Burning Caravan se conformó hace cuatro años, al buen estilo de los piratas que desembarcaban y buscaban tesoros. Francisco Martí, vocalista de la agrupación, empezó a reunir a lo que hoy se conoce como Burning Caravan —en honor a Django Reinhardt—: una mezcla de cumbia, tango, rock, balkan, swing, vals y jazz. Una melancolía bailable, como se definen.

De las noches de cenas y vino en compañía de amigos, unos franceses que componían la agrupación Gypsy Jazz Quartet, se forjó una gran sociedad entre Martí y la banda. Tiempo después, Martí fue invitado a cantar con ellos en el Festival La Libélula Dorada y decidió quedarse. De esa agrupación inicial permanece Olivier Lestriez, intérprete del contrabajo.

La agrupación es una familia y desde el momento en que se conformó se ha proyectado: Javier pintó un mapamundi en el lugar en donde Burning Caravan ensaya, al frente de la batería y detrás del computador. Cada vez que practican, los integrantes ven todos los lugares en donde han pegado stickers, es decir, en donde han tocado, y eso les recuerda el camino que les falta recorrer.

Javier Ojeda es el guitarrista y, al lado de Martí, se encargan de componer y escribir las canciones. Ojeda estudia los ritmos y Martí las letras. Luego, entre los dos trazan lo que será cada canción de la banda, a la que todos los integrantes aportan después, desde sus respectivos instrumentos, el resto del color.

Cuando Burning Caravan decidió realizar su primer EP, llamó a Diana Osorio (acordeón) y Alejandro Restrepo (batería), quienes inicialmente fueron contactados sólo para la producción de ese trabajo. Pero la caravana los envolvió a tal punto que decidieron continuar en ella y darle más vida al grupo. Después de un tiempo, y luego de que el primer clarinetista se apartara del proyecto, llegó a la banda Tomás Pinzón, quien se apropió de los melodiosos soplos del clarinete y el saxofón.

El mundo creado por Burning Caravan ha enganchado a miles de navegantes que siguen el vertiginoso recorrido de ese barco. La agrupación tiene en su tripulación a dos bogotanos, Javier Ojeda y Tomás Pinzón; un pereirano, Alejandro Restrepo; un francés, Olivier Lestriez; un chileno, Francisco Martí, y una rusa, Diana Osorio, quien además viene de un cruce de madre venezolana y padre colombiano.

Burning Caravan ha estado presentando su swing en escenarios pequeños y en festivales como el Balkan Fest 2016 en México, el Altavoz, el concierto Radiónica, Rock al Parque y, recientemente, en el Almax, en Bogotá. Además en Francia, España y Argentina.

La Burning no es sólo música, también es teatro. Más que sentirse músicos, se ven como personajes. Y cada uno cumple un papel. La idea de la banda es no hacer un concierto sino un espectáculo. Todos los miembros tienen una vocación teatral y todos en algún momento han estado involucrados en este arte, bien sea interpretando, componiendo la música o improvisando. Por eso les gusta la música desde lo físico, con el vestuario y bajo un concepto de puesta en escena y narrativa musical. Todos son mayores de treinta y, a pesar de crear un mundo fantástico, saben para dónde van, siempre en compañía de sus seguidores.

La acogida de la agrupación durante estos años ha sido tan grata que ya tienen agenda hasta noviembre de 2017 y este año cerraron con un concierto el 16 de diciembre en el Hard Rock de Bogotá. Hasta ahora tienen dos discos: En el espacio (2014) y Las historias de los hombres (2016). Tienen planeado producir un nuevo disco y otro videoclip como el de Las historias de los hombres y sienten que la banda recién está empezando. Por eso invitan a más tripulantes a subirse a la caravana.

, Burning Caravan: una melancolía bailable, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/burning-caravan-una-melancolia-bailable-articulo-671165, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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