Así es la batalla de Chile contra el fuego

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Jose Raul Lopez Daza

La “finca” para compensar la pérdida de biodiversidad

Los lenguajes de las finanzas y los recursos naturales están cada vez más cerca. Combinaciones de palabras que antes se creían impensables, como negocios verdes, pagos por servicios ambientales y bonos de carbono, fueron apareciendo para llenar los vacíos que había a la hora de medir el crecimiento de los países. Lentamente, la economía empezó a dar un vuelco hacia mercados que en vez de explotar los recursos naturales para obtener dinero hacen lo contrario: conservarlos.

Bajo esta lógica, Colombia acaba de lanzar el primer banco de hábitat en Latinoamérica, una iniciativa que busca que las empresas que tienen la obligación de compensar por pérdida de biodiversidad cuenten con un terreno para hacerlo: 610 hectáreas que ya están dispuestas para que se realicen proyectos de restauración o conservación en el municipio de San Martín de los Llanos, a la altura de la subcuenca del río Metica, en el departamento del Meta.

Es decir, si algún proyecto de infraestructura, agricultura o hidroelectricidad de la región debe compensar el haber arrasado ciertos fragmentos de bosques o transformado las sabanas, puede solicitar al banco, estructurado por la empresa Terrasos, uno de estos terrenos. Claro, a cambio de un pago.

La idea, además, es que el banco de hábitat, que recibió una inversión privada de US$1,5 millones y es financiado por el Fondo Multilateral de Inversiones (Fomin) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sea un modelo piloto.

Según explica Carlos Novoa, delegado del BID, el país cuenta con un potencial de US$700 millones para este mercado. En el mundo se invierten más de US$8.000 millones anuales de capital privado que buscan, a la vez, tener resultados ambientales y retornos financieros.

El terreno

Son varias las particularidades que se pueden encontrar en las 1.500 hectáreas sobre las que tiene influencia el banco. Está la zona de transición, donde se topan el monte andino, de coberturas amplias y boscosas, con el ecosistema de altillanura, y así como ocurre en otras partes de la región, en los predios elegidos para ser parte del proyecto la ganadería resultó siendo vecina de las reservas naturales.

Es por esto que, para tener mejores resultados, el banco acudió a un plan de manejo que hace estos límites menos difusos. De las 1.500 hectáreas, 610 fueron cercadas y el resto seguirá siendo destinado para ganado. Entre las primeras, 310 hectáreas estarán destinadas para proyectos de restauración y las restantes entrarán en conservación.

“Una vez se ponga en marcha el plan, habrá que hacer una serie de cosas. Restaurar, sembrar viveros, establecer perímetros, poner barreras del fuego o evitar que cazadores se acerquen”, cuenta César Barrera. Él y otras dos familias son los dueños de los predios que ahora hacen parte del banco de hábitat. De ahora en adelante, además de ser socios, su nueva función será ser los operadores del proyecto.

Según el tipo de compensación que las empresas requieran, las categorías de manejo pueden cambiar entre sabanas para conservación, sabana para restauración, bosque para conservación y zona de restauración de bosque. El ideal es que las iniciativas se mantengan por 30 años, tiempo suficiente para que un ecosistema puede restablecer su dinámica natural. Sin embargo, las empresas sólo tendrán que hacer el pago una vez se aseguren de que hay resultados en el transcurso de este tiempo.

Pagar por unidades de biodiversidad

Cuantificar las ganancias en biodiversidad, cuánto se gana o cuánto se pierde, no es una tarea fácil. Debido a que el modelo del banco de hábitat, a diferencia de otros pagos por servicios ambientales, parte del pago por resultado, el equipo que lo creó tuvo la misión de encontrar una estrategia para medir si se van a cumplir las metas.

Para ello acudieron a la “unidad de biodiversidad”, una medida que permite hacer comparaciones ya sea de una misma área en el tiempo o entre dos áreas del mismo ecosistema, y con la cual se pueden monitorear los avances. La unidad, además, tiene en cuenta tres variables: el factor de compensación, el contexto paisajístico y la calidad del área en términos del estado de conservación.

Es así como el banco les ofrece a las empresas cierto número de hectáreas, con un equivalente en unidades de biodiversidad, que no serán pagadas hasta que demuestren tener una mejoría.

Una nueva estrategia que permitirá pasar de la palabra a la acción, pues, como bien lo advirtió el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, “aunque existen cantidades enormes de áreas degradadas con proyectos de conservación, muchas veces no se ven los resultados”. El banco de hábitat promete ser el cambio.

