Cuando tenía seis años, cuatro oficiales alemanes armados rodearon la cama de Boris Cyrulnik y se lo llevaron detenido. Tardó en comprender que aquello ocurría porque era judío. Después de eso comenzó a esconderse en los baños para evitar otras redadas: la policía conducía a los judíos a la estación de Saint-Jean para deportarlos. Sus padres murieron en la guerra y luego de algunos años huérfano, una de sus tías fue por él a París y lo adoptó. Esa es la primera razón por la que Cyrulnik decidió estudiar psiquiatría. Esa ciencia del alma, como él la llama, le ha ayudado a entender cómo pudo recuperarse después de haber sufrido los despojos de la guerra y haber sucumbido ante la presión del dolor. Lo más importante, sin embargo, que ha hecho la psiquiatría en Boris Cyrulnik es ayudarlo a dormir en paz. “Cuando estaba joven no podía dormir. Me aferraba a unos recuerdos muy dolorosos y toda la noche me la pasaba en vela. Con miedo. Con dolor”.

Nació en Burdeos, en 1937, es neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo. Desde 1996 es director de estudios de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de Sud-Toulon y responsable del equipo de investigaciones en etología clínica del hospital de Tolón. Fue allí donde empezó a estudiar la resiliencia a la que durante su carrera le ha dado distintos significados: “La metáfora es: nos vemos empujados a un torrente por una desgracia de la vida; algunos se dejan arrastrar y golpear, otros llegan a debatirse y, con un poco de suerte, se ponen de nuevo a flote. Cuando empezamos con nuestros trabajos sobre la resiliencia en Tolón llegamos a una que es: ‘Retomar un nuevo desarrollo tras una agonía psíquica o traumática’”.

Este año hizo parte de la edición del Hay Festival que termina hoy. Según él, tendrán que pasar 70 años para que en Colombia se borren las huellas traumáticas que dejó el conflicto armado. “En Colombia tienen que empezar ya a hacer el proceso de resiliencia y comprensión. Es necesario crear grupos de apoyo para víctimas y victimarios que ofrezcan alternativas en arte y deporte y que les den un nuevo proyecto productivo en sus vidas. Durante toda mi carrera he podido comprobar que si no hay un acompañamiento constante, los traumas de la guerra —y cualquier trauma— nunca van a desaparecer. Por ejemplo, yo trabajé con niños en Rumania. Niños que quedaron huérfanos y permanecieron mucho tiempo solos: ya no había nada que hacer. Se convirtieron en legumbres”. Esos 70 años que Cyrulnik menciona corresponden casi a tres generaciones. Argumenta que debe pasar al menos medio siglo porque los jóvenes de hoy, que están viendo al país salir de un conflicto bélico tan largo, serán padres que críen hijos en un país sin guerra y esos hijos, a su vez, serán padres de niños que nazcan en un país donde la paz es un estado natural. “Las personas que se recuperan más fácilmente de los traumas son aquellas a quienes en sus primeros meses de vida su mamá y el núcleo familiar más cercano les brindaron mayor seguridad, es decir, se mantuvieron presentes en todo su proceso de aprendizaje”.

En Colombia, cuenta Cyrulnik, hay un tipo de trauma difícil de menguar: los actos violentos auspiciados por personas que la víctima conoce. “Hay dos tipos de traumas. El primero tiene que ver con la pérdida por un suceso natural: un terremoto, un tsunami, infarto… Ese es un trauma que puede mejorarse con los años porque es algo sobre lo que el individuo no tiene poder, o sea, no podría vengarse. El segundo, mientras tanto, es provocado por un igual a la víctima. El trauma es cada vez más fuerte si el victimario es cercano al afectado. Lo que propende a la diseminación de la violencia”. Por eso, el proceso de resiliencia en el país debe ser un asunto colectivo. No hay que buscarla sólo en la interioridad de la persona ni en su entorno, sino entre varios, porque anuda constantemente un proceso íntimo con el entorno social. Esto elimina la noción de fuerza o debilidad del individuo.

“Es mentira que un niño que nace en un ambiente violento siempre crecerá como un adulto violento. La resiliencia vence el determinismo biológico o sociológico único: ‘Ha sido maltratado, será un maltratador’. Si se le abandona, puede que repita ese comportamiento en un 30 % de los casos. Si se abandona a esos niños, hay una maldición. Si se les apoya, no. En Colombia todavía están a tiempo”.

, Boris Cyrulnik: "Tienen que pasar 70 años para que Colombia se recupere de la guerra", http://www.elespectador.com/noticias/cultura/boris-cyrulnik-tienen-pasar-70-anos-colombia-se-recuper-articulo-676992, http://www.elespectador.com/noticias/cultura/feed, ELESPECTADOR.COM – Zodiaco, Cultura,


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