Víctor Gaviria siente que tiene un compromiso  con esta sociedad: ayudar a verse y a reconocerse en sus luces y sus sombras. Lo tiene  tan claro  ahora como lo tuvo a finales de los años setentas cuando influido por la “movida” del cine hizo sus primeros pinitos en la producción cinematográfica. 

Desde que se ganó una beca para producir el corto Buscando tréboles en 1979  hasta ahora no ha parado de caminar por la ciudad, de escuchar, de indagar, de sentarse con expertos… y de volver a caminar y escuchar, buscando encontrar la forma más certera de llamar la atención y de cuestionar esta ciudad.  Y si bien por esos años la poesía hacía parte de sus aficiones y de la forma de contar su mundo, bastó ese corto para quedar definitivamente atrapado  por el cine. Tanto que aún tiene clara una conversa en 1979 en Bogotá, en la que hablaba de su sueño de ver las salas de cine del país llenas de producciones nacionales. 

Luego de  aquel corto vino el momento para los mediometrajes: Los habitantes de la noche,  La vieja guardia, Los músicos, Que pase el aserrador, producciones  filmadas con cámaras sencillas  y cuando “una secuencia era un asunto impensable”, donde intentó indagar por los cambios que sufría Antioquia. 

Pero luego quiso confrontar la ciudad que habitaba. Realizó algunas obras –influenciado por el neorrealismo- y en 1986 su inquietud derivó en Rodrigo D, no futuro, (1990);  continuó con La Vendedora de Rosa (1998) y concluyó con Sumas y Restas  (2004).  

Una larga década después, Víctor Gaviria vuelve con La Mujer del Animal, película que se ha presentado en los festivales de Toronto, Roma y en Bogotá y Cali, y que se pre-estrenará esta semana en Medellín  como parte del Festival Metropolitano de cine

¿Por qué la apuesta por mostrar esas realidades desde el séptimo arte?

Esas películas son como altavoces de la  exclusión de los jóvenes, de los niños de la calle; luego viene esa otra exclusión más consciente y más empresarial, la de la ilegalidad del narcotráfico. Yo sentía que era mi deber de decir, mostrar algo de esa época. Porque el narcotráfico permeó todas las capas de la sociedad.

Bueno, ahora parece que dejó el tema de la exclusión y viene la Mujer del Animal…

Esta película nace del testimonio de una persona que me dice que es la mujer del Animal. Que estuvo siete  años con él, contra su voluntad, hasta que el hombre desaparece. 

Uno  se enamora de esas historias. Yo me convencí de que tenía que contarla, porque había escuchado mucho sobre ese asunto: de mujeres que son robadas por un hombre: que padecieron la violación constante, atropellos y se iban a la tumba con eso. Vi una forma de acompañar a esas mujeres mediante estas películas.

Esta  obra tiene lugar en los años 70. Quería una película que retratara la delincuencia antes de que apareciera el fenómeno del narcotráfico

Yo buscaba resolver preguntas: quién era Aníbal, el Animal: su nombre creaba leyenda; acompañar a esas mujeres, darles voz, porque los hombres hemos sido maltratadores: absurdos, violentos…Lo otro era investigar por qué ese mal radical se iba instalando  y eso creaba como un encubrimiento; luego venía la familia y eso iba desapareciendo: Yo quería entender eso.

¿O sea que la cinta es una lucha entre “buenos” y “malos”? 

No así.  Yo investigué y vi que víctima y victimario requería un tercero: los testigos: entorno, barrio, parientes,…o sea todos somos testigos…cuando iba a los barrios a buscar actores me encontraba esa  realidad y me tocaba hablar de ellos: esas bacrimes donde la gente termina por aceptarlos.  

¿Qué cree que pasará con esta aproximación a la violencia de la ciudad desde esta nueva cinta?

Creo que va a producir rechazo, mucho rechazo al comienzo. Pero también generará curiosidad. Quisiera que los críticos y la gente en general valoraran las voces de las mujeres, sobre todo de aquellas que han sufrido la violencia de género, que esas mujeres nos ayuden a entender y mostrarle a la gente que la película no está hecha por El Animal. Quiero que la entiendan como un homenaje a todas las mujeres que han sido ultrajadas.

O sea que sigue trabajando la exclusión…

La película debe generar vergüenza en los hombres. Ya lo he visto en las cinco funciones que lleva. Salen avergonzados. Y uno sale señalándose a sí mismo.

También quisiera lograr –y lo creo que estoy logrando- entender por qué no estamos haciendo nada frente a esos temas.