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Jose Raul Lopez Daza

Un orangután busca pareja por internet

Samboja, un orangután del zoológico Apenheul Primate de Holanda, dió señales de estar llegando a su madurez sexual hace aproximadamente un año. Sus cuidadores recibieron las señales como una advertencia de que debían darse a la tarea de buscarle pareja. La solución que han encontrado es un “tinder para orangutanes”.

En el parque zoológico, que se encuentra cerca a la ciudad de Amsterdam, comenzarán a mostrarle a Samboja imágenes de los orangutanes disponibles para la tarea y que hacen parte de un programa internacional de reproducción de orangutanes.

De acuerdo al periódico The Guardian, los cuidadores estarán atentos a las reacciones faciales de Samboja. Conocer un poco mejor sus preferencias facilitará la elección de la posible pareja y así minimizar el riesgo de rechazo. Finalmente, el macho elegido tendrá que ser transportado desde algún lugar remoto y los costos pueden ser elevados.

“A menudo los animales regresan a sus zoológicos sin lograr un apareamiento”, comentó el biólogo Thomas Bionda a un periódico local, “las cosas entre hembras y machos no siempre salen bien en el primer encuentro”. La misma técnica ya ha sido usada por zoológicos como el
Wilhelma Zoo en Stuttgart, Alemania. Así fue como Sinta conoció a Gempa, un orangután en cautiverio en un zoológico de Bélgica.

Los cuidadores del zoológico trabajan en el diseño de un dispositivo que el orangután no pueda destruir mientras se deleita con las fotos de posibles parejas. La primera tableta que le ofrecieron la rompió.

“Para los orangutanes, la apariencia parece ser un factor importante a la hora de elegir pareja”, comentó uno de los oficiales del zoológico holandés. Durante el apareamiento estos animales estudian sus movimientos, su tamaño e incluso analizan la fuerza de los sonidos que emiten.

La población de orangutanes se ha reducido considerablemente. Se estima que en el mundo sobreviven entre 45.000 y 60.000. Un estudio publicado recientemente por un equipo de 31 primatólogos calculó que el 60% de las más de 500 especies de primates no humanos que existen en el mundo está amenazado y el 75% tiene poblaciones en claro declive.
 

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Jose Raul Lopez Daza

¿Por qué deberían importarnos los humedales?

Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo vivía un hombre que espiaba a las mujeres cuando se bañaban desnudas en el río. Su atracción por ellas era tan grande que buscó a un brujo para que lo convirtiera en caimán y así poder nadar discretamente por el caudal.

Cuando llegó a donde el brujo, este le dio dos pócimas: una para convertirse en caimán y otra para volver a ser humano. Estando en el río, bebió la pócima y repentinamente se transformó en caimán. Pero, sin querer, derramó el antídoto con el que sería hombre de nuevo. Gotas de ese líquido cayeron sobre su cuerpo, quedando mitad hombre, mitad animal. De ahí en adelante se le conoció siempre como el “hombre caimán”.

Esta, como muchas otras leyendas colombianas, es el reflejo de nuestros ancestros que no fueron ajenos a la naturaleza que los rodeaba. Paisajes como los humedales se convirtieron en el punto de partida para imaginar historias como las del “hombre caimán” y un sin fin de personajes míticos.

Hoy en día nuestra relación con los humedales cambió. Ya no inventamos cuentos o seres ficticios para venerarlos. Al contrario, les echamos basura, desechos, escombros y aguas negras. Hasta grandes vías les hemos construido encima.

Los humedales tampoco son los mismos que años atrás. La ganadería, la agricultura, deforestación, urbanización y minería son sólo algunas de las causas que han transformado el 24 % de estos ecosistemas. Según el libro Colombia anfibia, publicado por Instituto Humboldt, las actividades humanas están ligadas a la alteración de aproximadamente 7’332.000 hectáreas de estos ambientes. “Quizá porque tradicionalmente no se han comprendido a fondo los bienes y servicios que los humedales aportan a la sociedad”, advierte el informe.

Estas transformaciones se notan sobre todo en la contaminación de las fuentes hídricas y la pérdida de hábitats, pues los humedales no solo son reservas de agua, sino también el hogar de cientos de animales: desde el más minúsculo organismo hasta el mamífero más grande. El zooplancton, cuyo nombre cuesta pronunciar, es un animal microscópico que comparte su ambiente con peces y manatíes.

