Biko nació como nacen casi todas las buenas ideas: por accidente. Emilio Pombo, Enrique Cuéllar y Tomas Bleier llevaban un buen tiempo sin verse. Eran amigos desde la adolescencia, pero la vida los había llevado por caminos distintos. Emilio trabajaba como relacionista público. Enrique estudió un posgrado en Australia y luego se fue a vivir a Copenhague. Bleier viajaba por Latinoamérica por negocios.

Cuando se reencontraron en Bogotá coincidieron en que querían hacer algo por su ciudad. Tenían fresca en la memoria las calles llenas de basura por la crisis que provocó el alcalde Gustavo Petro. Emilio había creado meses atrás la campaña “It’s Colombia, not Columbia”, con la que intentó, a su modo, restituir algo del buen nombre del país en el exterior. Con cerveza en mano, hablaron por horas barajando toda clase de ideas. Unas tontas, otras irrealizables. No llegaron a nada.

Cuenta Pombo que la inquietud de hacer algo les quedó rondando en la cabeza. Investigaron un poco. Les dolía ver que en las encuestas de percepción ciudadana, muchas personas decían que lo mejor de Bogotá era salir de ella el fin de semana. Revisando más datos descubrieron que la ciclovía era uno de los emblemas por los que más se reconocía a Bogotá entre los turistas. Mas de 60 países han copiado esa idea. Y otros, como Nueva York, aún la miran con envidia. “Yo crecí con esa ciclovía. Bogotá es una de las ciudades más ciclistas del mundo”, dice Emilio.

¿Qué podían hacer para incentivar el uso de la bicicleta? Una pregunta llevó a otra y a otra, hasta que la idea se volvió redonda e incluso recibió un bonito nombre: Biko. Tenían claro desde el principio que querían una aplicación tan buena y ágil como cualquier otra. Como Facebook o Twitter. La lógica era sencilla. Los ciclistas que se inscribieran en Biko podrían monitorear sus recorridos, conocer el número de kilómetros recorridos y las calorías quemadas, y hasta la cantidad de CO2 que le ahorraban a la ciudad pedaleando. A cambio de su constancia en la bicicleta recibirían de vuelta un premio, puntos, “bikos”, una moneda virtual para reclamar beneficios en tiendas y productos de marcas asociadas. Cada kilómetro recorrido equivale a un biko. Con ayuda de amigos, familiares y sus propios ahorros contrataron una firma de tecnología y le apostaron todo al proyecto. Cerca de $400 millones. De las 30 marcas a las que les pidieron participar ofreciendo promociones, 29 dijeron que sí.

El 29 de abril de 2015 lanzaron la aplicación en Bogotá. Los domingos, Emilio se paraba en una esquina de la ciudad para ofrecer a los ciclistas naranjas a cambio de bajar la aplicación en sus celulares. Al mismo tiempo diseñó una estrategia más ambiciosa. Les pidió a algunas actrices y personas de la farándula con miles de seguidores en redes sociales, y vinculados a alguna fundación social, que apoyaran a Biko. A cambio de esa promoción les darían un premio a las fundaciones más activas promoviendo el uso de bicicletas.

Biko comenzó a despegar. Esperaban reclutar unos 2.500 usuarios el primer mes y se inscribieron casi 8.000. Hoy son 51.550. El año pasado los usuarios bogotanos en total acumularon 6,5 millones de bikos. Emilio adora traducir esos números fríos en otros que ilustren mejor lo que está ocurriendo. “Los viajes registrados en la aplicación equivalen a que un ciclista le dé 162 vueltas al planeta Tierra”, dice. El premio más redimido con bikos fue un cono de dos sabores de Crepes & Waffles. La cadena de restaurantes lanzó orgullosa su propia campaña contando a sus clientes que “era parte de la solución” al mejorar la calidad de vida en la ciudad, la salud, el medioambiente y la movilidad. Sus clientes, gracias a bikos, habían ahorrado 75 toneladas de CO2, habían quemado 9,3 millones de calorías, habían recorrido una distancia equivalente a ocho veces la circunferencia de la Tierra.

Sura fue una de las primeras empresas que le apostaron a Biko. Estimular el uso de la bicicleta es una estrategia de prevención de enfermedades perfecta. Con el apoyo de Sura se lanzó Biko en Medellín en abril de 2016 y un mes más tarde en Ciudad de México. En México, el país con más obesos del mundo, la aplicación promete una vida más saludable.

Aunque tocaron todas las puertas de los grandes fondos de inversión en Colombia, ninguno vio muy claro cómo sería el retorno de su dinero. “Nos tropezamos duro. Les parecía interesante, pero no querían invertir”, recuerda Emilio. Entonces empacaron maletas y se fueron a Miami. Ahí apareció el primer socio. Un grupo canadiense entendió el potencial y le inyectó casi medio millón de dólares. Con ese impulso llegaron a Vancouver, la ciudad más “verde” de Canadá. No había mucho que explicar allí sobre las ventajas de montar en bici. Los canadienses también comenzaron a usar la aplicación.

A finales del año pasado, Biko se instaló en San Francisco, la meca de los emprendedores. Quieren dar el salto a la “serie A”, como le dicen al circuito de empresas que logran una inversión entre uno y cinco millones de dólares. La meta es nacer en una ciudad nueva cada mes. Ya tienen la mejor carta de presentación: la fidelidad de 100.000 usuarios. Con ella, Emilio ya tocó la puerta de la Alcaldía de Los Ángeles, una de las ciudades más vanguardistas en la lucha contra el cambio climático.

“¿Están orgullosos del lema de la ciudad: ‘The Car City’?”, le preguntó al funcionario que lo atendió. Luego le resultó fácil hablar de Biko.

, Bikos, la moneda de los ciclistas, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/bikos-moneda-de-los-ciclistas-articulo-676994, http://www.elespectador.com/noticias/medio-ambiente/feed, ELESPECTADOR.COM – Medio Ambiente,


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Jose Raul Lopez Daza