Por estos días, Gaviria además del tiempo que le dedica a la proyección de la película en diversos escenarios también hace parte del equipo organizador del Festival Metropolitano de cine: “Territorios Integrados por la Paz” que lidera el Área Metropolitana del Valle de Aburrá con el acompañamiento de otras instituciones. Gaviria se ve atareado pero contento porque sabe que estos festivales han hecho que crezca  el cine colombiano: 

Desde que comenzamos en el 2.000 con el primer festival en Santa Fe de Antioquia hasta ahora creo que hemos avanzado. Porque también el país ha avanzado.  Pero uno de los elementos importantes es la aparición del cine colombiano: que ya ha logrado una Ley de cine, que sin corrupción ha logrado incluso ir teniendo  un lenguaje: Ciro Guerra, Iván Gaona, Rubén Mendoza que estarán en el festival, son extraordinarios. 

Los festivales atraen: son entretenidos pero “envenenados” por la cultura. Es que cada película es un una fiesta cultural. Que involucra actores, músicos, intelectuales…siempre detrás de mis películas busco sicoanalistas… expertos con los que converso horas y horas.

Cada película es un proyecto cultural muy fuerte de dos o tres años de gestación, luego la escritura, la realización y…luego la proyección.  La confrontación con el público. Un festival es una bomba política, no partidista. Yo lo entiendo así. Siempre sé  que los jóvenes están esperando algo. Y a mi edad  uno tiene un compromiso: no quedarse en la casa, sino abriendo espacios a unos chicos que saben poco  y que quieren saberlo todo. 

Este festival es interesante porque no se queda en una ciudad sino que involucra diez municipios…

Claro, todos inconscientemente vivimos el Valle de Aburrá. Hay hermandad entre esos municipios. Son 10 caras de un mismo ser. El Festival busca que vivamos el valle que lo habitemos. Este valle que es un mundo complejo, natural, intervenido, pero que es nuestro territorio. Este Festival va a ser una apuesta enorme, porque serán las alcaldías, con sus diez casas de la cultura, sus parques, toda una gama de artistas y de arte: poesía, música, fotografía…lo importante será lo que vendrá. La idea es seguir enlazando todos estos municipios  tan bien-amados por nosotros. Enlazados mediante el arte del cine. Y yo valoro mucho que desde el Área Metropolitana se le está apostando a este tipo de fiestas culturales. 

Y el conflicto y el posconflicto serán telón  de fondo…

Mostraremos películas de pos-conflicto que son más escasas y sutiles…y tenemos que enfrentar un reto: construir la verdad. Es que el reto no es firmar una paz sino construir una verdad, permitir que esta salga, aflore, también la justicia, el perdón, la reparación. O sea, la paz no es silenciamiento de fusiles sino la oportunidad de que todo esto cambie. Reformas, pactos de no agresión. Ya  no podemos quedarnos sentados. 

Ha cambiado Medellín desde Rodrigo D?

Este Medellín de ahora es más complejo. La ciudad en los ochentas con el narco creo unos espejismos de paternidad y de solución de problemas que llevó a la gente a la muerte. Hubo como un estoicismo. Una valentía de los chicos que sabían que tenían los días contados pero no hacían nada para cambiar, es que veían que no tenían oportunidades.

Pero algo hemos cambiado: en los barrios me parece que ya han ido aprendiendo. Ya los ilegales permean los espacios legales.  Pero lo importante es que esos barrios tienen historias muy bellas de supervivencia. En medio de su pobreza. Pero es hermosa, vital; es lindo ir a los barrios y ver cómo la gente se ha apropiado de la ciudad.

¿Qué viene?

Me gané un premio para la realización de un guión: se llama por ahora  Sosiego.  Es la historia de una señora de un barrio,  que se siente muy fracasada porque sus hijos no estudiaron y terminaron en temas turbios. Es una historia de buscar revertir fracasos. Es un tema muy interesante que quiero lograr desde el universo tan profundo y rico de la oralidad de la gente: porque quiero seguir buscando que la gente se vea en la ciudad, se reconozca; es mi compromiso con la ciudad: que se vea a profundidad en estos personajes que son los verdaderos héroes de este país. Sosiego será la menos violenta: con muchos personajes. Tengo la convicción de que haré una bella película.  

, “Cada película es un una fiesta cultural”: Víctor Gaviria, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/cada-pelicula-un-una-fiesta-cultural-victor-gaviria-articulo-668674, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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