededor, leer y narrar cuentos que dieran lugar a construir un imaginario africano desestigmatizado y humanizado. Aprender y escuchar de la tradición oral africana, construir su propio universo literario donde estos dos mundos pudieran convivir.

A los 19 años ganó una beca para estudiar en Estados Unidos, allí terminó carrera comunicación y escribió su primera novela, La flor púrpura. Kambili es una adolescente, protagonista y narradora de la historia, quien se desenvuelve en un contexto complejo entre fanatismos religiosos y el ejemplo libertario de su padre, un librepensador y demócrata que hace frente desde un periódico al dictador que ha tomado el poder.

Tiempo después saldría a la luz pública su segundo título, Medio sol amarillo, una historia desarrollada en la guerra civil nigeriana. Recrea la vida de tres personajes atrapados en las turbulencias de la época. Ugwu un profesor universitario de ideas revolucionarias. Olanna, la esposa del docente que abandona su privilegiada vida en Lagos y Richard, un joven inglés enamorado de la hermana de Olanna. Desarrollan sus historias en medio de la lucha de Biafra por lograr su independencia y a medida que las tropas nigerianas avanzan.

En una ocasión un profesor se le acercó y le recomendó escribir una novela que fuera auténticamente africana. La escritora, sorprendida, se quedó pensando a qué se refería con aquello de la autenticidad y qué era concretamente la africanidad. ¿Qué es lo que espera Occidente de los relatos africanos? ¿Pobreza, miseria, guerra? El profesor argumentó que sus personajes se parecían demasiado a él, un hombre educado, de clase media. De lo que Chimamanda dice: mis personajes conducían vehículos, no morían de hambre; entonces, no eran auténticamente africanos.

Chimamanda cree que todos deberíamos ser feministas, lucha contra la exotización que quiere dársele a África, habla del peligro de contar una sola historia y de la importancia de la diversidad para narrar el paso de la humanidad por el mundo. La han acusado de traicionar la cultura africana por declararse feminista, por considerarse que estas son ideas de las blancas, de las burguesas, de las mujeres amargadas que no consiguieron un marido. La escritora desde entonces se declaró una feminista negra, feliz y africana. Han querido clavarle puñales porque perdió su esencia, porque el contacto directo con Occidente ya no la muestra tan nigeriana como sus compatriotas. Lanza entonces su novela Americanah, término que se usa en Nigeria para etiquetar despectivamente a los nigerianos demasiado americanizados. Allí continúa contando historias, pero ya no de blancos en su tierra o negros en África, no, ella habla de nigerianos que viven en muchas partes del mundo y que diversifican la forma de habitar la tierra porque está convencida de que “una sola historia roba la dignidad a los pueblos”.

, Chimamanda Ngozi Adichie, la feminista transgresora, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/chimamanda-ngozi-adichie-feminista-transgresora-articulo-674988, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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