Camille Saint-Saëns fue un niño prodigio del Conservatorio de París, mientras que Erik Satie fue un alumno irreverente tildado de “inútil” y “poco talentoso” por los profesores del mismo instituto. El primero, al graduarse con honores, empezó su carrera como organista en la monumental catedral parisina Saint-Merri, y el segundo —expulsado dos veces del conservatorio— dio sus primeros pasos como pianista en cafés y cabarets del barrio bohemio de Montmartre. (Lea también: Prográmese con el Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Al pasar los años, Saint-Saëns se convertiría en uno de los compositores más prestigiosos de Francia y gozaría de su tiempo libre viajando a más de veinte países. Por su parte, Satie —recluido en un apartamento que ningún otro ser humano visitó por veintisiete años— se convertiría en el compositor más atrevido de su época y gozaría de su tiempo libre publicando avisos en periódicos locales vendiendo castillos que eran producto de su imaginación. (Vea también: Conciertos gratuitos del Cartagena XI Festival Internacional de Música)

Al comparar estos dos perfiles, es evidente que hay muy pocos compositores en la historia de la música europea que contrastan tanto como lo hicieron en su tiempo Camille Saint-Saëns (1835-1921) y Erik Satie (1866-1925). Aun así, ambos comparten una gran similitud que hoy los une en el Cartagena XI Festival Internacional de Música y es su inconfundible estética francesa. Porque si a través de Saint-Saëns escuchamos la Francia de las academias de música y las salas de ópera, con Satie somos testigos de la Francia de los cafés y cabarets bohemios, los teatros del surrealismo y, no menos importante, el sonido melancólico de las almas privadamente atormentadas de la optimista Belle Époque.

Esto no quiere decir, por supuesto, que Camille Saint-Saëns no haya sido una voz innovadora de la música. Sus obras más conocidas, como la Danza macabra y el popular Carnaval de los animales, son testamento de una mente creativa inquieta, dispuesta a explorar las capacidades tímbricas de los instrumentos y permitirse algo de humor dentro del que era un ambiente académico muy rígido.

Saint-Saëns fue un genio innovador que siempre hizo lo suyo respetando los parámetros de una sociedad francesa elitista que lo acogió desde edad temprana como uno de sus principales exponentes. Sin embargo, esa misma sociedad también terminó limitando su propia existencia: sus posibles inclinaciones homosexuales tuvieron que ser estrictamente escondidas tras las convenientes barreras de una carrera exitosa y un matrimonio disfuncional, y el Carnaval —tal vez su obra más humorística— sólo se publicó, a petición suya, después de su muerte, por temor a ser juzgado por una sociedad que se tomaba demasiado en serio el arte.

Dentro de este contexto tan cohibido, no sólo era necesario sino inevitable que surgieran voces como la de Erik Satie, el joven irreverente que nunca encajó en el Conservatorio de París. Desde sus primeros pasos como compositor, dejó en claro que su música iría en contra de la academia: sus tres Gymnopédies, algunas de sus obras más famosas, son un monumento a la simplicidad, pero una simplicidad rebelde que iba en contra de la obsesión hacia el virtuosismo que tanto manchó a la música europea durante el siglo XIX.

Al mismo tiempo, las canciones de Satie inspiradas en los cabarets —como las melodiosas Je te veux y La Diva de l’Empire— y sus Tres piezas en forma de pera son la evidencia de un hombre que se mostró como un bufón para sobrevivir en la sociedad parisina. Pero detrás de esa máscara yació el cerebro creador del drama sinfónico Socrate y de los cinco melancólicos Nocturnos, obras de un bufón que, a fin de cuentas, siempre soñó con ser tomado en serio por la misma sociedad parisina que fue el blanco de sus comentarios sarcásticos y chistes.

 

* Profesor de música de la Universidad de los Andes.

, Camille Saint-Saëns y Erik Satie: Dos polos opuestos de la música francesa, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/camille-saint-saens-y-erik-satie-dos-polos-opuestos-de-articulo-674360, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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