Las especies migratorias, por ejemplo, necesitan que los humedales estén en buenas condiciones para usarlos como hospedaje mientras van de pasada. Las aves que vienen de regiones del norte, utilizan los humedales del trópico para descansar y luego continuar con su itinerario.

“Todos los años, desde octubre hasta febrero del siguiente año, llegan aves de Estados Unidos y pasan de cuatro a cinco meses en nuestros humedales. Pero por la degradación y destrucción de muchos de estos se están obstaculizando las rutas de migración”, asegura Eduardo Guerrero, director de Gestión Ambiental de la Secretaría Distrital de Ambiente.

Sin necesidad de ecuaciones matemáticas, la fórmula de estos ecosistemas podría resolverse así: los humedales son vida y la vida es agua, flora y fauna. El problema es que, como sociedad, no hemos aprendido a descifrarla. Tal como las aves migratorias, los peces regionales de la Cuenca Amazónica, el Atrato y el Magdalena Cauca, durante su reproducción, viajan buscando lugares adecuados para poner sus huevos. Y si se destruyen sus hábitats de paso, pierden su ruta y no tienen dónde parar.

Nada distinta es la situación de los manatíes. Hace 25 años fueron declarados como una especie en vía de extinción por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En Colombia, la población de estos mamíferos se ha disminuido drásticamente en la zona del Magdalena Medio. El año pasado, en las ciénagas de Tupe y Zarzal, en Bolívar, murieron 38 manatíes por la disminución de agua.

Dalila Caicedo, directora ejecutiva de la Fundación Omacha, entidad encargada de proteger los ecosistemas colombianos, afirma que la muerte de manatíes se da por varias razones. Entre ellas están la contaminación, el deterioro de la calidad de agua, la falta de alimentación, la cacería o desecación de la ciénaga por la construcción de diques.

Colombia, entre hectáreas y hectáreas de humedal

El 26 % de nuestro país es un humedal. Lo que corresponde a 30 millones de hectáreas aproximadamente. Ante esta cifra descomunal, el Gobierno ha procurado sacar leyes para restringir el uso de estos ecosistemas, aunque sea en algunas partes del territorio.

En 1998, por ejemplo, se firmó el tratado Ramsar: un documento que se elaboró en la ciudad iraní, que lleva su mismo nombre, para proteger los humedales alrededor del mundo. Hasta la fecha, el país ha declarado seis sitios Ramsar, lo que significa que cerca de 708.000 hectáreas de humedales están protegidas por ser consideradas de importancia internacional.

¿Pero qué pasa con los otros millones de hectáreas que tiene Colombia en humedales? ¿El Gobierno debería protegerlos también? Si lo hace, ¿nos iríamos a la quiebra porque no podríamos tocar medio país? Este es el eterno debate de las organizaciones ambientales.

Úrsula Jaramillo, investigadora del programa de gestión territorial y de biodiversidad del Instituto Humboldt, respondió estas inquietudes. “En un país donde los humedales son lo mas común del territorio y todas las actividades económicas están localizadas sobre ellos, la lógica de áreas protegidas no funciona”.

Para Jaramillo, resguardar los 30 millones de hectáreas en humedales que tiene Colombia “sería ridículo, porque el país se quedaría sin actividad económica”. Por ejemplo, la zona de la Orinoquia, que produce gran parte del PIB del país por petróleo y donde se encuentra la mayor cantidad de humedales, no está protegida. Incluso, Bogotá está situada en un humedal. Entonces, “¿nos tocaría trastearnos para otro lado?”, se pregunta la investigadora.

La alternativa, según ella, es reconocer que el territorio es variable y que los humedales unas veces son secos y otras húmedos: el gran reto al que se enfrenta la industria. Por esto, explica que hay que plantear una propuesta de desarrollo económico que se adecúe a las características de un país de humedales: por momentos, seco, y por momentos, húmedo.

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Jose Raul Lopez Daza

Las fotografías de la tercera expedición de Colombia en la Antártida

El pasado 16 de diciembre, la tercera expedición de Colombia a la Antártida, Almirante Padilla, zarpó desde Cartagena con el objetivo de emprender una aventura de investigación y ciencia en el continente blanco durante dos meses.

Luego de cruzar el Canal de Panamá y el Estrecho de Drake, el buque ARC 20 de Julio llegó a la Antártida para visitar varios puntos de interés, entre ellos el Estrecho Gerlache y algunas estaciones chilenas y argentinas para recoger información y poner en marcha 19 proyectos de investigación.

“Es importante que todos entendamos que la naturaleza no conoce de fronteras políticas. Es un solo océano interconectado el que tiene el planeta y todo lo que ocurre en algún rincón del mundo puede generar cambios de temperatura, de oleaje y demás, en cualquier otra parte”, le dijo a El Espectador el capitán de navío Rafael Ricardo Parra, desde las gélidas aguas.

Los expedicionarios son científicos de las universidades Jorge Tadeo Lozano, Antioquia, Javeriana, los Andes, Tecnológica de Bolívar, la Sabana, Nacional, La Salle; y de centros de estudio como Invemar, la Dirección General Marítima, el Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas, Omacha y la Escuela Naval de Cadetes, entre otras.

Dentro de los proyectos se espera tomar fotografías aéreas para medir los impactos ambientales del calentamiento global en los ecosistemas, tomar muestras de piel de ballenas y elefantes marinos para hacerles estudios genéticos y de contaminación; así como analizar la mente y el cuerpo humano en condiciones de baja temperatura y radiación, e identificar microorganismos de ambientes extremos con potencial a nivel industrial y farmacológico.

“En nuestros datos podemos encontrar respuestas de cómo el fenómeno de El Niño está cambiando el clima y cómo el calentamiento global puede llegar a afectar las costas colombianas. Hemos podido avanzar en todos los proyectos, con información muy interesante y prometedora que daremos a conocer con resultados contundentes en uno o dos años, cuando analicemos todo en Colombia”, cuenta Parra.

La idea que tienen los científicos, que se espera regresen el próximo mes, es crear una estación científica permanente en la Antártida donde haya campamentos y refugios para investigar continuamente. Por eso es que la tercera expedición va cargada de un componente vital para lograr el objetivo: crear redes de estudio e intercambio científico con países que nos llevan la delantera en el campo.

“La Armada Nacional entendió hace muchos años que cuando se hace investigación y entendemos la geografía costera y todo lo que tenemos en nuestros mares, también estamos haciendo soberanía. El colombiano no puede querer lo que no conoce, entonces cada vez que estamos aportando conocimiento estamos también acercando los mares al corazón de la gente”, dice Parra.

Los científicos le mandaron a este medio algunas fotografías de su travesía, así como un mensaje para el país: “Nos tenemos que sentir muy orgullosos de haber sido capaces de montar una expedición tan interesante como esta y llevarla a cabo. Tenemos todo para estudiar lo que está pasando en Colombia, pero también para aportar a los grandes problemas que tiene el planeta, y el calentamiento global es uno de ellos”.

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Jose Raul Lopez Daza

"Un año de paz nos ahorra 2.7 billones en degradación ambiental": Simón Gaviria

En el norte de Bogotá se realizó este miércoles el lanzamiento de la Misión de Crecimiento Verde, liderada por el Departamento Nacional de Planeación, en cabeza de su director Simón Gaviria. El presidente Juan Manuel Santos fue el encargado de inaugurar el evento hablando sobre la apertura del país a la economía sostenible tras atender las exigencias de la agenda de Cambio Climático y los acuerdos de la Conferencia sobre el Cambio Climático de París (COP) en el 2015. (Lea: Colombia apuesta por el crecimiento verde)

En el discurso inaugural, el primer mandatario señaló que con la llegada de la paz “es el momento para que nuestro país sea líder en bioeconomía”. De hecho, el director del DNP, Simón Gaviria, explicó que un año sin conflicto armado garantiza un ahorro de 2.7 billones en degradación ambiental, celebrando también el proceso del sector privado y público hacia políticas ambientales, “quienes son aliadas, a veces sin saberlo, de los objetivos para el desarrollo sostenible, que suman 169 según la agenda mundial.”

Compromiso con el medioambiente es permanente. En 2018 habrá 26 millones de hectáreas protegidas, 36 páramos delimitados. #CrecimientoVerde

— Juan Manuel Santos (@JuanManSantos) 1 de febrero de 2017

Este proyecto, dirigido por el economista Hernando José Gómez, busca orientar a Colombia en el crecimiento de una economía basada en el desarrollo sostenible y la preservación del medio ambiente. La meta es posicionar al país para el 2030 como un referente de crecimiento verde en Latinoamérica.

Los invitados para hablar sobre el tema desde la perspectiva internacional fueron Laurence Tubiana, representante para la COP de París; Jisoon Lee, presidente del Comité Coreano encargado de este asunto; y la economista Marianne Fay, jefe para el desarrollo sostenible del Banco Mundial. El debate entre los expertos se centró en la fiscalidad ambiental, los incentivos para la industria, la transformación social encaminada al desarrollo sostenible y la claridad política frente al crecimiento verde.

Luego se dio paso al ámbito nacional con la participación de Luis Gilberto Murillo, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y Germán Arce Zapata, ministro de Minas y  Energía. Además de la presencia de Bruce Mac Master, presidente de la Andi, y Carlos Ignacio Gallego, presidente del grupo Nutresa, en conversación con el director de la Misión que desde hoy se puso en marcha.

La discusión fue sobre el reto empresarial de utilizar de buena manera los recursos naturales del país. En este caso, dentro de un territorio rico en bosques, fósiles y paisajes hídricos. Conforme a lo pactado, los roles de la industria deben tender hacia los objetivos gubernamentales sobre la conservación ecológica, en sintonía con la competitividad del sector productivo.

La transformación proyectada deberá superar los índices de desperdicio generado por los colombianos, es decir, 34% de la comida y 43% del agua, informó Simón Gaviria. Agregando que, de no tomar conciencia, el país seguirá perdiendo recursos naturales y económicos. “Por ejemplo, el fenómeno de La Niña costó 2 puntos del Producto Interno Bruto, especialmente para el gremio agropecuario”, concluyó el director del DNP.

Ahora, la Misión de Crecimiento Verde se encaminá hacia una coherencia de los sectores para invertir en la apuesta más rentable, según Santos: proteger el planeta desde el cuidado ambiental con el fin de impulsar el desarrollo económico. 

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Jose Raul Lopez Daza

Greenpeace captura las primeras imágenes submarinas del coral del Amazonas

El buque Esperanza de Greenpeace partió el 24 de enero de 2017 rumbo a la desembocadura del río Amazonas sobre el mar Atlántico. El año pasado un grupo de científicos descubrió en esa zona un arrecife de coral seis veces más grande que la ciudad de Bogotá. Un verdadero tesoro marino. Esta vez querían sumergirse, explorarlo y fotografiarlo. Una amenaza flota en la superficie: las compañías petroleras Total y BP podrían comenzar a perforar en esta zona si obtienen autorización del gobierno brasileño.

“Hemos navegado el sur y el centro de los corales”, cuenta Thiago Almeida, miembro de campañas de Greenpeace Brasil, desde el buque Esperanza. Desde que comenzó la expedición los buzos se han sumergido siete veces. Un pequeño submarino les ha permitido cumplir la misión.

El Arrecife del Amazonas, un sistema de 9500 kilómetros cuadrados, les mostró su mejor cara desde la primera inmersión. Corales, esponjas y rodolitos forman la enorme ciudad marina. Los científicos están casi seguros de que algunas de las especies observadas podrían constituir los primeros registros históricos.

“Este sistema de arrecifes es importante por muchas razones, incluyendo el hecho de que tiene características únicas en cuanto a uso y disponibilidad de luz, y condiciones físico-químicas del agua: sobrevive en zonas salobres y turbias, mientras que la mayoría de los arrecifes se ubican en aguas saladas y claras. Tiene un gran potencial para nuevas especies y también es importante para el bienestar económico de las comunidades pesqueras a lo largo de la zona costera amazónica”, dijo Nils Asp, investigador de la Universidad Federal de Pará a través de un comunicado de la organización ambiental. Menos del 5% del ecosistema está mapeado.

Para los científicos y los miembros de Greenpeace es una carrera contra el tiempo. Las empresas petroleras tienen puestos sus ojos en la zona desde hace mucho tiempo. De acuerdo con Almeida, en las últimas décadas las empresas han intentado perforar 95 veces. En 27 de esas ocasiones, abandonaron los planes por accidentes mecanicos.

Por suerte las corrientes marinas y la fuerza del Amazonas los han mantenido al margen. Las compañías Total y BP mantienen su intención de explorar el área. Se estima que las reservas son de aproximadamente 15 a 20 mil millones de barriles.

Perforar en esta zona significa un riesgo constante de derrame. El Parque Nacional de Cabo Orange alberga el mayor ecosistema de manglares del mundo y no se conoce tecnología capaz de limpiar petróleo en un lugar de estas características. Además, los riesgos en esta área son mayores debido a las fuertes corrientes y sedimentos que acarrea el Río Amazonas.

La cuenca del Amazonas también es hábitat del manatí americano, la tortuga amarilla del río Amazonas, jaguares, delfines, y las nutrias de río que ya están en peligro de extinción según la lista de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) de 2014. Thiago Almeida recordó que en las zonas continentales aledañas habitan cerca de 80 comunidades Quilombolas (descendientes de esclavos africanos que llegaron en el siglo XVI y XVII) así como ribereñas que dependen económicamente de la pesca. Un derrame de petróleo en la región provocaría una crisis de seguridad alimentaria. 
 

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Jose Raul Lopez Daza

Colombia estrena el primer banco de hábitat de Latinoamérica

Ubicado en el departamento del Meta, en la subcuenca del río Metica y con alrededor 600 hectáreas, Colombia acaba de estrenar el primer banco de hábitat de Latinoamérica. Una iniciativa que busca que las empresas que tienen la obligación de compensar los impactos negativos que generan sobre el medio ambiente, puedan hacerlo a través de estos predios predestinados a la conservación y restauración.

Con una inversión privada de US$1,5 millones, financiado por el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), este banco tiene la particularidad, a diferencia de otros esquemas de Pago por Servicios Ambientales, de que solo se hace el pago cuando las metas de impacto y compensación se cumple. Lo que según advirtió el ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murrillo, permitirá tener avances más tangibles. “Aunque existen cantidades enormes de áreas degradadas con proyectos de conservación muchas veces no se ven los resultados. Esta es la oportunidad para crear capacidad en regiones, departamentos y municipios para establecer este tipo de proyectos”, afirmó.

De hecho, este primer banco es sólo una prueba piloto. En palabras de Carlos Novoa, delegado del BID, el país cuenta con un potencial de US$700 millones para este mercado. Cifra qua no sólo habla de una oportunidad económica, sino  de beneficios medioambientales para el país.

El proyecto, estructurado por la empresa Terrasos, además busca generar más de 50 empleos, restaurar 130 hectáreas de ecosistemas degradados, conservar 410 más de bosque natural y disminuir los costos de compensación de las empresas en un 20%.

 

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Jose Raul Lopez Daza

Bolivia “bombardea” las nubes en su lucha contra la sequía

Mientras Chile lucha contra una de las peores temporada de incendios de su historia, un poco más al norte Bolivia enfrenta otro demonio climático: la sequía. Desde el pasado 8 de noviembre, un tercio de la población de La Paz sufre racionamientos en el suministro de agua.

El ministro boliviano de Defensa, Reymi Ferreira, reveló que las Fuerzas Armadas del país usaron la técnica de “bombardeo a las nubes” contra la sequía, gracias al apoyo de Venezuela en materia de capacitación y transferencia de tecnología.

“Por primera vez en la historia del país hemos utilizado una tecnología moderna que se utiliza en muchos países y es el bombardeo a las nubes”, afirmó Ferreira en el acto de cierre de operaciones del Gabinete del Agua, un trabajo de coordinación entre Gobierno y Fuerzas Armadas para hacer frente a la sequía que asoló al país.

El bombardeo a las nubes, también conocido como siembra de agua, es una técnica de manipulación meteorológica que busca fomentar las precipitaciones mediante la dispersión de sustancias en el aire.

Los racionamientos, que después se ampliaron a algunas zonas de El Alto, se debieron al descenso del nivel de los embalses que nutren a ambas urbes, debido a la escasez de lluvias y a la falta de previsión de las empresas públicas de gestión de agua.

“Quiero agradecer el trabajo compartido con la hermana República Bolivariana de Venezuela, cuyo Ministerio del Agua y la Fuerza Aérea Venezolana, en trabajos de capacitación conjunta y transferencia de tecnología nos apoyaron de una forma efectiva”, indicó el ministro de Defensa.

El presidente, Evo Morales, aseguró en el mismo acto que “entre todas las operaciones se han gastado menos de 500.000 dólares” y dijo que los aviones militares bolivianos ya están equipados con esta tecnología.

Morales también reveló que hubo propuestas de China, Chile y Estados Unidos en una dirección similar a la operación denominada “Lluvia Soberana”, cuya existencia no se transmitió a los medios de comunicación “hasta que dio resultados”.

“Claro, no gratis”, lamentó sobre esas ofertas de ayuda, y detalló que a través de un contacto con su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, se coordinaron intercambios de experiencias y el país sudamericano acudió “rápidamente” en ayuda de Bolivia.

Ferreira explicó que ese trabajo de la Fuerza Aérea “es lo que ha permitido que suba el nivel de las represas en algunos casos hasta ocho metros, en otros cuatro y en algunos alrededor de un metro”.
 

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Jose Raul Lopez Daza